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Etiquetas:   Momento de reflexión   -   Sección:   Opinión

Saber Vivir

La tarea de los padres de educar a los hijos es la más importante y la más olvidada
Octavi Pereña
martes, 16 de abril de 2013, 08:31 h (CET)
“El día que vas a un quiosco para comprar para tu hijo algo para que se le pase la rabieta, fomentas el problema”, ha dejado dicho José Miguel Bello. Lo que nos dice esta cita es que no debe consentirse a los hijos, dándoles todo lo que quieran y más de lo que necesitan. Se les debe hacer ver que sus deseos tienen un límite. Se les debe enseñar a convivir con las circunstancias que toquen, sean placenteras o desagradables.

Debido a un sentido equivocado de la paternidad se aplica una educación condescendiente que envuelve de algodón a los hijos para que sean más felices y la vida, con todas sus espinas, no les hagan daño. Con un paternalismo condescendiente lo que se consigue es convertir a la prole en flores de invernadero incapaces de resistir a heladas invernales y las sequías estivales. No están preparados para hacerles frente y cuando las escarchas y sequedades se presentan se encuentran indefensos sin saber que hacer. A menudo se inclinan por la salida más fácil que no siempre es la mejor.

Los hijos no nacen enseñados. Se les debe instruir por los senderos de la justicia. Deben aprender a distinguir entre el bien y el mal para decidirse por la bondad porque esta decisión, de permanecer en ella, los convertirá en hombres y mujeres que caminarán con dignidad por la vida con la cabeza bien alta, sin miedo a las acusaciones malvadas que se les puedan hacer.

El mundo en el que viven nuestros hijos está manchado por el pecado. Suceden cosas que hacen daño de verdad, no siempre dolores físicos, sino emociónales. A menudo se sienten traicionados por sus mejores amigos. Se sienten estafados. Cuando esto sucede, lloran, se encierran en sí mismos. No duermen. Se les ve cabizbajos, ensimismados. Dispuestos a hacer algún disparate, tal como lo hizo Gabrielle Joseph, la joven de 16 años que se suicidó arrojándose desde el andén a la vía al paso del tren. El motivo de esta decisión mortal fue que un amigo suyo canceló la cita para ir al cine. Quizás la joven se hizo ilusiones y al sentirse defraudada no supo convivir con una situación desagradable. Debido a que Gabrielle estudiaba para modelo es posible que fuese fuerte físicamente, pero endeble emocionalmente. La vida está llena de desengaños. Es muy posible que los compañeros de estudio de Gabrielle, sus padres y otras personas que la conocieron se preguntasen: ¿Cómo ha sido posible que haya cometido tal barbaridad? Si era una joven tan alegre,. Sacaba buenas notas, estaba tan ilusionada con ser una topmodel. Todo esto era la parte visible de su personalidad, lo que deslumbra. Su interior, con sus conflictos no resueltos que la convulsionaban solamente los conocía ella. Aprendemos a esconder muy bien las tempestades que rugen en las profundidades del alma. Lo hacemos con tal perfección que nadie sospecha de la turbulencia interior que sacude la paz emocional.

Con el fin de evitar que niños y adolescentes se decanten por la salida fácil de sus problema, que no siempre es la adecuada, se debe tener en cuenta su formación espiritual, educación, sea dicho, generalmente no se tiene en cuenta porque no se la considera valiosa para el mundo material en que viven, pero que resulta que es imprescindible para poder caminar serenamente en este mundo de aflicción. Formación espiritual no consiste en conocimientos generales de las religiones. Esta es una ventana más abierta al mundo de la cultura. Formación espiritual, básicamente consiste en mantener una relación íntima con el Creador por medio de su Hijo Jesucristo. Fruto de esta intimidad, Dios deja de ser un desconocido de quien se ha oído hablar, pero que no significa nada. Cuando por la fe en Jesús Dios se hace cercano, la persona asediada por conflictos íntimos que perturban la paz del alma, puede dirigirse a este Dios que se ha hecho amigo íntimo, pudiéndole decir: “¡Mira mi angustia y mi fatiga, ayúdame!”. 

Ahora ya no existe conflicto entre la voluntad divina y la humana que es la base de la paz mental. La persona que sostiene una estrecha amistad con Dios por la fe en Jesús traspasa a la espalda de Éste todo aquello que le agobia. El resultado de esta transacción es que el alma trastornada descansa. Encuentra el reposo que no le puede proporcionar la sociedad en que vive porque no sabe donde encontrarlo.
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