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Etiquetas:   Cartas a un ex guerrillero   -   Sección:   Opinión

Quien persevere hasta el final se salvará

Sor Clara Tricio
Sor Clara Tricio
lunes, 24 de julio de 2006, 04:08 h (CET)
Querido Efraín:

No deja de impresionarme cada vez que medito en ello, la intensidad del amor que ardía en el corazón de aquella mujer que, tras la muerte de Nuestro Señor Jesús en la cruz, volvió al amanecer del tercer día y no se apartaba del sepulcro donde había sido enterrado, aunque los discípulos no estaban allí. Buscaba el cadáver que no había hallado, lo buscaba llorando y, encendida en el fuego de su amor, ardía en deseos de aquel a quien pensaba que se lo habían llevado. Por esto, ella fue la única en verlo entonces, porque se había quedado buscándolo, pues lo que da fuerzas a las buenas obras es la perseverancia en ellas, tal como afirma la voz de aquel que es la Verdad en persona: «El que persevere hasta el final se salvará» (Mt 10, 22)...

Porque los santos deseos, en efecto, aumentan con la dilación en la respuesta de Dios hacia nuestras súplicas, porque, en todo, impone su Sagrada Voluntad siempre para el bien de los que ama. Si la dilación los enfría, es porque no son, o no eran verdaderos deseos. Todo aquel que ha sido capaz de llegar a la verdad es porque ha sentido la fuerza de este amor que el mismo Espíritu Santo inculca en el alma. Por esto dice David: «Mi alma tiene sed del Dios vivo: ¿cuándo entraré a ver el rostro de Dios?» (Sal 41,3). Idénticos sentimientos expresa el Cantar de los cantares: «Estoy enferma de amor»; y también: «Mi alma se derrite» (Ct. 2,5). «Mujer, ¿por qué lloras?, ¿a quién buscas?» Se le pregunta la causa de su dolor con la finalidad de aumentar su deseo, ya que, al recordarle a quién busca, se enciende con más fuerza el fuego de su amor.

Jesús le dice: ¡María! Después de haberla llamado con el nombre genérico de «mujer», y sin haber sido reconocido por ella, llámala ahora por su nombre propio. Es como si le dijera: “Reconoce a aquel que te reconoce a ti. Yo te conozco, no de un modo genérico, como a los demás, sino de manera personal María”, al sentirse llamada por su nombre, reconoce al que lo ha pronunciado, y, al momento, lo llama: “Rabboni, es decir, Maestro”, ya que el mismo a quien ella buscaba exteriormente era el que interiormente la instruía para que lo buscase.
Os envío los mejores deseos, y con la esperanza de que sigáis todos bien, recibir un cariñoso saludo, CTA

*Religiosa actualmente residente en Segovia (España), después de algunos años de su vida transcurridos en colegios de Latinoamérica y USA. Mantiene correspondencia con Efraín Barrios Molino, antiguo luchador por la justicia social en Centroamérica.

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