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Etiquetas:   Copo   -   Sección:   Opinión

Arias Cañete, con un par

Sobrado de grasas no me extraña lo más mínimo que vaya presumiendo de ducharse con agua fría
José García Pérez
viernes, 19 de abril de 2013, 07:33 h (CET)
El ministro de Agricultura y alguna cosa más, tiene un par. Ahí va el buen y rollizo hombre pregonando, como todo buen ministro que se precie de serlo, que hay que ducharse con agua fría para aliviar la crisis que nos mantiene como auténticos desgraciados.

Él, como buen criollo de esta tierra de hidalgos, va presumiendo que lo hace, y yo, dentro del interrogante que rodea a todo misterio, no tengo más remedio que creerlo. Sobrado de grasas, según parece, aunque puede ser auténtico músculo, no me extraña lo más mínimo que vaya presumiendo de que él realiza semejante sacrificio, aunque, dice un servidor, que habría que verlo para creerlo, pues más bien, debido a su volumen parece ser un ministro más adicto a las saunas que al vértigo que produce, o puede producir, la frialdad del Hache dos O por las inmediaciones de las partes íntimas.

Vamos, que este andaluz venido a más, ahí se incluye toda clase de alimentos superfluos, solicita de la ciudadanía española, para salvar buena parte del consumo energético español, que las frías aguas zozobren por los vestigios de la esquelética española, mientras la Junta de Andalucía promete, y eso es más de lo deseado, dar víveres y provisiones a parte de la niñería andaluza que la está pasando canutas.

Déjenos, señor Arias Cañete y ozú, aunque sea por un minuto que sintamos alrededor de nuestro esqueleto cómo pasa, sin hacerlo nuestro, el rocío maldito de las aguas frías del manantío de las duchas normales, mientras esperamos, alborozados, como el calor del agua, ay el calor, va perfilando el momento en que podemos introducir nuestra nuca, hueca a veces por culpa de usted, en el bendito mogollón de agua caliente que comienza a rociarnos con sumo placer.

O es que no sabe usted que por aquí, por esta tierra de María Santísima, existe el llamado cubo-ducha, ese artefacto inventado, gracias a la inoperancia manifiesta de nuestros gobernantes, incluido usted, en el que se llena un cubo de agua del santo rocío para que, tras abrir un extraño artefacto, vierta su cruel contenido por el aterrido cuerpo de una chiquillería que, sin quererlo, se acuerda de usted y de toda su familia.
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