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Etiquetas:   Tribuna de opinión   -   Sección:   Opinión

III República

El advenimiento de la III República en España sería inevitable, si no fuera porque las cuestiones locales están sometidas a la guerra subterránea que sostienen las elites para establecer el Gobierno Mundial
Ángel Ruiz Cediel
@angelruizcediel
lunes, 15 de abril de 2013, 12:19 h (CET)
La III República debería haberse establecido en España cuando las bandas políticas se reorganizaron como una orquesta para armar aquella cosa de la Transición, en la que en realidad instauraron el Sistema Global de la polarización social en dos partidos, ambos controlados por el mismo poder. Que la monarquía no tiene razón de ser en los tiempos actuales, es algo que cae por su propio peso, especialmente cuando el poder, supuestamente, es democrático. Sin embargo, no tiene que olvidarse que la República, que ha sido siempre la aspiración masona como fórmula de gobierno para establecer sus principios sociales de igualdad, fraternidad y libertad, han sido ampliamente superados, y su objetivo a estas alturas de los tiempos ha subido ya un escalón. Ya no aspiran a una fórmula de gobierno en tal o cual país, sino que ya aspiran al Gobierno Mundial, y pretenden establecerlo por la vía de la economía.

El soldado que lucha en una guerra desconoce los planes del Estado Mayor. Nada más que combate, que es su trabajo, y no comprende en absoluto qué objetivos está cubriendo o no, sencillamente porque está dentro del problema y le falta perspectiva de conjunto. La mente directora está por encima de los combatientes, y de ninguna manera filtra más información que la imprescindible. A los masones, mormones y otras mil organizaciones piramidales, incluidos los famosos Iluminatti, les viene a suceder más o menos lo mismo, y es con el tiempo y la militancia como van ascendiendo en la organización, adquiriendo el conocimiento de ciertos secretos que se les van desvelando con cada elevación de grado, de modo que van asumiendo principios que son completamente ajenos e incluso contrarios a lo creían cuando eran adeptos o aprendices, porque durante todo ese tiempo de militancia activa les han ido “reeducando”.

El fin no suele tener nada que ver con el principio, y el adepto en este proceso es reconvertido paso a paso. Es cierto que la III República en España es muy deseable, que la población en general desea un cambio de rumbo porque sabe ya a ciencia cierta que se tomó un camino equivocado y que, sin darse cuenta, les han robado la soberanía. Y lo desea aun superando sus miedos ancestrales a las consecuencias de la reacción del otro poder, la cual provocó que, a renglón seguido de la proclamación de las otras dos repúblicas, se verificaran sendos baños de sangre. No es el caso ahora, y mucho menos en el actual contexto; pero se olvide que los contextos cambian, y que pueden hacerlo de la noche a la mañana.

El mayor problema con que se encuentra la III República para su proclamación, pues, no es la población, sino los poderes. La corrupción ideológica de los partidos tradicionalmente republicanos, ya los encadenan férreamente a un orden contrario a su existencia, y ellos ya son esclavos de quienes han ido organizando el escenario mundial para implantar el Nuevo Orden, el Gobierno Mundial. Manipuladores que utilizan como herramientas la economía y esa misma corrupción, empeñándose en un colapso del sistema que procure, por una parte, un estallido social de enormes consecuencias, el cual sería utilizado para, por la otra parte, para forzar su implantación por las bravas. Es decir, quienes manejan los hilos del poder necesitan un conflicto severo que justifique la involución del propio sistema de libertades hacia lo que es precisamente lo contrario. La correspondencia de los contrarios, lo nombran ellos.

En mi anterior artículo publicado en este blog, un lector, probablemente cubano, se quejaba de que cuando escribía acerca de la socialización de la vivienda y los dineros estaba proponiendo algo parecido a la experiencia de Cuba, de la cual ya renegaba porque eso ya lo había vivido; pero no, nada que ver. Más allá de que la revolución cubana fracasó no por los cubanos, sino precisamente por el capitalismo que los asfixió, siempre he sostenido que los “ismos” esos son anacrónicos y no tienen ya nada que aportar. Ni el socialismo, ni el comunismo ni el mismo capitalismo, caben en el mundo actual, pero no solamente para la población, tampoco para los que actualmente controlan el mundo. No solamente no tienen sentido, sino que su propia existencia es un atavismo que apenas si sirve como medio de dispersión. Los mismos gobiernos supuestamente capitalistas, como hemos visto en Argentina o en Chipre, expolian a sus propios ciudadanos de sus propiedades y dineros, y lo hacen sin el menor pudor y por la fuerza, atentando contra el propio sistema que aparentemente defienden.

Y no, no atacan al sistema que defienden, sino que advierten con sus propios actos por dónde van sus intenciones: la eliminación del sistema económico y la supresión de lo que otrora fuera el lema sagrado: igualdad, fraternidad, libertad. Todas las leyes, todas, producidas desde el cambio de ciclo que se produjo en 2010 (lea gratis en este blog Sangre Azul (El Club), capítulo 2) van orientadas a un control dictatorial de la economía y la libertad, ya sea individual o colectiva. Los tiempos han cambiado con el cambio de naipe: el objetivo anterior estaba cumplido y ahora toca el siguiente. Los ensayos han concluido y la cuestión va a ir progresando aceleradamente. Por un lado, van a menudear cada día más los escándalos de corrupción —muy ciertos— para agotar el sistema y desacreditar a los políticos —merecidamente—; por otro lado, se va a ir evidenciando que la propiedad no representa nada porque en cualquier momento puede ser expoliada por el poder —juéguense lo que quieran a que la experiencia argentina y chipriota se va a repetir en España, Grecia, Italia y Portugal, como paso siguiente, entre lo que queda de año y el que viene—; y por otro más, desde todos los poderes se va a confluir en la demanda de un Gobierno Mundial y un nuevo sistema económico global —con toda seguridad dinero electrónico, que hará prisioneros del sistema a todos los que lo tienen incluso fuera del sistema bancario, y en este sentido, según mi opinión el bit-coin es un ensayo—, ya sean gobiernos locales, macronacionales e incluso Iglesias, como la misma católica está haciendo desde hace algunos años para que el mensaje vaya calando por vía social y divina. La suerte, está echada.

Naturalmente, para que el Gobierno Mundial sea posible, además de todo lo anterior, concerniente casi en exclusiva al orden occidental, es preciso forzarlo en el resto del mundo. Ya he dicho en Sangre Azul (El Club) que a veces los contrarios no lo son, incluso aunque peleen y se maten sus ejércitos. A poco que se esfuercen, como explico en esa novela —de 2002, no se lo pierdan—, los mismos símbolos se repiten en ambos bandos desde el poder —los colores blanco, azul y rojo de sus banderas; los pentagramas o estrellas flamígeras, las de cinco puntas; el Ojo que todo lo ve, los símbolos isíacos y de origen pre-egipcio; etcétera—, de modo que aunque contrarios, se encaminan a una misma síntesis y un mismo resultado. La tensión que actualmente se está generando con lo de Corea va en este sentido, ya veremos si con conflicto ABQ incluido, porque uno de los requerimiento del próximo sistema es la merma considerable de la población, o, lo que vale lo mismo, la despoblación de buena parte del parte del planeta. A lo mejor, ahora cobran sentido todas esas ciudades que los chinos, entre otros, han estado construyendo en África, Gobi y otras esquinas de la Tierra, y todas esas ciudades subterráneas con capacidad para albergar a cientos de miles de personas. La otra opción, la del ataque extraterrestre, es ya viable desde el punto de vista técnico, encuadrado dentro del proyecto Blue Bean que muchos conocen. O una confluencia de ambos.

En 2023 termina la culminación de este objetivo, y no tengan ninguna duda que lo lograrán. Solamente tienen que mover a sus actores, y han ido colocando sus fichas muy cuidadosamente a ambos lados, para confluir en cada instante en los puntos que tienen asignados, en algo parecido a un concierto. Por todo ello, y sin ánimo de pincharle el globo a nadie —a pesar de que creo que el sistema adecuado que nos debiera corresponder sea la Deontocracia, siempre he tenido una enorme simpatía por la República, no tienen más que leer mi obra literaria—, no creo que sea posible, habida cuenta del derrotero que ha tomado la Historia. Ya es tarde. Y en cuanto al capitalismo, quiero a ese cubano que se quejaba y a todos los partidarios de él, por más que sean de derechas de toda la vida, que apelando a su capacidad intelectiva, piensen si no es el capitalismo el que ha traído todos los males a la humanidad, ya que se sirve de la codicia, la ambición y la egolatría para existir, ignorando que una parte muy pequeña de lo que representa hubiera podido terminar con el hambre, la enfermedad y el dolor en el mundo. Obtener dinero o recursos a costa del sufrimiento de otros, verdadera base del capitalismo, ya no debiera ser de recibo.

Muchos de los personajes de mis novelas —existentes y vivientes en el universo paralelo de mi creación literaria— se regocijarían llorando de júbilo si llegara a proclamarse la III república en España; pero, lo digo con inefable dolor pero con la certeza de comprender lo que nos están preparando, eso no va a ser posible porque ya no hay tiempo. Para que los que tienen dineros y propiedades sigan teniéndolo, créame que un poco más, pero muy, muy poco. Vayan mentalizándose de que todo ese poder que les han producido los billetes de banco se terminará enseguida, poco importa que lo tengan ingresado en bancos, de donde se lo pueden arrebatar con un simple decreto, o escondido en su casa, donde perdería todo su valor con el simple establecimiento de una moneda electrónica, que ya está definida y programada. Y a los adeptos de organizaciones sociales o religiosas me gustaría hacerles un llamado a su inteligencia: miren más allá de donde están y procúrense una visión desapasionada del conjunto —por sus frutos los conoceréis—, porque la peor de las mentiras es la media verdad, ya que a la mentira enseguida se la descubre, pero la media verdad puede ser tan intoxicadora como eterna.
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