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Etiquetas:   Hablemos sin tapujos   -   Sección:   Opinión

República, si; pero no la suya, señor Cayo Lara

“La República es la forma necesaria de gobierno en los pueblos que son ingobernables”, Donoso Cortés
Miguel Massanet
martes, 16 de abril de 2013, 08:21 h (CET)
Hay un dicho muy conocido en el refranero que, no obstante, refleja con toda exactitud uno de los más comunes males de la humanidad. Reza así:”Guárdame señor de mis amigos que de mis enemigos ya me guardo yo”.

Y es cierto que hay casos en los que la peor propaganda le pueden hacer a una causa que, en sí, es defendible; el que, aquellos que pretendiendo apoyarla y defenderla usen argumentos, aleguen razones o fijen objetivos tan desafortunados, impropios e irrealizables que, por si solos, son capaces de hundir la hipótesis que se pretende apoyar.

Cuesta aceptar, para aquellos que simpatizamos con el régimen republicano, sin más adjetivos, que puedan existir nostálgicos, como el señor Cayo Lara o el señor Llamazares, que pretendan que España vuelva a aquella impresentable, desconcertante y fraudulenta República del febrero de 1.936, la república del Frente Popular, de pésimo recuerdo para cualquier republicano libre de prejuicios, decente y de derechas; por el gran perjuicio que le causaron a aquella institución, las bandas de incontrolados, presos liberados y sindicalistas de la CNT y7 la FAI que, armados con las armas robadas del cuartel de San Andrés, de Barcelona, sembraron el terror, asesinando, robando y torturando, no sólo a clérigos y monjas, sino que, en locura y ansias de venganza, rencores o por ser personas de buena a las que querían desvalijar, incluyendo a muchos republicanos de bien, fueron masacrados. Todo ello bajo la mirada impasible de las fuerzas del orden y de los políticos responsables de mantener el orden en las calles.

El que el señor Cayo Lara, beneficiado por la deriva descendentes de una PSOE que no acierta a encontrar la política que le permita remontar en las encuestas; no por méritos propios ( es difícil encontrarle a semejante personaje, una cualidad que destaque, dentro de su adocenamiento, ignorancia, obsolescencia intelectual y fanatismo partidista), sino porque los que huyen del socialismo, en franca regresión, buscan amparo más a la izquierda para luchar contra la derecha; se ha encontrado casi sin quererlo con el hecho de que su partido asciende en intención de voto y poco va a tardar, si Rubalcaba no lo remedia, en ponerse por delante de los socialistas algo que, sin duda es una mala noticia no sólo para los españoles sino para todos aquellos que queremos una España, si puede ser republicana, pero con todas las garantías de ser una democracia y no regresar a la República del señor Negrín, un lacayo del comunismo de Moscú, bajo cuyo mandato la República desapareció para entrar en el verdadero totalitarismo comunista bajo la órbita de la Unión Soviética.

La monarquía en España ha perdido el favor de los españoles, a pesar de que los viejos monárquicos, los periódicos afines y el propio Gobierno con el apoyo del señor Rubalcaba del PSOE, intenten propagar la especie de que, a pesar de los errores cometidos por la familia real durante los últimos tiempos. Nadie que esté en sus cabales y no se deje llevar por prejuicios políticos le puede negar a SM el haber tenido un papel importante en algunas ocasiones –y no me refiero, precisamente, al 23F un feo asunto en el que las responsabilidades de algunos, como el propio PSOE y la propia Corona, no han quedado clarificadas de modo que quedara clara la participación o intervención de cada uno de los personajes de esta tragedia –, incluso tuvo un gesto quijotesco haciendo callar al señor Chávez, aunque, posteriormente, el gobierno socialista de Zapatero le obligó a disculparse en un feo gesto de humillación ante el gorila venezolano.

El precipitarse en solicitar la abdicación del Rey o la caída de la monarquía, precisamente desde el partido comunista, la representación más emblemática del totalitarismo y la misma negación de la democracia; lo único a lo que conduce es a identificar una república con el comunismo o la extrema izquierda lo que, en modo alguno, tiene que ver con un régimen republicano como cualquiera de los que existen en Europa, en los cuales, los parlamentos democráticos acogen a derechas, izquierdas o liberales sin que ello suponga, como parece que quiere el señor Cayo Lara, volver al enfrentamiento, a cara de perro, de unos en contra de los otros con resultados, como los que comportó para España, aquella España ingobernable donde los odios despertados acabaron en aquella gran tragedia de la Guerra Civil.

La República tiene que llegar por su propio peso, por el entendimiento de la democracia como el gobierno del pueblo por el pueblo, sin que ello suponga ningún trauma social ni enfrentamiento alguno entre españoles. La propia institución democrática convierte en algo extraño, fuera de lugar, obsoleto y fuera de toda lógica el que, en el SigloXXI y en Europa, todavía subsistan estas viejas instituciones hereditarias, convertidas en iconos sin sentido y en fuentes, como hemos tenido ocasión de ver durante los últimos tiempos, de espectáculos que poco se acuerdan con las verdaderas funciones de una monarquía tal como il faut El señor Cayo Lara, en lugar de colaborar con sensatez en hacer ver al pueblo español que los republicanos son tan demócratas como los monárquicos; tan amigos del orden y tan respetuosos con la propiedad privada e, incluso, con todas las disposiciones de la actual Constitución, salvo en aquella parte en la que los padres de la patria introdujeron la Monarquía como una de las instituciones más, dentro de la democracia; algo que no deja de ser una paradoja si lo que exige la democracia es que todas las instituciones del país deban ser elegidas por el pueblo de forma democrática y a través de unas elecciones libres.

No se puede, como parece que algunos se empeñan en hacer, deslegitimar a una institución, la República, sólo porque en febrero de 1.936, en unas votaciones fraudulentas, la izquierda se apoderara del poder, queriendo legitimar aquella usurpación, dándole el nombre de República, cuando el propio Frente Popular y el totalitarismo que imprimió desde el primer momento a sus acciones, no fueron más que una mala réplica de un gobierno legítimo; algo que quedó confirmado cuando se demostró que la gobernación del país se convirtió en imposible y que, ni la policía ni el Ejército, fueron capaces de mantener el orden en las calles, evitar la toma de las calles por bandas de criminales y ser incapaces de mantener un gobierno que fuese capaz de instaurar la paz, poner en vereda a los sindicatos y evitar la ola de crímenes y robos que se contagiaron a todo el territorio nacional.

No queremos que un sujeto impaciente, sectario y poco informado, como el señor Cayo Lara, simplemente por lucimiento personal, en un momento en el que España necesita tranquilidad y sumar en lugar de restar; nos salga con su particular concepto de lo que es la república. Son muchos los seguidores de Gil Robles y su CEDA que, junto a republicanos como don José Ortega y Gasset, Gregorio Marañón, Pio Baroja y otros muchos insignes personajes, que se manifestaron en contra de aquella República y, por ello, tuvieron que exilarse de España; los que pensamos que, para C.Lara, un comunista, la República no representa más que una reedición de lo que ellos entienden por democracia o sea: el absolutismo comunista. Las legítimas aspiraciones de aquellos que, dentro de la democracia, piensan en dar entrada a una República, sin banderas teñidas de luto ni imposiciones sectarias; rechazan esta intromisión desafortunada del señor Lara. O esta es mi opinión, señores, contraria a toda acción que pudiera poner en peligro la recuperación de nuestro país y el bien de todos los españoles.
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