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Etiquetas:   Batallas reflexivas   -   Sección:   Opinión

Monarquía o república, sólo un debate más

El pasado no es suficiente, la gente necesita de algo más para tener fe en un sistema
Manuel Mariscal Zabala
@MariscalZabala
martes, 9 de abril de 2013, 08:27 h (CET)
Es difícil poner de acuerdo a los españoles. Están los taurinos y los antitaurinos, los proabortistas y los providas, los que se indignan en las calles y los que se indignan solo en casa, los que fuman y los que quieren que el tabaco desaparezca de la vida pública, los que creen que la Iglesia debe pagar el IBI y los que marcan la X en la declaración de la renta para que esta puede continuar con su labor, y así podríamos citar un largo etcétera.

Pero esto no es una característica de la España actual. El consenso es una palabra que pocas veces se puede usar para describir un periodo histórico de nuestro país. Antes incluso de que existiera como nación, ya había división, por ejemplo, entre los que habitaban en la Península Ibérica que aceptaron a los romanos, y los que lucharon hasta la muerte para evitar su invasión, como en el asedio de Numancia; y ya siendo España un país, entre los afrancesados y los que expulsaron a José Bonaparte, los isabelinos y los carlistas, entre los republicanos y los monárquicos, los germanófilos y los aliadófilos, entre los defensores —con distinto fin— de las Segunda República, y los que se levantaron contra ella. Y así, de nuevo, un largo etcétera.

En los próximos días, cercanos al 14 de abril, fecha en la que se conmemora la proclamación de la fallida Segunda República, supongo que habrá especiales y debates televisivos, tertulias radiofónicas, artículos de prensa y revuelo en las redes sociales entre los que están a favor de la monarquía y los que lo están de la república, los que pedirán la cabeza del Rey por sus equivocaciones recientes y los que defenderán su figura, los que le pedirán que abdique en su hijo Felipe y los que desearán que muera con las botas puestas y así, de nuevo, un largo etcétera.

Esto será un hecho, aunque yo desearía que me esté equivocando. Y me explico. Ahora, en un momento de grave crisis económica, con los nacionalismos periféricos queriendo aprovecharse de España equivocando a los ciudadanos para que les voten, perjudicando el interés de todos, y con una clase política desprestigiada deberíamos dejar a un lado ese debate, entre república y monarquía, y mantener un sistema que ha demostrado su rentabilidad para España. Es decir, no dejarse llevar por los que defienden la implantación de un sistema incompatible con la historia de nuestro país, y cuya supuesta implantación no nos trae buenos recuerdos, sobre todo en la segunda ocasión.

Hubo dos veces en las que los españoles sí se pusieron de acuerdo y de las que podemos aprender mucho. Una, durante la Guerra de la Independencia, en que con un sentimiento patriótico nuestros antepasados lucharon contra el ejército invasor y consiguieron expulsarlo, no antes sin erigir la primera constitución española, utilizada como ejemplo para otras naciones en la realización de sus textos constitucionales. Y en otra ocasión, después de un periodo en donde la libertad era una esperanza y la unidad ideológica en la sociedad una obligación, los españoles se pusieron de acuerdo para iniciar una nueva etapa en la historia de España: la transición democrática tras el franquismo. Y la complicada tarea de poner de acuerdo a dos sectores antagónicos la logró Don Juan Carlos I, que inició —y que desde entonces reina—, el periodo más libre y democrático que ha existido sobre la Península Ibérica en toda su historia. Y que sirvió como ejemplo para la historia universal como buen ejemplo del paso de una dictadura a una democracia con consenso.

Sé que el pasado no es solo suficiente, que la gente necesita de algo más para tener fe en un sistema. Es legítimo que se tenga un pensamiento republicano, pero no lo es menos defender una monarquía que nos da estabilidad en tiempos movedizos. Y más cuando sabemos que es un elemento de unión, entre unos españoles tan polarizados. Y más aún en momentos en los que se destapan casos de corrupción, y en los que la Familia Real, que también se ha visto afectada por ella, ha sabido desligarse de estas malas prácticas con un autocontrol de freno y límite. El ser humano necesita mirar también a largo plazo en busca de seguridad, y para ello nada mejor que un sistema hereditario, que no piensa en las futuras elecciones sino en las próximas generaciones que apoyen su labor. Por tanto, en mi opinión, habría que dejar el tema de la república en la nostalgia de unos cuantos, que es donde mejor está. Como ya dijo Emilio Castelar, presidente del poder ejecutivo de la Primera República española: "Qué bonita es la república en tiempos de monarquía”.
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