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Cuidado con los “escraches”

De ser un indignado a pasar a la condición de nazi, solamente hay una pizca de distancia
José García Pérez
jueves, 11 de abril de 2013, 11:27 h (CET)
Aunque viene de antiguo, el vocablo escrache, en jerga política, se usa por vez primera en Argentina durante los años 90 del pasado siglo para denunciar a los políticos y militares argentinos que tuvieron algo que ver, o demasiado, con las desapariciones y posibles asesinatos ocurridos en tierra de Maradona y Messi.

Ustedes-nosotros que somos casi idénticos con ramalazos de izquierdas y derechas, que vienen a significar lo mismo ya que es la economía la que manda en estos momentos, a la hora de importar términos y acciones no nos fijamos en el cambio que puede suponer el traslado de ellos a nuestro territorio.

Que estamos indignados o cabreados con la política reinante es una verdad absoluta en la que todos coincidimos, pero de ahí a la manera de demostrar ese maldito malestar hay diferencias significativas, y la instauración del llamado “escrache” es una prueba evidente de ello.

De tal forma que de ser un indignado a pasar a la condición de nazi solamente hay una pizca de distancia, la suficiente para confundir al político de turno con los familiares del mismo, sean hijos, compañeros o compañeras o los mismísimos nietos, familiares ellos que nada tienen que ver con lo que realizan los sentados en las poltronas del Congreso de los Diputados; lo del Senado es cuestión aparte porque ya sabemos que ni pinchan o cortan, aunque cobren magníficos estipendios.

Casi todos lo vivientes de hoy hemos visto en alguna que otra película o leído en alguna novela o comprobado en personas conocidas, como los nazis localizaban a judíos a los que, de forma malvada, pintaban sus puertas o las fachadas de sus casas para señalar su condición de personas no grataa al régimen hitleriano; algo de ello ocurre cuando grupos de ciudadanos españoles se desplazan a domicilios de miembros del PP para señalarlos como culpables de la crisis que acaece por estos pagos de insolidaridad.

Bien harían los más indignados, me encuentro entre ellos pero sin el añadido más, en medir bien sus acciones de protesta porque, sin darse cuenta, pueden caer en la sinrazón de señalar a los que nada tienen que ver, me refiero a familiares, con la funesta situación que vivimos.
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