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Etiquetas:   Momento de reflexión   -   Sección:   Opinión

El ojo de Dios

Octavi Perena
Octavi Pereña
miércoles, 26 de julio de 2006, 20:14 h (CET)
Por correo electrónico he recibido una preciosa foto captada por el telescopio Hubble que se la ha bautizado con el nombre “el ojo de Dios”. Verdaderamente sobre un fondo negro se puede ver lo que parece ser un ojo. La imagen recibida y que sirve de base de este escrito va acompañada de un texto del que extraigo lo que es motivo de reflexión: “Esta foto ha hecho milagros en muchas vidas. Haz un deseo…estás viendo el ojo de Dios. Seguramente verás los cambios en tu vida durante el día. Créelo o no, no guardes este e-mail contigo. Pásalo al menos a 7 personas. Demasiado increíble para borrar-la. Compártela. Durante los próximos 60 segundos, para lo que estés haciendo y ten la oportunidad. Envía esta foto a tus amigos y ve que pasa. No rompas esto, por favor”.

El texto se parece mucho al de las cartas milagrosas que reportan muchos beneficios económicos y de otra índole a quienes hagan las copias que se les pide y las reenvían. Romper la cadena comporta recibir daños terribles es un espacio de tiempo muy corto. En este caso es lo mismo, pero en nombre de la ciencia. La modernidad, con el uso de la Informática parece ser que debería haber borrado las supersticiones de la época del oscurantismo. No es así. La superstición pierde el aspecto religioso y se viste de científica. El resultado es el mismo. Antes adquiría forma de santos y santas. Ahora de imágenes que se captan con el telescopio espacial Hubble. Quienes tenemos un cierto conocimiento bíblico no nos sorprende en lo más mínimo la superstición científica.
El apóstol Pablo escribiendo a los cristianos de Roma les dice que los hombres no pueden alegar ignorancia del conocimiento de Dios “porque las cosas invisibles de Él, su eterno poder y deidad se hacen claramente visibles desde la creación del mundo, siendo entendidas por medio de las cosas hechas, de modo que no tienen excusa…Ya que cambiaron la verdad de Dios por la mentira, honrando y dando culto a las criaturas antes que al Creador…” (Romanos,1:20-25).
Cuando el apóstol Pablo dice que han conocido a Dios porque la creación lo revela y se dedican a adorar a las criaturas, no se refiere exclusivamente a los animales y personas que los hombres convierten en ídolos de plata, oro y otros metales preciosos, sino también a los astros. Esta última variante idolátrica está bien documentada. La adoración que en la antigüedad se rendía al sol, la luna y a los astros se sigue practicando hoy en día de una manera muy generalizada en los horóscopos que tanta atención reciben a pesar de que se diga que no se cree en ellos. Si no se cree, ¿por qué perder tanto tiempo en bagatelas que no sirven para nada? Lo cierto es que instintivamente se cree que la posición astral tiene un mensaje para el hombre. Cuando se abandona al Creador, el ser humano se gira hacia la criatura. Es un cambio de dirección inevitable porque el hombre, aún cuando no lo quiera reconocer, es bien poca cosa y necesita de una manera u otra ser guiado, a pesar de que la elección del guía sea en perjuicio propio.
La persona que abandona al Creador adora a la criatura sin necesidad de un gran esfuerzo. Nos hemos de preguntar cuáles son las consecuencias de este hecho. Si no fuese porque el lector sabe que la cita que sigue ha sido extraída de la Biblia, afirmaría que la ha hecho un sociólogo que describe el comportamiento de una sociedad cualquiera de nuestro tiempo: “Por esto Dios los entregó a pasiones vergonzosas, pues aun sus mujeres cambiaron el uso natural por el que es contra naturaleza, y de igual modo también los hombres, dejando el uso natural de la mujer, se encendieron en su lascivia unos con otros, cometiendo hechos vergonzosos hombres con hombres, y recibiendo en sí mismos la retribución debida a su extravío. Y como ellos no aprobaron tener en cuenta a Dios, Dios los entregó a una mente reprobada, para hacer cosas que no convienen, estando atestados de toda injusticia, fornicación, perversidad, avaricia, maldad, llenos de envidia, homicidios, contiendas, engaños y malignidades, murmuradores, detractores, aborrecedores de Dios, injuriosos, soberbios, altivos, inventores de males, desobedientes a los padres, necios, desleales, sin afecto natural, implacables, sin misericordia.” (Romanos 1:26-31).
La descripción que el apóstol Pablo hace de la persona que en vez de adorar al Creador venera a la criatura es bien actual. El resultado de la idolatría es el mismo en todas las épocas. Los gobiernos buscan desesperadamente solución a lo que se llama “actitudes incívicas”, pero no la encuentran. No se puede encontrar prescindiendo de Dios. Es imposible cambiar el curso degradante que nos arrastra porque “un final desastroso es el salario” de quien adora a la criatura en vez del Creador.
Octavi Pereña i Cortina
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