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Etiquetas:   Carta al director   -   Sección:   Opinión

La peste del siglo XXI proviene de ratas humanas

José Luis Palomera
Redacción
lunes, 24 de julio de 2006, 04:08 h (CET)
Se les denomina terroristas aunque ellos se digan guerrilleros. En realidad, son ratas poseídas por la peste fanática que entre las cloacas se desenvuelven asolando a la humanidad, a toda humanidad, incluso a quienes ellos predican defender.

Seré neutral en mi apreciación, ya que la razón palidece cuando se generaliza. Hoy, se quiera o no, sea justo o no, quien manda en la Tierra es la fuerza, el poder que nosotros mismos hemos engendrado en fusiones nucleares.

La inteligencia hace mucho que murió, congelada de intereses propios, su muerte traerá consigo la extinción del ser humano, inyección letal de arsenales que guardamos dentro del corazón terreno, rozando peligrosamente sus sangrientas paredes a cada latido.

Un doliente día la más fanática de las ratas conocidas, organizó en el nuevo continente la mayor masacre de vidas inocentes jamás vista.

La respuesta del poder democráticamente elegido no se hizo esperar y cientos de miles de vidas inocentes, la mayoría de ellas, perecieron de nuevo, y siguen pereciendo.

Han pasado los años y la tesitura no varía. USA, Israel, Inglaterra, Francia o Rusia son algunos ejemplos de respuestas contundentes a todo acto terrorista. Estas actuaciones -las balas no tienen cerebro- desgraciadamente acarrean aún más víctimas inocentes, cual mayor peste de la humanidad.
Las ratas terroristas, golpean y se esconden en las alcantarillas, no salen a la luz, ni se dejan ver, para morir o vencer..., no, ocultan su peste en las cloacas mientras el pueblo que dicen defender perece con la metralla que va destinada a ellos.

Hoy, en el Líbano se apilan cientos de víctimas inocentes fruto de un apestoso fanatismo. La captura de dos soldados hebreos por parte de un grupo terrorista que dice defender a su raza, ha provocado la muerte y la destrucción del inocente pueblo por el que predican dar la vida.
Es inadmisible soportar un día más lo que hacen estas ratas apestosas y enfermizas, que asesinan pensando en su enfermo orgullo y dejan a los inocentes en manos de la metralla enemiga.

No le quepa duda, ningún grupo terrorista tendrá lugar en la Tierra, en menos de una década todos serán aniquilados, ya que el deseo de los hombres por vivir en paz ha decidido de una vez por todas acabar con las apestosas ratas, sanguinaria pandemia de toda la humanidad.

¿Qué mal hicieron al mundo los viajeros que en los trenes de la India paseaban sus ilusiones, qué mal?
¿Qué pretenden estas ratas asesinando a ciudadanos inocentes, qué pretenden?

Desgraciadamente, como he dicho antes, las balas no tienen cerebro, mientras las ratas se esconden en las más oscuras y recónditas alcantarillas, su cobarde pestilencia esotérica provoca que la humanidad esté pagando por su aniquilación un precio en vidas inocentes horrorosamente cruel.

Estamos en el lugar donde por vivos merecemos estar, la decisión ha de ser tajante y además no hay más decisión que tomar, entendiendo, lógicamente que no podemos consentir que las ratas campen a sus anchas contagiando a la humanidad la peste asesina que les fanatiza.

Sin embargo, entiendo que la humanidad debe de adoptar nuevas estrategias donde las víctimas inocentes sean las menos posibles y si es posible ninguna. La primera e imperiosa necesidad es la unión de todos los seres humanos.
No se puede dejar fisura alguna, ya se sabe que las ratas son especialistas en colarse por ellas.
Y sobre todo hay que dejar de apoyar o avalar a la peste que acabará con la vida nuestra y la de nuestros hijos.

Es preciso que el pueblo Palestino sepa que la estrategia del terrorismo acabará aniquilando a toda su raza, jamás podrán imponerse al estado de Israel, jamás ni Palestina ni el Líbano ni Siria ni Irán, jamás, ya que para imponer primero hay que razonar la imposición y luego que te de la razón la comunidad internacional. Usar la violencia para recoger mil cadáveres propios por 10 ajenos es autoexterminarse en el fanatismo.
Ponerse delante de las balas en nombre de dios no ha dado resultado alguno, ni lo dará nunca ya que dios no tomará parte a favor de nadie, ya que el único dios, de existir, es indivisible de pensamiento, el cual omnipotente se procrea en defensa de todas las vidas para mayor futuro de nuestro caminar por el Cosmos, omnipresente Cosmos que es Dios.

Todo terrorista ha de saber que en la actualidad, sean cuales sean sus asesinas y suicidas acciones, en realidad van dirigidas al exterminio de su propio pueblo.

Un claro ejemplo lo tenemos en la absurda acción de Hezbolá, secuestran dos soldados, seres humanos, a cambio de la vida de miles de ciudadanos a los que se supone, quieren defender.
Insisten y vuelven a insistir en sus acciones a sabiendas de que lo único que consiguen es extinguir su raza, dar razones a otros pueblos y justificar de alguna manera la defensa propia de grandes superpotencias que terminarán aniquilándoles.

¿Qué barbaridad mental pueda guiar a las ratas terroristas?... No hay duda, les guía su fanática peste asesina.

A los misiles, despropósito de invento terreno, no hay dios alguno que los derribe unidamente se fraccionan entre las carnes de los seres humanos difuminando vísceras que luego serán lloradas por cálidas lágrimas.

“Justificar la mayor justificación con muertes premeditadas de inocentes es la mayor peste que haya podido acontecer de las inmundicias mentes humanas, hombres ratas, es decir, terroristas inmundos que no hacen más que incruento y visceral daño intencionadamente.”

¿Puede haber mayor ignominia mental?... Decididamente no, nadie en su sano juicio podría hacerlo sólo los hombres ratas lo padecen, cual fanatismo apestoso entre cloacas inmundas.

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