Quantcast
Diario Siglo XXI. Periódico digital independiente, plural y abierto. Noticias y opinión
Sueldos Públicos Viajes y Lugares Display Tienda Diseño Grupo Versión móvil

Opinión

Etiquetas:   Hablemos sin tapujos   -   Sección:   Opinión

Complejos del PP y estertores del PSOE, radicalizan el caos político

“Cada uno de nosotros pone en común su persona y todo su poder bajo la suprema dirección de la voluntad general; y cada miembro es considerado como parte indivisible del todo”, J.J. Rousseau
Miguel Massanet
jueves, 18 de abril de 2013, 07:27 h (CET)
Nos encontramos ante una realidad desconcertante. De pronto, en este país, ya no se habla de partidos; no se discute sobre el Congreso y el Parlamento ni, tan siquiera, el preocupante paro que sigue en aumento a pesar de los esfuerzos del Gobierno por controlarlo, puede quitar el protagonismo a la moda que se viene imponiendo a pasos agigantados en este país de María Santísima. Un fenómeno difícil de calificar, por los distintos estamentos o instituciones en los que se viene manifestando, tanto en la política como en la Justicia sin descartar que, viendo el auge que viene experimentando, no llegue a alcanzar ( de hecho ya viene influyendo, si nos atenemos a las algaradas montadas por los visitantes al Congreso) al mismísimo poder legislativo; al que ya se intenta mediatizar y coartar mediante la presión que este nuevo poder de minorías organizadas empieza a ejercer sobre él.

Si el señor Alfonso Guerra ya nos pronosticó, hace años, que el señor Rousseau y sus famosos tres pilares de la Democracia, habían fallecido. Puede que se equivocara en unos años y, por supuesto, erró en cuanto a las causas y las circunstancia en la que tendrá lugar su entierro en España; pero, si la deriva que se está advirtiendo, desde hace unos meses, si el poder Legislativo, el Ejecutivo y el Judicial llevan tiempo que han empezado a interferirse mutuamente; si las instituciones parece que han confundido sus funciones y han adoptado el sistema de decidir por sí mismas, de actuar, prescindiendo de sus limitaciones legales, al aire que más les conviene y, los políticos, tanto actúan como tales como, asumiendo el papel de agitadores de masas, de infractores de las leyes y de meros ocupas o antisistemas, lo ejercitan sin rubor alguno –cuando piensan que, imitando al transformismo de Frégoli, van a sacar beneficios políticos o materiales de ello; sin que les preocupe poco o mucho si, para ello, tienen que actuar en contra de la ley o, lo que aún sería peor, tienen que ir contra los propios intereses del pueblo español – en actividades que les están vedadas.

Ahora, cuando las estadísticas ponen en evidencia el desapego de la ciudadanía por sus políticos, sean del color que sean, salen a la palestra, con fuerza creciente, unos grupos de seudo anarquistas; de minorías radicalizadas y de corpúsculos ruidosos, rebeldes, intransigentes, amenazantes y dispuestos a asumir el protagonismo y la función de aquellos tres poderes de la democracia, Ejecutivo, legislativo y Judicial, que, según el “Contrato social” del escritor, político, botánico y pensador J.J Rousseau, eran los pilares independientes e imprescindibles para garantizar el buen funcionamiento de la “República”. Para dicho personaje: “Cada uno de nosotros pone en común su persona y todo su poder bajo la suprema dirección de la voluntad general; y cada miembro es considerado como parte indivisible del todo”. Es obvio que la conducta antisocial, consentida y vista como inofensiva, por l os poderes públicos, lleva anejo un componente anarquista que, de extenderse y tomar cuerpo dentro de la ciudadanía española, podría poner en cuestión al mismo Estado de Derecho y el modelo sociedad que, los propios españoles nos dimos, cuando entramos en democracia, mediante una Constitución, la de 1.978, aprobada mayoritariamente mediante un referéndum.

Cuando, los que tienen por misión la destrucción de la convivencia en España, aquellos que aprovechan las más mínimas ocasiones para subvertir el orden y los que buscan la desestabilización de nuestra democracia apelando, curiosamente, a ella para intentar, subrepticiamente, destruir nuestras instituciones, dividir nuestra nación y, con la excusa de la laicidad, desmantelar la ética y la moral para introducir el librepensamiento egoísta, coactivo y relativista, como instrumentos para destruir la actual estructura del estado democrático con la intención última de apoderarse de él para acabar convirtiéndolo en un estado totalitario, de los que tan buenos ejemplos tenemos en el Cono Sur americano y, particularmente, en naciones como Venezuela donde, como ha quedado patente, las propias instituciones han sido ocupadas por las huestes totalitarias del difunto señor Chávez y de sus sucesores.

Qué duda cabe de que, los acosos a los políticos del PP; o los que ya protestan porque algunas leyes que se tramitan en el Congreso de la nación no son de su agrado o aquellos que han tirado de los pelos a Isabel Pantoja, en un acto de barbarismo innecesario y absurdo, por estar en desacuerdo con una resolución judicial tomada después de un proceso legal y de conformidad con las leyes penales y procesales que están vigentes en nuestra nación; forman parte del intento de que, en España, se establezca un sistema paralelo, un modelo nuevo de lo que debe ser la institución de la aplicación de Justicia, basado en los juicios paralelos elaborados en las calles, sin disponer de los elementos de juicio, las pruebas precisas y los conocimientos legales necesarios, pretendiendo dar prioridad a la opinión, normalmente desinformada, parcial y morbosa de personas a las que, los manipuladores interesados, les han lavado el cerebro para que actúen como lo hacen.

Cien personas, mil o cien mil no representan más que una ínfima porción de los votantes y, por consiguiente, por mucho ruido que hagan, por muchas amenazas que profieran y por mucho que pretendan entorpecer la acción de la Justicia o la aplicación de las leyes vigentes o interferir en la labor legislativa del Congreso, carecen de autoridad y legitimación para convertirse en censores, ejecutores o transformadores de las tareas encomendadas, por la Ley, a los magistrados de la Justicia; a los cuerpos de orden o a la aplicación de nuestro ordenamiento jurídico que son, precisamente, aquellos organismos de que nos dotamos los demócratas para asegurarnos de que, tanto el gobierno de la nación como nuestros legisladores y los ejecutores de la Justicia, fueran los más capacitados para asumir las funciones que les atribuía la propia democracia.

El Gobierno de la nación y, en la parte que le toca, la oposición; deben actuar con contundencia para evitar que estas anomalías antidemocráticas consigan desvirtuar todo el sistema legal que garantiza el orden, las libertades y la opinión mayoritaria de los españoles manifestada en las urnas. El intento, en ocasiones apoyado por una parte de la oposición (que no asume su derrota y pretende recuperar el poder, después de haber puesto el país al borde de la quiebra), por medios ilegales, anticonstitucionales, espurios y, en ocasiones, contrarios a nuestros preceptos constitucionales; debe de ser zanjado sin concesiones por un Gobierno que, además, goza de una holgada mayoría en ambas cámaras lo que le permite utilizar todos los recursos legales que la Constitución le otorga; sancionando y aplicando multas elevadas para que, aquellos que se creen que pueden actuar impunemente para, valiéndose del derecho a la libertad de expresión, usarlo abusivamente para insultar, maltratar, asustar y coaccionar a aquellos que se niegan a someterse a sus chantajes, reciban el castigo que se merecen.

Las revueltas, los motines, las coacciones, los acosos y los intentos de subvertir el orden y apoderarse de las instituciones por medios ilícitos, nunca pueden ser consentidos en un país so pena de dejar en manos de los alborotadores y antisistemas, el control de las calles y el recorte de las libertades de los ciudadanos que cumplen con sus obligaciones legales. O esta es mi opinión, señores, respecto a un tema tan candente y preocupante.
Comentarios
Escribe tu opinión
Comentario (máx. 1.000 caracteres)*
   (*) Obligatorio
Noticias relacionadas

Noticias que impactan...

O ya no

Marta Rovira, feminista, lenguaraz, embustera y manipuladora

"Hay un límite donde la tolerancia deja de ser virtud” B. Burke

Patriotismo vs. pasotismo

“Cuando la patria está en peligro no hay derechos para nadie, sino sólo deberes” E. von Wildenbruch

La retirada de Trump del acuerdo sobre cambio climático y el movimiento social que desencadenó

Falta de educación

El respeto, la educación y los buenos modales se están perdiendo en los adolescentes
 
Quiénes somos  |   Sobre nosotros  |   Contacto  |   Aviso legal  |   Suscríbete a nuestra RSS Síguenos en Linkedin Síguenos en Facebook Síguenos en Twitter Síguenos en Google Plus    |  
© Diario Siglo XXI. Periódico digital independiente, plural y abierto | Director: Guillermo Peris Peris