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Etiquetas:   Columna de opinión   -   Sección:   Opinión

Otras víctimas

Rafael Torres
Redacción
jueves, 27 de julio de 2006, 08:48 h (CET)
La diferencia fundamental entre la ola de calor del verano de 2003 y la que, de manera más intermitente pero no menos brutal, padecemos este año, radica en que ahora se cuentan las víctimas mortales. Hace tres años, los efectos de las tórridas temperaturas los padecían, oficialmente, los franceses, pero no nosotros, de modo que aquellas cifras con que se saldó el luctuoso verano, veinte mil muertos por el calor en Francia frente a sólo un centenar en nuestro país, venían a acreditar y a reforzar lo acertado de nuestra política y lo bien que, en todos los órdenes, iba España.

La verdad, sin embargo, es que aquí no hubo ni seguimiento ni cómputo ninguno, y que los miles de españoles que sucumbieron al calor bien que por su efecto combinado con alguna patología, se fueron de este mundo en condición de fallecidos por otra cosa.

Pero dejando a un lado aquél dislate, aquella dejación y aquella autocomplacencia ante la calamidad que también nos afligía, conviene fijar toda nuestra atención en el presente, esto es, en el rastro mortal que han dejado las últimas andanadas de calor extremo en nuestro suelo, de suerte que lo primero que ha de sorprendernos una vez fijado es que, pudiéndose haber evitado esas muertes, no se ha evitado. Es el caso, por ejemplo de las habidas entre albañiles y trabajadores de la construcción.

¿Cómo es posible que en las horas centrales del día, cayendo a plomo cuarenta y tantos grados sobre la sombra, haya personas realizando esfuerzos físicos agotadores e intensos? Es cierto que uno, en éste caso el trabajador, ha de ser el primer garante de su salud, pero no lo es menor que el rigor en cuidarla se descuida a veces por la necesidad, impuesta casi siempre por las empresas, de concluir aceleradamente el trabajo. De un Gobierno sensible y humano como el actual cabría esperar, aunque le horrorice al PP, que prohíba la ejecución de esos trabajos cuando las temperaturas alcancen un grado de riesgo mortal.

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