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Opinión
Etiquetas:   Palabras  

Policías bajo sospecha

Esther Esteban
Redacción
miércoles, 26 de julio de 2006, 14:41 h (CET)
Ya no sólo son las mafias que las engañan ofreciéndolas un trabajo digno y seguro para luego convertirlas en esclavas sexuales, ahora resulta que también algunos policías desaprensivos han abusado de ellas en el mismo centro de internamiento de inmigrantes.

La detención e ingreso en prisión provisional de tres policías de Málaga, adscritos a un centro de internamiento de extranjeros, ha encendido las alarmas. Al parecer, durante el turno de noche se celebraban fiestas, a modo de orgias, donde se bailaba, consumía alcohol y, finalmente, se mantenían relaciones sexuales con las internas. Los hechos están aún bajo secreto sumarial y los agentes han sido relevados de sus cargos de forma inmediata, pero la cosa no puede quedarse en eso. La acción contra estos agentes -de demostrarse que los hechos son ciertos- no sólo ha de ser ejemplar, sino ejemplarizante. Resulta intolerable, desde todo punto de vista, que los encargados de la custodia y la protección se conviertan en verdugos y las víctimas lo sean por partida doble, vejadas por aquellos que debían defenderlas. Tal vez este sea un hecho aislado, pero el Ministerio del Interior debe abrir una exhaustiva investigación para descartar completamente que hechos similares se puedan estar produciendo en otros puntos de España.

Estas mujeres salen de sus países de origen en busca del paraíso y se encuentran con una realidad muy parecida al infierno. La mayoría han sido captadas por mafias que apenas han pisado "el dorado" les obligan a prostituirse, no sin antes hacerles pasar por un auténtico calvario que ellos, gente sin escrúpulos, denominan "entrenamiento". Son violadas, maltratadas, vejadas y humilladas hasta que están listas para ser utilizadas en cualquier club de alterne de carretera y todo ello bajo la amenaza de matar a sus familiares.

Sobre los hechos ocurridos en Málaga el Sindicato Unificado de Policías (SUP) ha alertado sobre posibles intereses oscuros. Dicen que detrás de las denuncias pueden estar también las mafias, que utilizan esta estrategia para que estas mujeres, que iban a ser expulsadas, permanezcan en España hasta que se resuelva definitivamente el asunto y así seguir explotándolas. Puede ser, pero sea o no una estrategia, si hay fotografías que muestran a funcionario semidesnudos y bebiendo alcohol durante la guardia, los hechos ya son escandalosos en sí mismos. ¿Qué hace un policía de servicio en tal estado?

La argumentación de que estas inmigrantes deben ser custodiadas por mujeres policías para "evitar la tentación" es todavía más bochornosa. Un policía que lleva uniforme y representa a la autoridad, a la ley y al orden, da igual que sea hombre o mujer. Si estos hechos se han producido, estos agentes han deshonrado el uniforme que llevan y lo que significa, lo de menos es si son hombres o mujeres. Pero claro, como a la hora de buscar excusas hay que acudir a los viejos marchamos machistas de siempre. Es más cómodo decir que son las mujeres las que provocan y los hombres o que sucumben a la tentación que admitir con toda su crudeza que son ellos los acosadores y ellas sólo víctimas, en la mayoría de los casos, indefensas y paralizadas por el miedo. Si, además, el abusador lleva un uniforme y una placa, la víctima siente un doble desamparo y el abuso no es sólo sexual sino de poder y autoridad.

Una Policía moderna y democrática no puede tolerar que la institución sea cuestionada por actitudes de este tipo, y tanto los sindicatos policiales como el Ministerio del Interior deben ser los primeros interesados en que se sepa toda la verdad de lo sucedido. La verdad no sólo nos hace libres a todos, sino que pone las cosas en su sitio, y aún admitiendo, por supuesto, la presunción de inocencia, poner paños calientes para no escandalizar a la opinión pública no suele ser una buena receta.

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