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Etiquetas:   Carta al director   -   Sección:   Opinión

Ser inteligente

Francisco Arias Solis
Redacción
martes, 25 de julio de 2006, 22:27 h (CET)
“¡Intelijencia, dame
el nombre exacto de las cosas!”


Juan Ramón Jiménez

El cerebro es la parte más importante y decisiva de nuestro ser y por desgracia , también la menos conocida. Es posible que la inteligencia sea la madre de la ciencia, pero ésta no ha desvelado todavía los secretos de nuestro cerebro. No extrañe, pues, que algunos mantengan que se nace inteligente o no hay nada que hacer; o quien sostiene que las dificultades para ser inteligente son tales que en el fondo merece la pena una vía intermedia.

Ser inteligente en la actualidad es tener la valentía de arriesgar , de romper los esquemas de siempre, tanto los políticos, los sociales, los morales como los ideológicos. Desde luego, lo que mejor define la inteligencia hoy es la facultad de encontrar respuestas a situaciones nuevas. Es necesario, pues, una cabeza dotada sobre todo flexible, abierta, libre y, por encima de todo, capaz.

La inteligencia sería hoy la capacidad de adaptar la mente a situaciones diversas y en manera diversa según determinadas circunstancias. Ello, que a simple vista no parece tarea fácil, al parecer no sólo se está dando, sino que cada vez comienza antes en nuestra vida. Está claro que se ha adelantado la edad del inicio de la formación de la inteligencia. Los niños hoy están más estimulados, aprenden antes, tienen mejores libros, mejores escuelas, mejores juguetes, guarderías, televisión, ordenadores, etc. Y ello repercute también en que se prolonga el tiempo de adquisición de datos para mejorar la inteligencia.

Otro punto en el que hay una coincidencia generalizada es que el hombre y la mujer de hoy son más inteligentes no sólo en relación con sus abuelos, sino en gran medida también en lo que respecta a sus padres. Los tests de inteligencia lo demuestran.

El criterio principal para identificar a los mejores profesionales no es sólo su inteligencia, sino también el detectar su capacidad de crecimiento personal. De las últimas teorías, se puede deducir que las personas con procesos mentales ordenados y con una visión compleja de la realidad son las que disfrutan de salud mental, y por ello son las mas capacitadas para una acción eficaz y un desarrollo profesional. Es decir, lo que desde siempre conocemos como sentido común. O lo que definíamos anteriormente como el mejor concepto de la inteligencia: saber encontrar soluciones. Claro que el sentido común para buscar y encontrar soluciones puede sobrar pero no hay que olvidar que la inteligencia, guste o no, hay que formarla, reciclarla y entrenarla. Para ello, nada mejor que comenzar desde la infancia. Enseñando a los niños a pensar, no a memorizar, y teniendo siempre presente que el hombre y la mujer tienen la misma capacidad.

Cara al futuro, habrá que fabricarse una cabeza flexible, un espíritu matemático, un alma cibernética, una intuición a prueba de bomba, una memoria entrenada y la capacidad de encontrar soluciones justas y meteóricas.

“El pensamiento más profundo canta” , decía Carlyle. Tal vez, porque el pensamiento vivo es profundamente superficial, pues, el que no tiene pasión no tiene razón . Razón es pasión y pasión es conocimiento. No en vano , dijo el poeta: “Es tan evidente / que el que piensa, piensa, / y el que siente, siente, / que no te das cuenta / que no se piensa cuando no se siente / como no se siente cuando no se piensa”.

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