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Etiquetas:   Momento de reflexión   -   Sección:   Opinión

Personas: no objetos

La apariencia física poco valor tiene, lo que sirve para el tiempo y la eternidad es la santidad, el carácter interior, que permitirá ver a Dios en la eternidad
Octavi Pereña
jueves, 4 de abril de 2013, 08:36 h (CET)
“De tal palo tal astilla”, dice el refrán. Lo que los padres son se transmite a los hijos. No hace falta ser psicólogo de profesión ni especialista en el comportamiento humano para darse cuenta de que la juventud está hipersexualizada. Uno se da cuenta de esta situación viendo como visten las adolescentes y escuchando las conversaciones que sostienen en las que el sexo ocupa una parte importante. Lo que se enseña a los niños es lo que por regla general son en la madurez.

En el mundo del espectáculo hay una mujer: Sarah Burge, que es una contradicción educativa. Afirma que se siente preocupada por el hecho de que los niños británicos estén sexualizados. Dice que es preocupante que las niñas de este país tengan a sus amigos a los 12 años y que es muy lamentable. En defensa de su modelo educativo Sarah afirma: “El ejercicio sano de la barra (se refiere a las barras que utilizan las bailarinas en los clubes) no tiene nada que ver con dormir con diversos chicos y quedar embarazadas antes de terminar la edad escolar. Nunca permitiré que mis hijas se comporten de esta manera”.

Es necesario conocer las trayectoria de Sarah Burge para entender se filosofía educativa, lo cual no significa que la apruebe. A los 7 años se hizo una otoplastia para evitar las burlas de sus compañeros de clase. Su pasión por la cirugía estética nació después de un grave accidente del que estuvo a punto de morir y tuvieron que hacerle varias operaciones de reconstrucción facial. Debido a carrera en el mundo del espectáculo y por haber sido conejita Playboy está muy preocupada por su aspecto físico. Se estima que ha gastado unas quinientas mil libras esterlinas. Su obsesión por conservar la belleza de su juventud la ha transferido a Poppy, su hija de 7 años a quien le ha regalado por Navidad 7.000 libras “porque lo considero una inversión de cara al futuro, es como ahorrar par educación”. Estas 7.000 libras van destinadas a que la hija se haga un implante mamario para cuando tenga edad para hacérselo. Con este concepto que la madre tiene de la belleza no debe extrañarnos que la hija “le pida cirugía continuamente. Quiere ser guapa y la liposucción es uno de los medios que siempre deberá tener a mano”.

La filosofía educativa de Sarah Burge ha provocado reacciones de rechazo. Ante la disconformidad se defiende: “La gente no puede soportar que mis hijas sean guapas e inteligentes y que yo a los 50 años tenga un cuerpo fantástico”. He visto una fotografía de esta mujer conocida como la “Barbie viviente” por querer parecerse a la famosa muñeca y haberse ataviado a su estilo cuando se casó por segunda vez. La verdad es que la imagen me hizo llorar. La filosofía educativa de Sarah Burge es un caso extremo, pero da pie a que se reflexiones sobre a manera como se educa a los hijos con respecto a la apariencia física.

A primera vista nos hacemos una idea de las personas a partir de su aspecto externo., su fisonomía, como visten. No siempre la primera impresión es la acertada. Tenemos que corregir la idea que nuestra mente se ha hecho. A menudo las primeras impresiones no son acertadas. Debido a ello tenemos que ser comedidos y no catalogar a las personas por la primera impresión que nos causan.

Sin faltar al decoro no debemos destinar demasiado tiempo en nuestra apariencia física. A la hora de la verdad lo que prevalece es ser. La historia de Israel ilustra lo que comentamos. Cuando Saúl se presentó ante el pueblo para ser proclamado rey el pueblo vio que “desde los hombros arriba era más alto que todo el pueblo” (1 Samuel 10:23). El profeta Samuel el líder espiritual, refiriéndose a quien sería el primer rey de Israel, dice: “¿Habéis visto al que ha elegido el Señor, que no hay semejante a él en todo el pueblo?” (v.24). El reinado de Saúl fue un fracaso. Samuel se encarga por segunda vez de escoger el hombre que debería suceder a Saúl. Por razones obvias dicha elección de momento debería permanecer en secreto. Dios envía al profeta a la casa de Isaí de Belén para ungir como rey a uno de sus hijos. Cuando los vástagos de Isaí se presentaron ante Samuel, éste fijó los ojos en Eliab y dijo: “De cierto delante del Señor está su ungido”. Pero el Señor Dios corrige a su siervo: “No mires a su parecer, ni a lo grande de su estatura, porque el Señor no mira lo que mira el hombre, pues el hombre mira lo que está delante de sus ojos, pero el Señor mira el corazón” (1 Samuel 16:6,7). Si Dios no le hubiese advertido Samuel habría tropezado dos veces en la misma piedra.

La enseñanza que debe extraerse de estos textos bíblicos es que no se le debe dar excesiva importancia al aspecto físico de los hijos, que lo que en verdad importa es lo que son como personas. Esta es la responsabilidad de los padres: hacer de los hijos personas que caminen con dignidad mientras estén en este mundo. Octavi Pereña i Cortina
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