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Etiquetas:   Hablemos sin tapujos   -   Sección:   Opinión

Las PIIGS deben enfrentarse al lobby del Norte

“Donde la fuerza oprime la ley se quiebra”, Mateo Alemán
Miguel Massanet
martes, 30 de abril de 2013, 08:56 h (CET)
Esta mañana he leído un interesante e ilustrativo artículo, publicado en Invertia, sobre lo que serían las consecuencias de un eventual abandono del euro por parte de España. A tenor de lo que se expone en dicha publicación no cabe duda de que, prescindir de la moneda europea de una forma unilateral, sería catastrófico para nuestro país en todos los aspectos bajo los cuales quisiéramos considerarlo. Entre los males que parece que nos traería una hipotética separación de Europa, podríamos resumir algunos de los siguientes:

Devolución de la nueva moneda nacional (España sería más competitiva ante sus vecinos pero implicaría una mayor inflación y unos tipos de interés más alto).
Crisis bancaria (retiradas masivas de fondos de bancos y una huhída de capitales).
Aumento de la Deuda (cerraría para nuestro país y sus compañías los mercados internacionales de capitales).
Quiebra de numerosas empresas (muchas compañías tendrían que cerrar o encarecer sus precios).
Restricciones en los créditos de los bancos (Se generaría un efecto dominó de quiebra de algunos bancos europeos).
Subida de los tipos de interés (los tipos de interés hasta el 15% y las hipotecas dejarían de estar referenciadas al euribor).
Incremento de la inflación (imprimir moneda para abonar sus deudas, algo que llevará a la hiperinflación de las importaciones de sus productos básicos).
Aumento del paro (más precios, menos consumo y, aumentos de tipo interés menos inversión. Todo ello más cierre de empresas, incremento desempleo).
Bajada de salarios (producción contraída, salarios menores para mantener competitividad) Desaparición de la clase media.
Altos constes de adaptación a la nueva moneda (adaptación de la contabilidad, los sistemas informáticos y los cajeros. Emitir nuevas monedad y billetes y acostumbrarse a realizar los cálculos en la nueva moneda)

En todos estos datos extraídos del informe de INVERTIA, saltan a la vista el cúmulo de factores negativos, por lo que España está condenada a pasar por la laminadora de lo que se nos imponga desde Bruselas, si es que queremos permanecer en la moneda única y seguir perteneciendo a la UE que, hoy por hoy, sin duda alguna, está dirigida por las ricas naciones del norte de Europa, bajo la batuta de la omnipotente Alemania de la señora Merkel. El informe termina con una última conclusión referida al efecto contagio a otros miembros de la UE como Chipre, Grecia, Portugal e incluso Italia. No obstante, las noticias que van llegando de la economía de la propia Alemania y del estado de sus bancos no parece que sean tampoco para lanzar cohetes, porque ya son muchos los empresarios alemanes que empiezan a quejarse de que medidas tan austeras, recortes tan extremos o financiaciones tan complicadas empiezan a influir en las ventas de productos alemanes a otros países de la UE, que se han visto obligados a importar menos como consecuencia de la falta de créditos de los bancos, de la demanda interna y de sus problemas para ajustar sus plantillas.

Decía Mateo Alemán que “donde la fuerza oprime la ley se quiebra” y, en el caso que nos ocupa son ya numerosas las naciones europeas que ha debido someterse al yugo de una reconversión brutal, de un recorte de sus libertades y de su propia soberanía insospechado en una nación libre y soberana y que, no obstante, por mor de una unión que no ha llegado a perfeccionarse con una Constitución común, por intereses de unas determinadas naciones prepotentes y por el temor a quedarse aislados dentro de una CE que nos dejaría al albur de nuestro aislamiento y alejados de la posibilidad de relacionarnos con nuestros vecinos en igualdad de circunstancias ( algo de lo que debieran de tomar nota los separatistas catalanes, cuando se muestran tan inconscientes en su camino hacia la independencia, sin tomar en consideración la situación extremadamente peligrosa y de desamparo en la que los colocaría una eventual independencia de España).

Pero, como decía Jean de la Fontaine “cualquier poder si no se basa en la unión, es débil”. Lo que nos lleva a considerar la posibilidad de que, todas estas naciones que, por mor de la crisis de la construcción, se han visto catapultadas a situaciones insostenibles –que las han obligado a pactar condiciones draconianas con Bruselas para recibir las limosnas que Alemania y las naciones poderosas, a través del BCE y el FMI, les han facilitado con cuenta gotas, a cambio de una intervención directa en sus economías y exigiendo el sacrificio de sus ciudadanos que, en algunos casos, exceden a lo que se puede estimar como humano y soportable –, consideraran la posibilidad de unirse, de formar un lobby dentro de la misma UE y amenazaran al resto de naciones con declararse todas a la vez en ‘default’, negándose a ser sometidas a la voluntad de aquellas que se han limitado a velar por sus intereses, ajenas por completo a las situaciones, extremadamente graves, que han ido creando en las naciones más débiles.

Imagínense ustedes si Portugal, Irlanda, Grecia, Italia, España, Chipre y si tanto me apuran, Francia; se ponen de acuerdo entre ellas para ofrecer una postura común, sin fisuras, ante aquellas naciones que vienen ocultando sus flaquezas, que son renuentes a la creación de una entidad bancaria supranacional y que se niegan a que, los mismos censores que se han desplazado a España, Portugal o a cualquiera de las naciones que ha intervenido mediante sus famosos rescates, para censurar la actuaciones de los organismos administrativos o los bancos, vayan a sus propias entidades bancarias y comprueben, desde el Bundesbank hasta la más pequeña de las entidades de crédito alemana, holandesa o danesa, el estado de sus cuentas y la situación de sus balances. Pensemos lo que sucedería en la Asamblea de la CE si, un grupo de seis o siete naciones amenazara con abandonar el euro y desgajarse de la propia CE, para constituirse en una nueva comunidad, con menos pretensiones y compromisos; bajo una nueva moneda o conservando las antiguas, con el compromiso de mantener una paridad con un euro devaluado. La desesperación de Alemania y todas estas naciones que tanto se ufanan en hacernos la vida imposible, alcanzaría límites indescriptibles; puesto que ello significaría el hundimiento irremisible de la moneda europea y la dinamitación de lo que, hasta ahora, ha constituido el mayor proyecto de unificación de Europa.

Si señores, un órdago a Europa, a sus instituciones, a sus estructuras y a la misma Asamblea de Bruselas y al ECOFIN que, evidentemente, levantaría ampollas en los mercados mundiales, pondría al euro en la picota y expondría al mismo dólar, al yen y al yuan, a los embates especulativos que tratarían de sacar provecho de su debilidad. Se ha demostrado que la sumisión, el actuar como víctimas propiciatorias y el someterse a los dictados de un puñado de economistas supervalorados que, después de 5 años de recesión, no han hecho otra cosa que demostrar que han estado equivocados en sus previsiones y que su exageración en aplicar medidas demasiado duras a las respectivas economías nacionales no han conducido a otra cosa que a un aumento incontrolado del desempleo y a un debilitamiento del tejido industrial que han traído como consecuencia el que, la recuperación, sea cada vez más difícil y las perspectivas de una reacción positiva se estén alejando cada día más del horizonte de los ciudadanos. O esta es, señores, mi opinión al respecto.
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