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Etiquetas:   Algo más que palabras  

El marujeo social

Victor Corcoba
Víctor Corcoba
jueves, 27 de julio de 2006, 20:40 h (CET)
El marujeo social se ha bebido de un trago todos los estilos, las buenas formas y los buenos modos de hacer patria común. La realidad supera lo literario. Todo tiene un precio en una ciudadanía esclava y desigual. Hay humanos que están todo el año de rebajas. Otros se dejan llevar por las modas y bailan al ritmo que le marca el poder de turno. A cambio reciben unas migajas. Cada día son los menos aquellos que se arriesgan, que escriben lo que piensan y hacen lo que sale del alma. Es una pena que haya pasado el tiempo de los críticos, limpios de gnosis y de lenguajes esplendorosos, que no surja una legión de inconformistas que hablen claro y transparente. El cauce actual por el que discurrimos es de una mansedumbre propia de borregos.

La política actual es un producto muerto. Suele caminar de torpeza en torpeza. Las enmiendas –siguiendo el cauce del refranero- llegan tarde, mal y nunca. Se precisan otras literaturas que embellezcan este insostenible desarrollo que sufrimos a las espaldas, donde los oportunistas hacen su agosto, y otros ambientes de verdadera vanguardia capaces de regenerarnos. Me apunto a estos te quieros. Quiero ser yo mismo donde quiera serlo, en el pueblo o en la ciudad, en alta mar o en tierra. Quiero vivir sin amenazas en doquier espacio y universo. Hacer vida en común con el propio entendimiento. Si hay que ejercer alguna presión que sea la ética sobre sistemas corruptos. Cuando se enquista el marujeo social en los poderes de un Estado, la persona como sujeto de derechos y obligaciones ha dejado de ser su prioridad y la solidaridad no pasa del rebaño. Las palabras de la tribu no son más que el eco del poder vestido de metáfora.
En vista de los visto, las aguas del marujeo social son tan dañinas que hasta desintegran la biodiversidad de los hábitats naturales y, por ende, los hábitats humanos. En estos momentos asistimos, como peces en la pecera del Estado, a una falta de libertades manifiesta y a una sobreabundancia de complots mezquinos. Todo bajo cuerda interesada. Siempre el interés en este mundo de tenderos. Con este bochornoso panorama, donde lo único que habita es una crisis profundísima de valores y una coraza insensible desde los mismos gobiernos que sólo piensan en los votos, en parte generada por el nulo respeto a los derechos más primigenios, me parece que dar lecciones de moralidad a nadie, es pura farsa; sobre todo cuando vienen de colectivos y estructuras sociales deshumanizadoras.
Por desgracia, el marujeo social pasa, con demasiada frecuencia, de compromisos y de atención a los que viven en precario. La probidad y la honradez se han perdido en política. Sálvese el que pueda. Lo de hacer el bien para el bien común es un amor imposible ante el aluvión de odios y venganzas. La ciencia podría ir pensando más en servir al ser humano y no servirse de él, como hace con el embrión humano cuando lo reduce a material biológico. De entrada, nos hace falta una vacuna para fumigar a los que quieren pensar por nosotros y utilizarnos como moneda de cambio. Yo me la pido. Me niego a que piensen por mí, aunque vaya a contracorriente. Y otra vacuna más, sobre todo para purificar las conciencias e imprimir la educación cívica en esta incivil atmósfera que empieza a ser irrespirable. También me la pido.

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