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Etiquetas:   Hablemos sin tapujos   -   Sección:   Opinión

Sánchez Camacho, ¿un topo nacionalista en el PP catalán?

"El malvado descansa algunas veces; el necio jamás", José Ortega y Gasset
Miguel Massanet
martes, 9 de abril de 2013, 08:18 h (CET)
Puede que una de las cosas que más me incomoden de los políticos, no de todos, afortunadamente, pero de aquellos muchos que, precisamente, pretenden ser los más convencidos de sus ideas, los más afines a su partido y los más críticos con sus adversarios en las lides políticas y es, la gran facilidad con la que saben, según las circunstancias y sus propios intereses, variar de opinión, cambiar de razonamiento y defender puntos de vistas contrarios a los que, en otros momentos , defendieron con la misma fe y entusiasmo. Esta hipocresía, este oportunismo y esta contradicción de principios respecto a aquellas promesas electorales sobre temas que, cuando se postulaban para ser elegidos, juraron con calor defender contra viento y marea es, evidentemente, la peor jugada que se le puede hacer a un ciudadano que los votó. Por desgracia, en esta misma legislatura, los que votamos al PP hemos podido comprobar como muchas de las promesas que se nos hicieron o no se han cumplido o han sido abandonadas en el baúl de los ofrecimientos olvidados o se ha actuado de forma diametralmente opuesta a aquella en la que se nos dijo que se haría.

Y, en este contexto, nos podríamos referir a la señora presidenta del PP de Catalunya, doña Alicia Sánchez Camacho, una de esas políticas a las que las fuerzas se les escapan por la boca y las ideas parece que le bailan dentro de su cabeza de tal modo que, tan pronto defiende una postura como cambia de parecer, según le parece que le conviene, y mantiene toda la contraria. Y no es la primera vez que, en este avispero en el que se ha convertido la política catalana, ha estado dando una de cal y otra de arena. Si, cuando el señor Mas comenzó su truncada legislatura, no tuvo inconveniente, aún sabiendo cómo se las gastaba el sujeto y sus clara pretensiones separatistas, en apoyar unos presupuestos de la Generalitat, argumentando que lo hacía en beneficio de “la gobernabilidad de la autonomía catalana”; no se le ha visto, en ninguna ocasión, como una defensora a ultranza de la enseñanza en castellano, de los derechos de los padres a exigir que sus hijos sean escolarizados en castellano o en exigir al gobierno de la Generalitat que cumpliera con las diversas sentencias de los tribunales de justicia respecto a la enseñanza del castellano y otras materias igualmente importantes.

Ahora que los gobernantes catalanes ya se

han quitado la careta y se han manifestado de forma clara y concluyente como partidarios del “ derecho a decidir” y de celebrar una consulta popular para poner en cuestión si Catalunya debe continuar siendo española o si, por el contrario, tiene que cortar amarras y empezar a navegar por sí sola en una singladura, como “nación independiente”; la señora Camacho nos da una nueva lección de cómo se han de crearle más problemas a España, apostando por una financiación especial” para Catalunya, llegando a amenazar con romper la disciplina de voto si no se atiende su petición. Ha dejado claro, en una de sus demostraciones de histrionismo político que tanto le gustan, que está dispuesta a defender en Las Cortes, aún a costa de enfrentarse a la opinión de su propio partido la “tesis de los populares catalanes sobre la nueva financiación de Catalunya”. ¡Un momento muy oportuno, si señor! A no ser que, puestos a pensar mal, se le haya asignado, por el partido, la conocida misión de “policía bueno” para intentar ganarse las simpatías de los catalanes. Un sistema que ha fracasado cada vez que han pretendido usarlo para debilitar a CIU.

Es decir, según la información que tenemos, les dijo a sus compañeros gobernantes del resto de autonomías, con mayorías del PP, que se las arreglen como les sea posible para sacar adelante la financiación de sus respectivas autonomías, pero que ¡cuidado! que no interfieran en las negociaciones bilaterales entre Catalunya y el Estado ni pretendan protestar si, a esta última autonomía, se le conceden condiciones especiales respecto a las otorgadas al resto. Luego se pone la careta de defensora del españolismo en la comunidad catalana, para dirigirse al señor Mas para que abandone el proyecto soberanista ya que “ni con amenazas y ni con ofensivas de ruptura de España se consigue nada”. El eterno problema de nuestros gobernantes, que se creen que nos la pueden dar con queso en cada ocasión en que les da la gana.

Lo que ocurre es, señores, que con todas estas posturas equívocas, con estas cesiones, coloquios o conversaciones a distintos niveles, lo que se está logrando es que, dándoles el dinero a espuertas a los señores de la Generalitat, no sólo se está incurriendo en un grave agravio comparativo respecto al resto de autonomías de España, contando con las del propio PP; sino que se incurre en la contradicción de que, las autonomías que han conseguido ajustarse al límite del déficit que se les fue impuesto por la Ley de Estabilidad Financiera, aquella que, un furibundo señor ministro de Hacienda, don Cristóbal Montoso, prometió hacer respetar; aunque ello requiriera la intervención en las autonomías para hacer que se mantuviera. No obstante, existe otro aspecto que todavía resulta más bochornoso. Se les está dando un trato de favor, se cede a sus demandas de liquidez y se les trata con guante blanco a unos señores, los gobernantes catalanes que, desde que el señor Mas está en el poder, tanto antes como después de las últimas elecciones catalanas, han estado amenazando, en todos los ámbitos en los que se han movido y en todos los medios de comunicación que les son afines, un 90% de los que se publican en territorio catalán, con separarse de España, para lo cual piensan acudir, como medida “democrática”, a consultar a los catalanes sobre si desean independizarse del resto de España.

Lo que sucede es que, como dice el refrán “Una cosa es predicar y otra es dar trigo” y al señor Rajoy y su Gobierno les coge el tembleque cada vez que se les mienta el problema catalán y, por ello, intentan darle largas al tema con la pueril y absurda creencia de que el tiempo será suficiente para solucionar algo que está muy lejos de que se produzca, o sea,: que el sentimiento independentista se vaya difuminando, cuando lo cierto es que, la Historia nos vienen indicando que, desde hace ya muchos años, está latente en una gran parte de la ciudadanía catalana y que, si ahora ha repuntado con fuerza, es sólo porque la debilidad de los últimos gobiernos de la nación, ha favorecido que la hábil propaganda de los nacionalistas haya calado con más fuerza que en otras ocasiones. Si se continúa cediendo, si se enredan dialogando o si se espera que “a la gallega” se solucione el tema catalán, sin apelar a los mecanismos constitucionales ¡ a todos ellos!, es posible que se llegue tarde y, los hechos consumados, hagan más difícil y traumático recuperar el tiempo y la autoridad perdidos.

No, con cesiones como las que propone la señora Camacho, lo único que se logra es que, cada día, se vaya emponzoñando el tema y adquiera más virulencia el sentimiento catalanista. Como dijo don José Ortega y Gasset, cuando criticaba el radicalismo de la República de 1.931 que apenas lleva 3 meses en el poder, en un artículo “Un Aldabonazo” publicado en el Crisol, en cuyo último párrafo se podía leer lo siguiente: “Una cantidad inmensa de españoles que colaboraron con el advenimiento de la República con su acción, con su voto o con lo que es más eficaz que todo esto, con su esperanza, se dicen ahora entre desasosegados y descontentos:¡No es esto, no es esto!” Alguien debiera reflexionar sobre sus responsabilidades de gobierno y pensar “No es esto, no es esto”. O así es, señores, como pienso yo al respecto.
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