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Opinión
Etiquetas:   Artículo opinión  

La idea de seguridad integral

Piotr Nikolaev
Redacción
domingo, 16 de julio de 2006, 04:35 h (CET)
En vísperas de la reunión en la cumbre del G-8 que se inaugura hoy en San Petersburgo, al explicar la posición que Rusia va a defender en ésta, el presidente Putin de hecho ha vuelto a la vieja idea promovida hace un tiempo por Mijail Gorbachov: la de acometer, por fin, la elaboración de los enfoques nuevos por principio de la seguridad global, aceptables para la mayoría de los países civilizados. O la de elaborar firmes garantías de un desarrollo estable y predecible de la Humanidad.

En la época de Gorbachov, tal idea existió bajo el nombre del “nuevo pensamiento político para Rusia y el resto del mundo”. Putin la formula de un modo un poco distinto, pero la esencia es la misma.

En opinión de Putin, Rusia debe llevar una de las voces cantantes en su elaboración. “¿Cómo se puede hablar de la seguridad global, los problemas de no proliferación y el desarme, sin considerar la posición de Rusia, la que es una de las más grandes potencias nucleares? ¿Cómo se puede tratar el problema de la pobreza sin atraer al debate a Rusia, con su colosal territorio y sus contactos naturales tanto con los países de Asia como con los países en desarrollo en su conjunto?”, dijo Putin.

Al referirse al componente económico de la seguridad global, volveremos a citar a Putin: “Quiero llamar la atención de ustedes sobre lo siguiente: la Federación Rusa posee cuatro veces más reservas confirmadas de petróleo y gas que el resto de los países del G8 conjuntos. ¿Cómo se puede pretender solucionar los problemas de la seguridad energética, sin tomar en cuenta la opinión de Rusia ni atraerla a la elaboración de decisiones en esta materia?”, dijo.
La propuesta de Gorbachov cayó en olvido tras la desaparición de la Unión Soviética. La dimisión de él, significó la dimisión de la idea, nadie la apoyó en aquel entonces. E hicieron mal. Según ha demostrado la vida, a los países más importantes, incluidos los miembros del G-8, les falta precisamente un enfoque global de la situación mundial, para ir cumpliendo con eficacia las más complicadas tareas. Se puede y se debe hablar de importantes detalles, lo que se prevé hacer en la reunión cumbre en San Petersburgo, donde van a debatirse problemas de la energía, la educación y la salud, pero es obvio que sin lograr coordinar las posiciones respecto a los enfoques globales, los países más industrializados inevitablemente tropezarán con nuevas dificultades, las que hasta pueden resultar invencibles.
¿Cómo se puede resolver con eficacia el problema energético, si los integrantes del G-8 tienen distintos pareceres respecto al arreglo mesoriental o el problema iranio? ¿Cómo se puede luchar con eficacia contra el terrorismo, si la comunidad mundial hasta el momento no ha elaborado ni la propia definición del terrorismo? ¿Cómo se puede defender con eficacia los derechos humanos si en esta materia se utiliza la política de doble y hasta triple rasero? EE UU está criticando a Rusia, Rusia critica a EE UU, Europa critica a Washington y también a Moscú.
Tampoco será fácil encontrar lenguaje común en el tema de protección de los valores democráticos. Baste con recordar a Iraq o la situación en el espacio postsoviético, donde las posiciones de EE UU, Europa y Rusia divergen sustancialmente.
Además de no estar coordinados los enfoques globales, cada país grande tiene sus propios intereses geopolíticos. En este terreno es aún más difícil encontrar un derrotero que deberíamos seguir juntos. Se podría continuar enumerando las dificultades. Esta tarea es sencilla. Pero la anfitriona de la actual reunión del G-8, Rusia, tiene razón. En el siglo XXI el mundo ha chocado con nuevos retos globales: desde el terrorismo hasta conflictos entre civilizaciones, pero hasta el momento no ha acometido la tarea de elaborar nuevos instrumentos óptimos para eliminarlos. Lo de seguir esperando hasta que lleguen tiempos mejores, temiendo las dificultades que pueden surgir durante las negociaciones, es simplemente peligroso. La humanidad, igual que la caldera de vapor, tiene su recurso limitado de resistencia: si no se encuentra cómo hacer salir el vapor oportunamente y de un modo técnico correcto, la caldera puede explotar. El mundo necesita tener garantías de su seguridad, hoy día las pueden dar sólo los países más desarrollados y prestigiosos, considerando, por supuesto, las opiniones de otros miembros de la comunidad mundial.
Al proponer acometer la elaboración de un nuevo instrumental, aceptable para todo el mundo, de la solución de los problemas mundiales, Rusia, desde luego, persigue también sus propios objetivos. Al salir de su pasado comunista, la Rusia de hoy, aunque ya ha hecho una firme opción por el desarrollo democrático y la economía de mercado, sigue topando en la política internacional y la economía mundial con las trampas que Occidente le tendió al “oso ruso” durante la guerra fría. Baste con mencionar, por ejemplo, la enmienda de Jackson-Vanick, introducida por EE UU en 1974, en la época en que la URSS impedía la salida libre de sus ciudadanos judíos a Israel. Desapareció la Unión Soviética, el movimiento en la ruta Moscú – Tel Aviv ya es de dos sentidos, los judíos de Rusia se dirigen libremente a Israel y también pueden regresar a Rusia sin ningún impedimento, si lo desean, pero la enmienda sigue en vigor, defendiendo Dios sabe qué. La última vez EEUU quiso utilizarla para hacer a Rusia adquirir las patas de gallina estadounidenses. Ello provocó indignación hasta entre los ex disidentes soviéticos. Por ejemplo, Natan Scharanski manifestó que él en su tiempo fue a la cárcel soviética no en aras de unas patas de gallina.

Moscú choca constantemente con este teatro de absurdo. Por ello Rusia está muy interesada en la elaboración de firmes reglas de juego, únicas para todo el mundo.

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Piotr Nikolaev, para RIA Novosti.


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