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Etiquetas:   Columna de opinión   -   Sección:   Opinión

Txapote, imagen de marca

Antonio Casado
Redacción
sábado, 29 de julio de 2006, 16:21 h (CET)
Francisco Javier García Gaztelu, más conocido como "Txapote" por los españoles que miran las noticias de la tele a la hora de comer, está en la cárcel de Pontevedra a la espera de su nuevo paso por los telediarios. Todavía tiene varios juicios pendientes y, por tanto, más ocasiones de seguir haciendo el burro dentro de esa jaula acristalada donde encierran a los delincuentes más peligrosos cuando comparecen ante un tribunal. Pero, de momento, la última de las sentencias que van engordando su siniestro historial ya le ha consagrado con el rostro televisado de ETA. Nada menos que ochenta y dos años de cárcel le han caído por el asesinato del dirigente socialista vasco Fernando Múgica. Pero, lo dicho, es la tele la que le acredita como el verdadero rostro de ETA mientras Rodríguez Zapatero, que es el verdadero rostro del Gobierno, anuncia conversaciones con la banda terrorista.

Txapote y el llamado "proceso" entran así con la misma fuerza y al mismo tiempo en nuestra conciencia de ciudadanos. Gracias a la fuerza incontenible de las imágenes televisadas, los españoles pueden hacerse una idea del rango moral de los interlocutores "necesarios" de Moncloa. Los interlocutores, Arnaldo Otegui y compañía, le han dicho a Zapatero que este animalito, García Gaztelu, el más sanguinario de los terroristas de la ETA anterior a la tregua del 98, es un psicópata que no merece ninguna atención porque incluso dentro de la banda es tenido por un desequilibrado peligroso. Moncloa da por buena la explicación de sus interlocutores, aunque Moraleda no lo cuenta por ahorrarse una lluvia de huevos podridos. Más sutil ha sido el ministro López Aguilar cuando esta semana, desde Santander, nos invitaba a distinguir entre etarras malos y etarras buenos.

A ninguna de las partes le interesa el protagonismo de Txapote. Ambas quisieran confinarle al reino del silencio pregonado en León por el presidente. Pero Zapatero no manda en los jueces ni en los medios de comunicación. Prensa y tribunales hacen su trabajo sin obligarse a acompasar su respectiva remada con la de Moncloa. Eso no quiere decir que ignoren el contexto. Por ejemplo, el juez Guevara, presidente del tribunal que acaba de juzgar a "Txapote", elevó en diez años la pena que solicitaba el fiscal. Fue más duro que el Ministerio Público, institución acusatoria por excelencia, porque ese era el clamor de los españoles contra ese homínido con camiseta que les revuelve las tripas a la hora de comer.

La sentencia se explaya en perfecta sintonía con ese clamor de los ciudadanos al considerar su conducta "vil", "cobarde" y "contraria a los mandatos de la ley natural". Nos recuerda que no es un hecho aislado sino la imagen de marca de ETA. Será muy difícil que la opinión pública sintonice con el Gobierno si esa imagen se interpone en los planes de Zapatero.

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