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Etiquetas:   Columna de opinión   -   Sección:   Opinión

Con mucho retraso, pero llega

Pedro Calvo Hernando
Redacción
sábado, 29 de julio de 2006, 10:36 h (CET)
Al proyecto de Ley de la Memoria Histórica le han cambiado el nombre por uno bastante inane y la han descargado de algunos de sus elementos valiosos y significativos. Pero al fin llega la ley, después de tanto tiempo de espera. Es algo que llega con un lamentable retraso en la historia de nuestra democracia. Ha tenido que ser el Gobierno de Zapatero el que la haya puesto en marcha, como tantas otras cosas de importancia clave en el campo de los derechos humanos, de las libertades y del respeto a las condiciones básicas de la convivencia democrática. Los vencedores de la guerra civil y detentadores del poder ilegítimo de la dictadura franquista nunca han tenido problemas de reconocimiento de sus derechos. Todo lo contrario de lo sucedido con los vencidos de la guerra y víctimas de la larguísima y cruel represión de la dictadura. Ya estaba bien, hombre, de pasar por esa injustísima situación. Al menos era necesario intentar encontrar un equilibrio, que el proyecto de ley no consigue del todo.

Hay situaciones tan terribles que me parece mentira que haya quienes se oponen a los contenidos de esta ley. Por ejemplo, los miles y miles de ciudadanos represaliados y asesinados cuyos huesos no han encontrado todavía un lugar para el descanso y el cuidado de sus familiares. Y eso por poner un ejemplo de símbolos y sentimientos, al margen de los deberes de restitución económica e histórica de los males y los perjuicios de todo tipo sufridos, empezando por la propia pérdida de la vida. Me parece vergonzoso y de una extrema crueldad que esta modesta ley tenga detractores y tan importantes. Eso es un atentado contra la justicia, la equidad y la caridad cristiana, para quienes lo seamos. En la Transición y años 80 decían que era demasiado pronto y que no había que tentar al diablo. Ahora dicen que es demasiado tarde y que son ganas de remover el pasado y de buscar revanchismos. En fin, lo de siempre, una auténtica vergüenza que no sé por qué tenemos que aguantar. Quien lo aguante, además de este blando Gobierno de la Nación...

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