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Etiquetas:   Internacional   Paraguay   -   Sección:   Opinión

ABC color cosecha los fracasos de la delirante soberbia

La soberbia y el triunfalismo siempre han sido malas consejeras del poder, incluido el mediático
Luis Agüero Wagner
@Dreyfusard
lunes, 15 de abril de 2013, 09:12 h (CET)
Ya un filósofo medieval había advertido que la soberbia no es grandeza sino hinchazón, aunque tal disquisición aún no ha pasado por la mente de los exponentes del poder mediático en Paraguay.

Como este orgullo inflamado nubla la visión para leer la realidad, es de esperar que siga la cosecha de fracasos de este puñado de delirantes y soberbios testigos de otras épocas. Los tropiezos ya se han empezado a notar, a pesar de la cosmética periodística, y la lógica indica que seguirán aumentando en cantidad y en frecuencia.

Lo demostró el senador Jorge Oviedo Matto la semana pasada burlándose de la delirante pretensión de Aldo Zucolillo y ABC color, que anunciaron su destitución como titular del Senado. Oviedo Matto aseguró que todas estas publicaciones cesarán luego de las elecciones del 21 de abril, dado que son de un tinte puramente electoralista, y que el tema central no es la sobre-facturación en la compra de tierras del Indert, sino el "golpe mediático" que desean dar sus adversarios en la previa a las elecciones del 21 de abril.

Últimamente se ha vuelto rutina que ABC color publique sobre supuestas destituciones que no se concretan, y que solo existen en la imaginación de su director.

Fue lo que sucedió con Rubén Quesnel, cuya destitución ABC color anunció con enormes titulares a total destiempo, pues el presidente del INDI se retiró voluntariamente de su cargo con un mes de diferencia en relación al anuncio de Zucolillo, y solo para aclarar las acusaciones de tinte electoralista que recibió en el marco del proceso electoral paraguayo. Con total desprecio por las publicaciones de ABC color, y la insistencia de los periodistas con las intenciones de patrón, el presidente Federico Franco aprovechó la semana santa para meditar sobre otros temas, y luego viajó a España y Estados Unidos por una semana. Finalmente, al volver, dejó nuevamente pasar una semana para mayor ridículo de Zucolillo.

En el mes de diferencia del anuncio en falso, ABC color también publicó detalles fantasmáticos sobre una conferencia de prensa a la que no asistió ninguno de sus periodistas. Fue uno de los papelones más grandes en la historia del periodismo paraguayo, y una muestra del desprecio que sienten por sus lectores.

Es un popular dicho que no hay peor ciego que aquel que no quiere ver, a lo que yo añadiría que no hay peor enceguecido que aquel que ignora el paso del tiempo. La incapacidad de aggionarse ha sido siempre determinante, incluso para el desplome de los imperios.

Tan decadente hoy se encuentra el medio impreso que nos ocupa, y tanto han mermado su alcance y poder, que debe apelar al permanente e intenso lobby del abogado Felino Amarilla ante los demás propietarios de medios y políticos para intentar instalar temas y lograr objetivos cada vez más modestos.

Otro fracaso de la delirante soberbia que ya lleva décadas añejándose es la campaña contra Petropar, reflejo de la amargura del empresario de medios que perdió el negocio de combustibles varias décadas atrás.

El presidente Federico Franco ha sido escueto, respondiendo que se trata de simples ataques personales. Y demostró lo muy poco que le conmueven las denuncias de Zucolillo publicando su foto saludando efusivamente a Sergio Escobar, el responsable del ente, con un epígrafe donde elogiaba su gestión. “Don Sergio Escobar cumple un buen trabajo en Petropar. Bajamos el precio de la nafta y el gasoil. Hechos, no palabras” fue el único comentario que ABC logró arrancar al presidente de la república tras gastar en tinta el equivalente al volumen de agua del río Paraguay.

El fracaso de las campañas contra Petropar prácticamente duplica en antigüedad a las que Zucolillo realiza desde al menos dos décadas contra el senador Juan Carlos Galaverna, quien lo sigue humillando ininterrumpidamente durante todo este lapso.

No hay indicadores que el rumbo cambie, sobre todo porque estamos hablando de personajes que ya crecieron torcidos y hoy son exponentes de la Tercera Edad.

Ya Quevedo advertía que la soberbia nunca baja de donde sube, sino que cae. Y Nicolás Tommaseo añadió la paradoja de que aunque la soberbia es el vicio más frecuentemente castigado, difícilmente pueda alguna vez encontrar remedio.

Todo parece indicar, pues, que seguirá de manera ininterrumpida la cosecha de fracasos de la delirante soberbia.
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Le Dreyfusard 15/abr/13    14:37 h.
Le Dreyfusard 15/abr/13    14:37 h.
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