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El problema mesoriental es un rompezabezas para Condoleezza Rice

Vladímir Símonov
Redacción
lunes, 24 de julio de 2006, 20:47 h (CET)
La secretaria de Estado de EEUU Condoleezza Rice inició el pasado domingo su gira por Oriente Próximo. Rice prevé entrevistarse con el primer ministro israelí, Ehud Olmert, y el presidente palestino, Abu Mazen, durante su estancia en la región. La gira incluye también una escala en Roma, donde el próximo miércoles analizará la situación con sus aliados europeos y árabes.

Nos hemos enterado de la gira de Rice a Oriente Próximo poco antes de que fuera anunciada por su departamento. “Creo que Condy partirá muy pronto”, dijo George Bush al premier británico durante el desayuno en San Petersburgo en la Cumbre del G-8, sin sospechar que el micrófono estaba conectado y transmitía su conversación privada al mundo entero.

Punto seguido, dando de lado todo el malabarismo diplomático, el presidente de EEUU expuso el método preferente, en opinión de Washington, de cesar los bombardeos israelíes y el acoso misilístico del territorio de Israel por las milicias chiítas del movimiento libanés Hezbolá: “Hay que lograr que Siria obligue a Hezbolá a dejar de hacer esa mierda”.

A juicio del coordinador de la ONU en el Líbano, Israel ha sumido el Sur del país en una verdadera catástrofe humanitaria. Pero el mandatario estadounidense pasa por alto este importantísimo componente de la crisis.

Nuhad Mahmud, emisario especial del Líbano ante la ONU, califica de absolutamente inoportuna la gira mesoriental de la secretaria de Estado norteamericana, teniendo en cuenta la situación creada. Beirut postula la necesidad de cesar el fuego. Cuando la máquina de guerra de Israel viene destruyendo de hecho el país, ¿de qué intentos de arreglo se puede hablar?

Últimamente, la Administración EEUU confirmó por más de una vez el “derecho de Israel a su defensa”. Pero, al mismo tiempo, poco le preocupaban los desproporcionados bombardeos que reducen a ruinas también los territorios libaneses libres de bases de Hezbolá. Castigando a todo el pueblo del Líbano y prometiendo “sumir al país en la situación histórica existente hace 20 años”, el gabinete de Ehud Olmert trata de meter la cuña entre Hezbolá y Beirut y, en resumidas cuentas, instigar contra el movimiento chiíta a toda la población de Líbano. El designio no sólo es vano, sino peligroso para el propio Israel.

El plan no toma en consideración que desde hace mucho Hezbolá se convirtió en influyente fuerza política que impregna todas las estructuras estatales. El movimiento cuenta con sólida representación en el parlamento y tiene dos ministros en el Gobierno del Líbano. Los amplios programas sociales que realiza Hezbolá le granjearon respeto y apoyo de todo el pueblo. Las bombas israelíes segando vidas de libaneses sencillos, no hacen más que convertir a los sobrevivientes, incluidos los círculos políticos del Líbano, en partidarios más fieles aún de Hezbolá y en enemigos más acérrimos del Estado hebreo.

Pero lo principal estriba en otro. Tarde o temprano cesarán los bombardeos del Líbano y la Franja de Gaza. Entonces Tel-Aviv descubrirá amargado que ni en Beirut ni en los territorios palestinos han quedado las fuerzas políticas moderadas con que Israel podría volver a negociar estables condiciones de paz. Lamentablemente, Estados Unidos no utiliza sus tradicionales relaciones íntimas con Israel para alertar enérgicamente a su aliado sobre ese peligro.

En vísperas de su gira a Oriente Próximo Condoleezza Rice reveló sus ideas sobre la misión proyectada a la cadena TV Fox News. Según su versión, el actual estallido de la guerra regional en Oriente Próximo es un intento desesperado de los elementos radicales que son Hezbolá, HAMAS, Siria e Irán de obstaculizar el desarrollo de los procesos democráticos en el área que estos últimos años atraen especial atención de EEUU y a ello atribuye la aspiración de estos cuatro sucios extremistas internacionales a torpedear las bases de la democracia naciente y sumir a Orienta Próximo en caos.

En las reflexiones de Rice salta a la vista el evidente fallo. La secretaria de Estado de EEUU no hace mención de un factor tan importante como la guerra en Irak que dura más de tres años. La Administración norteamericana no tiene suficiente sinceridad, mejor dicho, perspicacia política, para reconocer que en esencia sus métodos de lucha contra el extremismo engendran extremismo, pero no vinculado a un país u organización a título de Al Qaeda, sino regional. El mismo servicio de inteligencia de EEUU reconoce el hecho indiscutible de que en Irak se ha creado la plaza de armas mundial de terroristas. Allí extremistas iraquíes e islamistas foráneos pasan adiestramiento completo en materia de sabotaje y subversiones. “Estos adeptos al jihad proceden de Irak, dotados de experiencia y orientados a cometer atentados terroristas urbanos en el extranjero”, estima el ex director de la CIA, Porter Goss. Irak prolifera el peligro terrorista en una escala sin precedentes. Tal opinión comparte, en particular, Madeleine Albright, predecesora de Rice en el puesto de secretario de Estado de EEUU en la época de Clinton. “Creo que Irak va cobrando todos los rasgos de inmensa catástrofe”, replicó ella a su colega republicana refiriéndose a un nuevo estallido de operaciones militares en Oriente Próximo.

En efecto, la guerra iraquí causó serios quebrantos a las relaciones de
EEUU con los países de Oriente Próximo. Washington, implicado en la campaña militar, presa de su afán de introducir rápidamente la democracia en Irak, se apartó en esencia de la “Hoja de Ruta”: plan de arreglo negociado elaborado por los cuatro mediadores mesorientales: EEUU, Rusia, la ONU y la UE. La mencionada guerra en Irak ha radicalizado a fondo la región hasta la victoria de HAMAS en las elecciones en Palestina. Como es natural, las consecuencias de la campaña iraquí condujeron a un nuevo aplomo de Irán y a sus crecientes posibilidades de prestar ayuda financiera y no financiera a Hezbolá.

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Vladímir Símonov, para RIA Novosti.


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