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Volar más alto y más rápido que nadie

Pelayo López
Pelayo López
martes, 18 de julio de 2006, 01:11 h (CET)
Finalmente, la huelga de los pilotos de Iberia no completó el ciclo previsto, y la normalidad, en la medida de lo posible, regresó antes de lo esperado a los aeropuertos de nuestro país. De la semana anunciada, sólo hicieron falta 3 días para que todas las partes llegasen a un acuerdo. La razón y el diálogo, esperemos que sirvan de precedente generalizado, han devuelto las aguas a su cauce, y es que la marejada parecía verse a la vuelta de la esquina y la bola de nieve podía volverse contra ellos mismos.

A nadie le gusta que le estropeen las vacaciones veraniegas, que para eso se trabaja todo el año, pero lo cierto es que, por otro lado, todo el mundo tiene derecho a ir a la huelga, uno de esos logros conseguidos con tanto sacrificio. Cuando uno es el huelguista, las cosas se ven desde otro prisma. No es lo mismo sufrir los servicios mínimos que ser parte implicada. Muchos achacan a los pilotos sus condiciones laborales fuera de lo normal: ganan el doble que el Presidente del Gobierno y son de los mejor pagados del mundo -y eso sin contar que apenas trabajan 60 horas al mes-, disfrutan en hoteles de lujo de sus escalas, su transporte hasta el centro de trabajo les sale gratis… Uno se pregunta, si los pilotos son el 8% de trabajadores de Iberia y cobran el 24% de los salarios de la aerolínea, ¿y el otro 92% de empleados trabaja en las mismas condiciones? La respuesta, ofrecida por los propios interesados, es, por supuesto, negativa.

Y ahora, para colmo, conocemos que unos científicos han conseguido crear esperma a partir de células madre de embriones de ratón. Si se acuerdan de “Super-Ratón”, aquel dibujo animado que decía “no olviden supervitaminarse y supermineralizarse”, quizás más de uno piense que los “superratones” vuelan en cabinas de avión. Y lo de la fuerza también es interesante, porque los pilotos, no creo que haya nadie que no se haya dado cuenta, la tienen. Lo que los demás deberíamos preguntarnos es porque a ellos se les garantizan unas sustanciosas condiciones laborales, al menos hasta el 2010, y el resto tenemos que vivir con la espada de Damocles del mercado en la nuca. Será porque nuestro país es diferente, y lo es en muchos ámbitos. Lippi y Klinsman, seleccionadores de Italia y Alemania -países campeón y tercer clasificado en el reciente Mundial de fútbol-, han abandonado sus banquillos porque así lo habían asegurado antes de la gran cita deportiva. En España, seguimos sin cumplir promesas. No llegamos a cuartos, pero seguimos. Ya ven, hay cosas que nunca cambian, como, aunque sólo sea en sueños, volar más alto y más rápido que nadie.

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