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Etiquetas:   Crítica de cine   -   Sección:   Cine

'Domino': Cara, vives. Cruz, mueres

Pelayo López
Pelayo López
domingo, 10 de septiembre de 2006, 19:48 h (CET)
En 2005, la joven ex-modelo reconvertida en caza-recompensas Domino Harvey fallecía a consecuencia de una sobredosis, poco después de haber terminado el rodaje de esta película que había contado con su supervisión. Unos años antes, Tony Scott, el hermano de Ridley, ya había tenido ocasión de conocerla personalmente, entre otras cosas porque estaba interesado en llevar a la gran pantalla esta curiosa historia de la hija rebelde de papá, y papá no era otro que Lawrence Harvey, actor al que recordamos, sobre todo, por dar la réplica a Frank Sinatra en El mensajero del miedo. Sin ser un “biopic” -tal y como queda claro al comienzo de la cinta con la alusión al “Basada en hechos reales… Más o menos”-, el responsable de títulos generacionales como Top Gun, cintas más independientes como Amor a quemarropa o u otros más recientes y eminentemente con vistas comerciales como Spy game, se limita a tomar la esencia de la vida de la joven para demostrarnos, a través de un enrevesado robo de un furgón con dinero –con la mafia de por medio-, los vericuetos de una profesión, a priori, poco recomendable, aunque algo más de fondo y con diálogos que, por momentos, se acercan a la lucidez oscura de Tarantino.

El director vuelve a dejar su reconocible impronta frenética y su fantástico amoldamiento a los nuevos tiempos, y lo hace, por supuesto, a través de recursos habituales que maneja de manera brillante: un montaje dinámico con el presente y el pasado mezclado a base de los habituales “flashbacks”, con una “voz en off” que nos narra en primera persona los acontecimientos, y, precisamente, también con unos hechos que son y no son en función de una moneda que viene a significar un personaje más. Dos horas de metraje que se mueven, sabiéndolo unos personajes e ignorándolo otros, por un motivo merecedor de ese “sacrificio” a ojos del “Pantocrátor”. También son centro de atención los “reality-shows”, el poder que tienen, la manipulación que llevan a cabo y la ruina moral y profesional que suponen. La fotografía, cruda y saturada, soleada a raudales, con colores vivos y agrestes como el paisaje polvoriento que recorre nuestro trío de “benefactores”, remarca aún más la dureza existencial de la historia narrada, y la música, obra de un colaborador de Scott, Harry Gregson-Williams –le ha compuesto las partituras de sus últimos títulos, como El fuego de la venganza o Enemigo público-, conjuga a la perfección la violencia física con la duda mental. Destaca, sobremanera, un tema musical, en castellano, que envuelve, nunca mejor dicho, el crepúsculo orgásmico de la pareja protagonista y que tiene el mismo imán que la oscarizada canción de Jorge Drexler Al otro lado del río, el tema principal de la BSO de Diarios de motocicleta.

Domino es Keira Knightley, una femme fatale con aires de Calvin Klein. La hemos visto vestida de época, en comedias adolescentes… y la esperamos, dentro de poco, a medio camino entre una y otra, en la nueva entrega de Piratas del Caribe. Lo cierto es que nos gusta siempre, y aquí también. Si algunos la acusan de anoréxica por su extrema delgadez, creo que la constitución de algunas personas es más frágil y que, viéndola cargar con todo tipo de armas, de fuego y blancas, habría que contradecir esa acusación. Majestuoso el controvertido Mickey Rourke, en otro de esos papeles hechos a su medida, y un descubrimiento, el joven hispano Edgar Ramírez. Seguramente dará mucho que hablar próximamente, al estilo Benicio del Toro. Interesantes también las presencias de la reaparecida Jacqueline Bisset -como la madre de la chica en cuestión-, de la secretaria un poco ida Mena Suvari, del productor ególatra e interesado Chritopher Walken y de la psicóloga policial Lucy Liu, en un duelo bis a bis con la protagonista. Y llamativas, cuanto menos, las presencias del cantante Tom Waits, en un “iluminado” papel, pero, aún más, las de dos de los chicos de aquella serie de televisión llamada Sensación de vivir, y que aquí son, al mismo tiempo, protagonistas, objeto de mofa, rehenes y cabezas de turco.

“Hay 3 tipos de personas en el mundo: los ricos, los pobres, y todos los demás”. Esta frase se dice al menos en dos ocasiones en la película, y, siguiendo este hilo, unos se llevan la fama y otros ponen el trabajo artesanal. Sin menospreciar a Ridley, lo cierto es que nadie puede negar que los productos de Tony lo tienen todo dentro del género. No serán películas de Oscar, pero tienen ese algo. Acción por doquier, crítica soterrada –aquí también a las posibles causas del terrorismo internacional-, reparto multigeneracional estelar… y, en este caso, una protagonista cuya vida se resume y limita a este lema: “Cara, vives. Cruz, mueres”.

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