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Etiquetas:   Columna de opinión   -   Sección:   Opinión

¿De qué estamos hablando?

Agustín Jiménez
Redacción
miércoles, 26 de julio de 2006, 10:46 h (CET)
Sin la mínima vergüenza, el encargado de Israel en España ha exigido una rectificación por una declaración de Pepe Blanco. Este no es nada esmerado en sus expresiones y desde luego no es un tipo simpático, pero el indignado embajador, jaleado por su coro natural, no puede ser tan zote que se le escapen los desmanes del país que representa. Un país que ha popularizado el asesinato selectivo, no tira bombas sobre inocentes si no es con plena conciencia, y, por una vez en su vida, tiene razón Pepiño Blanco: lo de los daños colaterales es una tontería.

Otra cosa es que el embajador piense -como piensa, por gregarismo mental, mucha gente- que un buen fin justifica cualquier medio y que el famoso mandamiento de "no matarás" sólo deben cumplirlo los enemigos. Pero entonces, ¿por qué Hezbolá no puede hacer lo mismo? También ellos creen que la razón está de su parte, abonados, aparte de por su propio fanatismo, por los despropósitos históricos de Israel con sus violaciones repetidas de la legalidad internacional. (Por cierto, como todos están de acuerdo en que los de Hezbolá son malos, Israel ya no necesita justificarse de las barbaridades que comete en Gaza). Suponiendo que los terroristas carecieran totalmente de razón, si se asumen sus métodos la cuestión se reduce a una disputa entre un asesino malo y un asesino bueno. El bueno que se hace malo por razones pragmáticas.

Porque, es verdad, guerras siempre ha habido. Ningún Estado ha conseguido comportarse decentemente en política exterior y ninguna religión organizada -y eso sólo basta para mostrar la inutilidad en de todas ellas asuntos de moral colectiva y amor al prójimo- ha solucionado el problema. En la guerra falaz, terrorista y chapucera que se libró en Irak, se asesinaron inocentes a mansalva, se torturó y se engañó a la opinión. Estados Unidos ha puesto muy alto el listón de la inmoralidad entre comunidades. Pero tal vez haya sido necesario por razones prácticas. El anterior Gobierno socialista de España, apoyó también, se supone que por razones prácticas y no por gusto de Felipe González, bombardeos en Irak y sobre los tejados de Belgrado.

Conmueve, sin embargo, que, en ese contexto, haya ilusos que aspiren a un mundo en que nadie asesine a nadie. Y que, olvidando la razón de Estado, políticos ingenuos y ridículos, adopten en público actitudes morales. El embajador de Israel debería oírlos con atención por si lo ayudan a ser una buena persona.

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