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Etiquetas:   Contar por no callar   -   Sección:   Opinión

Bombardeen beirut

Rafa Esteve-Casanova
Rafa Esteve-Casanova
@rafaesteve
jueves, 27 de julio de 2006, 20:40 h (CET)
El imperativo que me sirve para titular esta columna ha sido pronunciado por el nuevo emperador del planeta. “Doble w Bush” o “mister danger” como le llama el predicador venezolano Chávez dio el permiso a su mamporrero Israel para que probara en territorio libanés las nuevas armas inventadas por las fábricas norteamericanas. E inmediatamente saltó a la palestra el nuevo mayordomo de la Casa Blanca, José María Aznar para asegurar que la OTAN debería bombardear el Líbano. Es lo menos que debe hacer alguien que está a sueldo de la extrema derecha yanqui. Cuando alguien cobra un salario, aunque sean dólares manchados de sangre, de su señorito gracias a poner los zapatos encima de una mesa debe seguir las ordenes del jefe. Y Aznar, inundado de “mono” de poder ha visto la ocasión propicia para seguir defendiendo su sangrienta propuesta de apoyar la invasión de Irak ahora en el Líbano.

Los libaneses- menos de cuatro millones de habitantes- estaban rehaciéndose de sus luchas fratricidas y de la última invasión israelí, pero no les han dado tiempo a volver a ser aquel país que fue catalogado como la Suiza de Oriente Medio. En 1982 los ejércitos de Israel al mando de Ariel Sharon invadieron el país con la excusa de atacar las bases de Al Fatah en una operación que llamaron “Paz para Galilea”. Ya sabemos que aquella paz para los galileos se saldó con miles de muertos en los campamentos de Sabra y Chatila. Matanzas de las que nunca sabremos el responsable ya que Elic Hobeika, ex jefe de las milicias cristianas, fue asesinado en el 2002 en Beirut cuando estaba dispuesto a declarar ante la justicia belga contra Sharon. Entonces había que acabar con Yaser Arafat y Al Fatah, ahora les ha venido de perillas que los radicales islámicos de Hezbolla hicieran prisionero a un soldado israelí para lanzar unos ataques que en una semana ya han conseguido cerca de 500 muertos entre la población civil libanesa.

La mala conciencia de las potencias occidentales después de la Segunda Guerra Mundial les llevó en 1948 a crear un falso estado judío en las tierras que hasta aquel momento eran propiedad de los árabes. Desde aquel mismo momento comenzaron los problemas, no olvidemos que los árabes veían con inquina los asentamientos judíos que se iban ampliando cada vez más en territorios que hasta entonces eran suyos. Y tampoco dejemos en el cajón del olvido que la mayoría de los que después fueron dirigentes israelitas fueron antes lo que las mentes bien pensantes de ahora llamarían terroristas. Los dirigentes europeos salidos de los campos de batalla europeos quisieron lavar su mala conciencia y resarcir a los supervivientes del Holocausto con la creación de una nuevo estado lanzando a los judíos fuera de sus fronteras y a una nueva diáspora, ahora con el señuelo de tener su propio Estado. Pero lo que sobre los mapas extendidos en las mesas de los gobiernos europeos era fácil resultó un grave problema y un nuevo foco de tensión que periódicamente viene abriéndose en la política internacional.

Israel tiene todo el derecho del mundo a defender sus fronteras. Pero aquí, como en la legítima defensa, el acto de defensa no debe ser superior al daño que se intenta evitar. Y eso los gobiernos de Israel lo han venido olvidando durante decenas de años. Para ellos, bajo el paraguas yanqui, las resoluciones de la ONU no han tenido nunca carácter de obligatorias, siempre se han ciscado en ellas con la anuencia y el veto de los EE.UU.Hoy mismo, cuando escribo estas notas, un “ataque deliberado contra la ONU”, son palabras de Kofi Annan, ha acabado con la vida de cuatro observadores de este organismo. No les interesan los observadores exteriores que puedan atestiguar la masacre que están cometiendo contra la población civil. Si su enemigo son los milicianos de Hezbolla vayan a por ellos, tienen los medios necesarios para hacerlo, pero dejen tranquilo al pueblo libanés que no tiene culpa alguna en esta guerra entre diversas facciones religiosas ya que no podemos olvidar que si Hezbolla es una milicia que habla de guerra santa el sionismo también se basa en un nacionalismo exacerbado y excluyente. Unos y otros están condenados a entenderse pero la fuerza, que no la razón, ya sabemos de parte de quien está. De los amigos del emperador y sus mamporreros a sueldo, por cierto a un buen sueldo.

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