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Opinión
Etiquetas:   Columna de opinión  

La maldición de Harrods

Luis Del Val
Redacción
viernes, 28 de julio de 2006, 15:40 h (CET)
En los primeros años de la Transición, un diputado de UCD se marchó de compras a Harrods. Parece que sufrió un ataque de cleptomanía y, a la hora de salir del famoso establecimiento, los servicios de seguridad de los grandes almacenes descubrieron que el diputado llevaba algunos artículos que se había olvidado de registrar por caja. Y, en lugar de zanjar el incidente abonando los objetos que el comprador se había olvidado de pagar, hizo saber su condición de diputado de las Cortes Constituyentes, con lo que gracias a esa indiscreción se enteró toda España, y hasta hubo un pleno en el Congreso dedicado a la tontería (a la tontería de la soberbia, que cualquiera ha sufrido una irresistible tentación cleptómana).

Años más tarde, una de las referencias de esta sociedad tan idolátrica como tontorrona, Lady Di, se enamoró del hijo del dueño de los almacenes Harrods y, en su compañía falleció, en una loca y estúpida huida automovilística.

Ahora, parece que un tipo que se parece a Zapatero como un huevo a otro huevo anda por Harrods de compras, y no sólo eso, sino que el tipo, que debe ser algo así como un doble, fleta un avión oficial desde Madrid para viajar a Londres, cosa que en la Moncloa niegan con esa contundencia admirable e indignada que sobreviene cuando un doble se dedica a cometer tonterías.

No soy supersticioso, pero me parece que Harrods alberga algún tipo de maldición o, al menos, de mal fario, que lo mismo ataca a los militantes de la derecha, que de la izquierda, que de la realeza británica. Confieso que el barrio de Knightsbridge, a pesar de estar muy céntrico, no me apasiona, y Harrods, tampoco. Prefiero Selffridge, en Oxford Street, con su fachada neoclásica y sus dependientas reumáticas y amables. Incluso se puede uno alojar en el Selfridges Hotel, justo en la calle de al lado, con lo que te evitas arrastrar los bolsones de compras por taxis y calles. Al lado, además, hay un Mark and Spencer, con los trajes de noche más horribles que uno pueda contemplar, a pesar de que tal atracción no figura en las guías. Pero cualquier cosa es preferible antes de acercarse a Harrods, que siempre me pareció desangelado, demasiado grande y excesivamente frío. Y, más, teniendo en cuenta que, cualquier día, te encuentras a un doble de Acebes, pongo por caso.

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