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Opinión
Etiquetas:   Momento de reflexión  

Mal uso de la lengua

Es curioso detectar como el prejuicio puede asumir una actitud hostil hacia un colectivo sin haberse relacionado nunca con una persona perteneciente al grupo injuriado
Octavi Pereña
martes, 7 de mayo de 2013, 07:55 h (CET)
La diversidad de culturas es una de las causas por las que se debe temer que existan siempre guerras, porque la cultura implica diferencia, la diferencia provoca superioridad y la superioridad lleva al predominio. Debido a nuestra condición humana manchada por el pecado la diferencia cultural crea prejuicios y, como dijo Albert Einstein: “¡Triste es nuestra época! Es más fácil desintegrar un átomo que un prejuicio”.

En el vestíbulo del Museo de Arte Popular de México, José Antonio Marina dice: Leo una expresión de bienvenida escrita en doce idiomas diferentes hablados por los antiguos pueblos de la zona…Salgo del mueso intrigado por el rechazo de entenderse las distintas tribus…El menosprecio hacia quienes hablan otra lengua no es exclusivo de los antiguos pueblos mexicanos, sino una manía atávica y universal”.

El idioma sirve de cohesión social a la vez que es un factor disgregador porque separa a los pueblos al dificultar que puedan entenderse (no es el idioma el que hace difícil que las personas puedan comprenderse si los hombres que no quieren hacerlo). La diversidad lingüística es el resultado de la decisión divina de confundir a la única lengua que se hablabas en la antigüedad prediluviana con la finalidad de impedir el propósito de los hombres de edificar una “ciudad y una torre cuya cúspide llegue al cielo, y hagámonos un nombre para que no seamos esparcidos sobre la faz de toda la tierra”(Génesis 11:4). La diversidad de lenguas impidió que los hombres se concentrasen en un punto geográfico y empezaron a extenderse por sobre toda la tierra. Era el propósito de Dios para evitar la unanimidad a la hora de hacer el mal.

Antes del Diluvio los hombres aprendieron a forjar el bronce y el hierro (Génesis 4:22). Esta habilidad perfeccionada la utilizaron los postdiluvianos en sus empresas bélicas y empezaron a construir imperios con el propósito de concentrar en unas pocas manos el dominio de grandes extensiones de territorio. Además de utilizar las armas de destrucción masiva de la época, utilizaron la lengua como instrumento de dominio. Cuando un pueblo subyuga a otro intenta rematar la victoria bélica desculturizando al vencido haciendo que su cultura y tradiciones populares fuesen substituidas por las del vencedor. Así se termina de rematar la humillación del vencido. Bajo el terror de Antíoco IV Israel sufrió una profunda helenización que fue acompañada de las profanación del templo en Jerusalén. El resultado de tan agresiva opresión fue lo que se conoce como la revuelta de loa Macabeos que se resistieron a perder su identidad nacional.

Desde el año 1714 en que Catalunya fue definitivamente vencida por las tropas del Borbón Felipe V, basándose en el Decreto de Nueva Planta, España intenta hacer desaparecer el catalán, símbolo de la identidad nacional de Catalunya, prohibiendo su uso en la administración pública y haciendo del castellano la lengua utilizada en la escuela y en la catequesis. Después de 300 años de opresión, España no ha podido españolizar a Catalunya. A pesar de que la Constitución vigente declara que “las riquezas de las diversas modalidades lingüísticas de España es un patrimonio cultural que será objeto de especial respeto y protección” (3.3), la lengua que es un instrumento de comunicación para que los hombres se puedan entender se convierte en un instrumento para hacer todavía más dura la opresión porque se roba el alma que identifica a los pueblos. La actitud política de los gobernantes de Madrid pone en evidencia que no es la Constitución, que se convierte en papel mojado, lo que desestabiliza a la Democracia, sino la manera de ser de los políticos de turno que son los primeros en incumplirla.

El escritor John Steinbeck redactó: “En cualquier pedacito de escrito honesto que se hace en el mundo, aparece un tema común. Intenta comprender a los hombres, si se entienden serán mutuamente amables. Conocer a un hombre nunca lleva a odiar, casi siempre a amar”. Los psicólogos nos dirán que para comprender a los hombres, conocerlos, se necesita empatía – ponerse en la piel del otro – para que la lengua no sea un factor desestabilizador de las relaciones interculturales. Es una tarea casi imposible de hacer ponerse en la piel de quien es diferente. Ni el cristianismo que enseña a amar al prójimo lo consigue. No lo obtiene ni en las relaciones internacionales ni en las interpersonales.

Derribar el muro de separación que lo es el idioma es necesario que las relaciones humanas estén empapadas de amor, no del amor erótico, pasional, hoy tan de moda, sino del amor de Dios, muy comentado pero poco conocido, derramado en el corazón humano es el que hace que las personas busquen mutuamente hacerse el bien a pesar de las diferencias lingüísticas. El resultado de estas relaciones desinteresadas es el enriquecimiento mutuo y el crecimiento en humanidad. El resultado final de esta relación provocada por el amor de Dios manifestado en Jesucristo es que la imagen de Dios que se perdió en el Edén se reproduce en quien ama a Dios sobre todas las cosas y al prójimo como a uno mismo. No existe otra manera de conseguir una paz genuina entre culturas.
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