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Etiquetas:   La parte por el todo   -   Sección:   Opinión

Quien mucho abarca…

Óscar Arce Ruiz
Óscar Arce
domingo, 23 de julio de 2006, 04:47 h (CET)
Durante la segunda mitad del siglo pasado, emergió una corriente en la Antropología estadounidense que se conoce aún hoy por el nombre de Antropología Interpretativa. A grandes rasgos, podríamos decir que el término se debe a que, para ella, el antropólogo interpreta lo que otro (el nativo) interpreta de su quehacer cotidiano.

Las posibilidades pueden llevarnos fácilmente hasta el infinito: es evidente que habrá tantas interpretaciones diferentes de un mismo fenómeno, como humanos sumergidos en la vida social en que ocurre tal fenómeno. Clifford Geertz es el padre de esta corriente.

El mismo Geertz escribió una sentencia que me hizo gracia por lo absolutamente cierta que resulta. Dice: “Una de las ventajas de la antropología (…) es que nadie, incluyendo aquellos que la practican, sabe a ciencia cierta qué es la antropología”. Excelente. Una de las ventajas es su indefinición.

Si Sócrates, durante el esplendor de Atenas, promulgó que el primer paso para resolver un problema es definirlo es porque, de esta manera, la búsqueda de soluciones parciales se adapta a lo poco o mucho que sepamos de aquello que nos ocupa.

Si Durkheim escribió en sus “Reglas del Método Sociológico” que el primer paso para el tratamiento de la realidad social es la eliminación de prenociones y prejuicios, es porque solamente así podremos atacar al hecho social como hecho único.

La no-definición de la Antropología permite que las prenociones y los prejuicios (muchos de ellos de corte relativista) la aborden por todos lados, y que cualquier estudio pueda llevarse a cabo y todo esté permitido.

En muchos momentos he sentido como esta falta de disciplina es vivida más como una ventaja -al estilo de Geertz- que como una flaqueza. La ventaja de la indefinición es equiparable a la de la libertad que supone la puerta abierta sin límite. Una libertad extensa, cierto, pues extensos son los campos a los que llega la disciplina indisciplinada.

Sólo quien no pueda ver más allá del futuro inmediato consideraría la indefinición un privilegio. La consecuencia más directa es que poco o nada puede avanzarse en nombre de la Antropología si nadie sabe lo que es exactamente. Me temo que esa ventaja de la Antropología -que reside en que nadie, incluyendo aquellos que la practican, sabe a ciencia cierta qué es- representa más un lastre que un logro.

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