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Etiquetas:   Columna de opinión   -   Sección:   Opinión

Psicópatas

Curri Valenzuela
Redacción
viernes, 28 de julio de 2006, 07:15 h (CET)
El Gobierno admite que las apariciones públicas de Javier García Gaztelluz, 'Txapote', comportándose como un chulo matón enjaulado en la cabina blindada de la sala de juicios de la Audiencia Nacional, está perjudicando la celeridad que consideraba necesaria en el llamado "proceso de paz". Y lo hace implícitamente, al haber retrasado la puesta en práctica del plan que el Ministerio de Interior tenía ya elaborado en junio para estudiar indultos parciales, acercamientos al País Vasco y regímenes abiertos para numerosos presos etarras. Un plan que ayer revelaba el diario 'El Mundo' y que la directora general de prisiones, Mercedes Gallizo, había adelantado hace un mes en una reunión con los directores de todas las cárceles españolas, a los que pidió informes detallados de la actitud de todos los terroristas condenados para empezar a estudiar a cuales se podría pensar en conceder medidas de gracia.

Pero apareció Txapote y se estropeó el plan. Esas miradas amenazadoras, tan asesinas como él, dirigidas por el etarra a los familiares de Miguel Angel Blanco y a los de Fernando Múgica, dos familias queridas y admiradas por muchos españoles que han compartido con ellas sus sentimientos de dolor, han hecho del etarra el símbolo de lo que ETA sigue siendo, pese a la tregua, no sabemos si trampa o cierta, decretada por los mandamases de la banda. El argumento del Gobierno de que se puede negociar con la banda ya que esta lleva tres años sin matar cae por su peso ante las imágenes a las que nos está acostumbrando Txapote, que no dejan la menor duda de que si no mata más es porque le tenemos detenido y condenado a mas de cien años de prisión.

Ahora viene el ministro de Justicia, Juan Fernando López Aguilar, y declara que no habrá nunca medidas de gracia para "psicópatas imposibles" como Txapote, "con las manos manchadas de crímenes horrendos". Da la impresión de que está trazando una línea que divide en dos a los etarras y separa a los "buenos" de los "malos". Pero Txapote no es un psicópata, sino un lúcido asesino. Tan lúcido y tan asesino como cualquiera de sus compañeros de banda terrorista. Txapote es ETA y si en esta historia hay psicópatas, ¿no serán quienes se empeñan en ver como honorables a asesinos sin escrúpulos que no se han arrepentido de sus crímenes?

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