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Etiquetas:   Carta al director   -   Sección:   Opinión

Una nueva preferencia por el empleo de mujeres

Francisco Arias
Redacción
jueves, 27 de julio de 2006, 20:40 h (CET)
“Entre tanto, escribo y canto y me entretengo, me entretengo en considerar las diferencias y semejanzas que puede haber, en las distintas profesiones, de la mujer.” Gloria Fuertes.

Durante los últimos veinticinco años hemos presenciado una transformación profunda en la economía mundial, lo cual ha afectado no sólo a la actividad económica sino a muchos aspectos sociopolíticos y culturales relacionados con la vida cotidiana. Esta transformación está llevando a la supresión de las fronteras entere países y a la progresiva transnacionalización de la actividad económica.

Una manifestación típica de la movilidad del capital que afectó a las mujeres fue la gran transferencia, durante la década de los setenta, de la producción industrial llamada de trabajo intensivo –industrial textil, de juguetes, de confección y parte de la electrónica- de los países más industrializados a los países de salarios bajos y con menor regulación laboral y productiva.

Precisamente esta búsqueda del lugar y del proceso de producción más barato en cualquier territorio del planeta llevó a lo que se ha calificado como una nueva preferencia por el empleo de mujeres. Además de las industrias que tradicionalmente han empleado una proporción elevada de mujeres –la textil y la de confección- y de las nuevas industrias, como la electrónica, con segmentos productivos en los que predominan las mujeres, la inversión transnacional ha afectado también al sector servicios.

Estamos presenciando, pues, la aparición de una nueva fase del capitalismo, con un mercado organizado de ámbito mundial que empuja la liberalización paralela del comercio y del intercambio internacional. De ahí la aparición del modelo neoliberal, impuesto especialmente durante los años ochenta a través del thatcherismo y el reaganismo, y su expansión mundial. La búsqueda de la mano de obra más barata ha llevado a la proletarización de un gran número de mujeres, es decir, a un aumento de la proporción de mujeres asalariadas tanto en el caso de capital transnacional como en el capital interior nacional. Esta tendencia ha intensificado el proceso de feminización dela fuerza laboral experimentado en la gran mayoría de los países durante las últimas décadas.

Cabe mencionar que esta llamada feminización es algo ficticia, porque se refiere predominantemente a la fuerza laboral remunerada. A lo largo de la historia las mujeres siempre han trabajado; y hoy lo continúan haciendo. Debido a la falta de estadísticas sobre sus actividades económicas no remuneradas, estas actividades no son registradas ni valoradas en las cuentas nacionales. Como resultado, el aumento de la proporción de mujeres en el trabajo remunerado aparece en la estadística como una feminización de la fuerza de trabajo cuando, en realidad, refleja en gran parte de una transferencia de un sector a otro. Sin embargo, no hay duda de que se ha producido una feminización del trabajo asalariado en la gran mayoría de los países.

Una cuestión que puede plantearse con respecto a la feminización del trabajo asalariado es si esta tendencia es irreversible. En muchos sentidos la incorporación de las mujeres al mercado de trabajo parece irreversible por una serie de factores. Para muchas mujeres es el producto de una necesidad que es difícil que desaparezca, debido a que esta incorporación va dirigida a aumentar un ingreso familiar insuficiente o bien porque el trabajo femenino representa el único ingreso. Por otra parte, el movimiento feminista y el aumento de la autonomía de las mujeres han cambiado fundamentalmente la visión que ellas tienen de sí mismas y de su función en la sociedad. En el plano social, esta visión también se ha transformado fundamentalmente en muchos países, aun cuando persistan muchas discriminaciones genéricas respecto al sexo y un androcentrismo difíciles de desarraigar.

Sin embargo, esto no significa que en algunos aspectos esta irreversibilidad esté garantizada. Las altas tasas de desempleo entre las mujeres en muchos países son la evidencia de que, si el empleo escasea, las mujeres tendrán más dificultades para encontrar trabajo.

A pesar de la creciente importancia del trabajo remunerado para las mujeres, su concentración en el trabajo doméstico es universal y poco valorada; contribuyendo a la conocida doble jornada con que se enfrentan las mujeres que participan en el mercado de trabajo. Varias estimaciones demuestran que el valor del trabajo doméstico puede oscilar aproximadamente entre el 25 y el 50 por ciento del producto nacional.

También es sabido que, en general, las mujeres quedan relegadas a los trabajos que se clasifican de pocos cualificados, que no requieren un nivel educativo alto. La situación poco privilegiada de las mujeres se manifiesta también en el hecho de que en todos los países del planeta, trabajan más horas que los hombres.

La feminización de la fuerza de trabajo remunerada es un factor positivo si puede aumentar la autonomía de las mujeres; sin embargo; no garantiza la igualdad de sexos. Muchos son los factores que aún dificultan esta igualdad, desde la asimetría en el reparto doméstico hasta un nivel educativo relativamente más bajo y también debido a la permanencia de legislación y de actitudes discriminatorias en el mercado de trabajo. Y como dijo el poeta: “Mujer no te desesperes, / que algún día llegará / en que seas la que eres”.

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