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Etiquetas:   Ni éstos ni aquéllos   -   Sección:   Opinión

Garzón ya juzga de nuevo

Juan Pablo Mañueco
Juan Pablo Mañueco
lunes, 17 de julio de 2006, 01:15 h (CET)
LA REUNIÓN PÚBLICA entre Pachi López y Arnaldo Otegui del jueves 6 de julio ha servido también para la reaparición en escena del juez de largo alcance, Baltasar Garzón, al que, como resulta fácilmente comprensible en el curvo y encorvado mundo de la Politiley o Justicia, las distancias cortas no se le ponen a tiro de auto.

Este flechador inverso, al que ya juzgamos racionalmente de manera bastante con lo que acaba de pronunciarse, sin necesidad de que analicemos la organización mental de su Derecho, gusta de la “Justicia” Universal cuando se trata de empapelar a viejos dictadores caídos en desgracia.

Ahora bien, a los viejos dictadores todavía en el poder que siguen perpetrando sus satrapías contra los ciudadanos españoles o nativos de sus países, ya les empapela menos. Nada, en realidad, no vayan a disgustarse y se desbarate algún negocio.

Por no hablar de otros viejos delincuentes que en su momento le enaltecieron con su dedo político hasta excelentes cargos, a los que no empapela tampoco, sino que les ampara y protege.

Pues bien, Baltasar Garzón, ante el encuentro de Pachi y Arnaldo, ha razonado así para bendecirlo legalmente: La reunión ha sido pedida por el PSE, y un partido legal puede reunirse con quien quiera...

El raciocinio de Garzón sería correcto... si no supiéramos todos que la reunión fue no pedida, sino exigida por ETA/Batasuna desde hace mucho tiempo y por todos los medios públicos que desplegaron para conminar a Pachi a hacerlo.

Garzón ya está dando buenas pruebas de sus juicios, y juzgo yo que pronto vamos a echar de menos a quien fue su sustituto, mientras el juez de largo alcance se encontraba en Nueva York, donde habrá practicado cualquier cosa... menos la Lógica.

De manera que va concluyendo un año judicial que ya cuando comenzó, allá por el otoño, anunciamos que iba a ser patético. Pero que ha desbordado todas las previsiones imaginables.

El politijuez Hernando, presidente del Supremo y del CGPJ, ha dado muestras de su nivel cuando criticaba el Estatuto de Cataluña, prácticamente en lo único en que no es criticable, o cuando defendía la actuación de la policía londinense que abatió a tiros a un usuario del metro, que nada tenía de terrorista, sino que simplemente pasaba por allí, con cara de brasileño.

Por su parte, el politifiscal Cándido, el pomposo Conde e inenarrable Pumpido, ha dado todo un recital de lo que no debe ser un defensor del Derecho, aunque sí tiene que ser forzosamente un retorcido cargo designado a dedo por el Gobierno.

Sepan ustedes, por si aún no se habían percatado, que lo peor de este país no son sus políticos, sino esas marionetas de sus intereses y de los de quienes les designan, que responden por el nombre de jueces políticos. Porque juzgarles racionalmente, podemos hacerlo todos.

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