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Etiquetas:   Disyuntiva   -   Sección:   Opinión

Amurallados

Entramos en un humanismo decadente, con una proclamada liberación extrema, que va en contra de quienes posean menos recursos para hacer frente a los retos con garantía
Rafael Pérez Ortolá
viernes, 5 de abril de 2013, 07:40 h (CET)
Alguién pensará que las murallas no son construcciones modernas, y es cierto, pero tampoco olvidemos el sentido figurado a la vista de las diferentes estructuras pergeñadas para las BARRERAS de nuevo cuño; algunas de muy refinada elaboración y provistas de numerosas trampas.

A base de escándalos, no podemos acceder al fondo de las cuestiones relevantes, no da tiempo material ni damos abasto ante la avalancha. A ver si ese fue el objetivo buscado desde el inicio de los ajetreos. La auténtica democracia, la autonomía personal, encontrarle sentido a la vida o la recuperación del respeto comunitario; constituyen una parte de las entidades recluídas detrás de enormes murallas estructuradas con nuevas técnicas; menos visibles, sin duda, per no menos fuertes que las de piedra.

Con la inquietud centrada en las barreras físicas e informativas, Borges escribió; “Cercar un huerto o un jardín es común; no, cercar un imperio”. Comentaba los relatos referidos al primer emperador Shih Huang Ti, impulsor de la construcción de la enorme muralla china. Al parecer era un hombre que tomaba DECISIONES de gran fuste, dispuso también que fueran quemados todos los libros anteriores a su majestuosa presencia, no era cosa de dar facilidades a la oposición. Intentaba así el establecimiento de un registro fehaciente del cambio de Era, un antes y un después de su egolatría; actitudes muy seguidas después por engolados gestores y gobernantes.

Los bárbaros que cada uno vislumbra, acechantes en las inmediaciones, justificaron, justifican y es probable que la cosa continue así, actitudes como la reseñada. Componen una excusa muy socorrida para las tropelías de lo más execrables. A la menor, descubriremos comportamientos rotundos en ese sentido, con una notable variación en los procedimientos, pero basados en MAQUINACIONES de similar pelaje.

Eso de que los contrarios dispongan de igual información, puedan trabajarla y dejarnos en evidencia, sienta mal en cualquier momento de la historia. Ni oposición ni relevos serán bien admitidos. Con respecto a los enemigos considerados incultos, las posibles defensas ante sus temidas invasiones, es el argumento primordial para consolidar los ABUSOS sobre quienes adolezcan de pusilanimidad, ignorancia o escasa preparación, y se presten a tolerar aquellos abusos. Son conductas que alcanzan el nivel de arquetipos por su reiteración.

De esa forma, contemplamos la erección de una impresionante muralla en el horizonte; esta viene a conformarse, paradójicamente, con la superposición de cargos públicos, diputados y consejeros diversos, que para mayor contraste son denominados como representantes. Detectamos varias aglomeraciones. 500 diputados o senadores en el caso español pasan a formar parte del escalón cercano, con sucesivos escalones a otros niveles, 50 ó 100 por cada autonomía, o 700 en el grandioso Parlamento europeo. ¿Obstáculos? ¿Vasos comunicantes? ¿Cuál será la apreciación de cada ciudadano? Las papeletas de voto volaron sobre la muralla, desperdigadas o trituradas después. ¿La fluidez de la representación verdadera es un hecho?.

El ciudadano común afronta tensiones procedentes de varios sectores, escucha manifestaciones para todos los gustos, con una sensación cada vez más firme de EXCLUSIÓN, de apartamiento con respecto a los centros emisores donde se gestan las reglas del juego. ¡Que esto ha sido una norma desde la antigüedad! Es posible, aunque ahora con mayor dosis de engaño; es clamoroso. Estamos sometidos a una disyuntiva inmisericorde, sumisión complaciente o rebeldía coherente; con una consideración crucial, no es la principal y sirve de elemento distractor. Mientras, han incrementado los obstáculos para acercarnos a los centros del poder, nos mantienen desplazados de esos núcleos, de sus debates y decisiones; aunque proclamen lo contrario (Libertades, participación y todo eso). Ese acercamiento o no, es la verdadera disyuntiva; en unas posiciones que no pueden ser estáticas.

No sólo eran de coloración parda los uniformes nazis, progresivamente hemos introducido ese tinte en los fundamentos de las relaciones sociales. El imperio de la GRAMÁTICA PARDA aparece como dominante en las múltiples esferas de la convivencia. La astucia, la codicia, la picardía y la perfidia, junto a la notoria desaparición de la vergüenza, han desarrollado nuevos amurallamientos, que ni siquiera pretendemos derruir con decisión. Por lo tanto, la complicidad es inexcusable y contribuye al mantenimiento de semejantes criterios rectores. Su introducción en las relaciones sexuales, vida doméstica, gestiones públicas o en el trato de los desfavorecidos, acarrea las consecuencias que conocemos.

Entramos así en un humanismo decadente, con una proclamada liberación extrema, que va en contra de quienes posean menos recursos para hacer frente a los retos con garantía. Son unas condiciones humanitarias que abrigan cada vez menos a las personas. Los niños, los pobres, emigrantes, parados…; tropiezan con los impedimentos comentados. Eso sí, ofrecidos como una liberación al completo; pero que no distingue de criterios, venturas o desventuras. Vivimos en un cacareado progreso, que dificulta la entrada en sus contenidos de los mejores cualidades de la persona. En realidad es la INDIFERENCIA entronizada.

Cada día nos despertamos con nuevas noticias escandalosas, que vienen determinadas por un encierro cruel y antinatural; el ensimismamiento radical de algunas gentes , que con su SOLIPSISMO dejan de lado todo sentido comunitario, como si eso fuera posible, como si no hubiera repercusiones ajenas derivadas de sus actos. Esa parece su experiencia íntima, por que sus acciones no respetan nada de su entorno. Sus fechorías y degeneraciones, provocan abusos y vejaciones, dilapidan logros del conjunto social y degradan familias e instituciones con el mayor descaro. Encerrados en su mundo, el resto, sean personas o no, sólo existen como instrumentos.

Olvidan que cualquier actuación de un individuo está relacionada con el mundo exterior y son espacios en los que existen otras personas; aunque ellos sólo aprecien un botín de sensualidades, codicias, dominios, orgullo y prepotencia. Provocan la transformación de la ficción de sus mentes en una realidad alienada; por que falló la comunicación y el sentido compartido de la existencia. También es preocupante la cantidad de factores participantes y necesarios para la gestación de estas alimañas. Sus criterios fraguaron en ciertos AMBIENTES plagados de COMPLICIDADES, confesadas o no; hasta alcanzar sus despropósitos. Detectamos un descuidero general asociado a dichos encierros mentales.

Son muchos los resquicios para evitar los impedimentos, la tradición y los avances de la tecnología no cesan de abrirnos HORIZONTES. Las ligaduras reticuladas entre las personas repelen las ideas aislacionistas; pero descubrimos también los defectos y las malicias, que desatendemos con demasiada facilidad. Las soluciones están a la vista.
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