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Etiquetas:   Entrevista   Literatura   -   Sección:   Libros

"Ahora estamos de bajón y en los libros no podemos plantear dramas, sino historias que nos ayuden a levantar la cabeza”

Entrevista a la escritora Mamen Sánchez
Herme Cerezo
jueves, 4 de abril de 2013, 07:38 h (CET)


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Mamen Sánchez es licenciada en Ciencias de la Información por la Universidad Complutense y ha realizado cursos de doctorado en Historia y Literatura, además de cursos de Literatura y Civilización Francesa en la Sorbona y de Literatura Inglesa en las universidades de Londres y Oxford. Es subdirectora de la revista ¡Hola! y directora de ¡Hola! México. Está casada y tiene cinco hijos. Hasta la fecha ha publicado las novelas ‘Gafas de sol para días de lluvia’, ‘Agua del limonero’, ‘Producto reutilizable’ y ‘Juego de damas’.

La escritora madrileña, Mamen Sánchez, tiene nuevo título en el mercado: 'La felicidad es un té contigo', editada por Espasa, una novela que, con tono humorístico, narra la inexplicable desaparición del gentleman Atticus Craftsman en el corazón de las tinieblas de la España profunda que parece relacionada con las malas artes de cinco mujeres desesperadas, empleadas de la revista 'Librarte', capaces de cualquier cosa con tal de conservar su trabajo. El inspector Manchego será el encargado de localizar al inglés desaparecido.

Mamen, parece que esta novela la has escrito de un tirón
Es cierto, desde un principio ha ocurrido que tenía una idea muy clara, basada en la historia de una amiga que atravesaba un mal momento personal. Para escribir creo que lo importante es tener la idea y luego te planteas cómo la enredas y la desenredas. La verdad es que yo misma me preguntaba si lo que escribía sería apto para publicar o no y, mira por donde, el libro lleva ya tres ediciones en la calle.

Por tu trabajo vives a caballo entre México y España, ¿dónde has escrito la novela?
La empecé justo en México, porque la historia que provocó su escritura ocurrió allí. Lo que ocurre es que yo voy y vuelvo continuamente y la he escrito en mi casa, en el aeropuerto, en la consulta del dentista, en todas partes.

El título de la novela es ‘La felicidad es un té contigo’, ¿lo importante es el té o el contigo?
Sin duda el contigo. Para el título podía haber escogido cualquier otra cosa, pero opté por el té porque lo importante no es la bebida en sí sino la compañía. La felicidad siempre está menos en las cosas y más en la gente que te acompaña en la vida.

A Atticus, el protagonista, le gusta el earl grey té, ¿cuál es tu variedad preferida?
A mí me encanta el té Lipton con sabor a caramelo y vainilla.

Esta novela significa un cambio en tú carrera, ¿por qué escogiste precisamente el género humorístico para narrar?

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No sabía muy bien cómo iba a contarla, quería que fuese un asunto desagradable que se transformaba en agradable, pero el tono definitivo me lo dio el inspector Manchego, que apareció por sí solo en el arranque de la novela. Manchego es un tipo muy campechano, tierno, buenazo y profesional aunque no disponga de los medios que tienen los del CSI. Al acabar el primer capítulo ya sabía que la cosa iría en plan guasón.

¿Es más difícil hacer reír que escribir algo dramático?
Es posible porque cada persona tiene su propio sentido del humor y hacer que encaje con el de una mayoría es más difícil. Sin embargo, todos lloramos y nos lamentamos por lo mismo. También es cierto que cada historia tiene su propia manera de ser contada. Por ejemplo, mientras la escribía se me han ocurrido otras historias que no podrían ser narradas en registro humorístico.

¿Vivimos un momento propicio para escribir una novela de humor, el ambiente se presta a ello?
Pienso que sí, que es lo suyo. Ahora estamos de bajón y en los libros no podemos plantear dramas sino historias que nos ayuden a levantar la cabeza. Y mi novela, aunque no es frívola, sí que le quita hierro a situaciones de la vida que te invitan a dejarte llevar por el pesimismo.

Has ubicado la acción en la redacción de una revista pequeña
Sí, me interesaba que fuese una redacción muy pequeña, familiar, en la que lo personal se mezclase con lo profesional. Si hubiera introducido una figura masculina, quizá hubiera cortado ese ambiente y por ello me interesaba que trabajasen allí cinco mujeres, que no son crueles pero que sí se echan en la cara las cosas. También quería que cuando Atticus llegase para liquidar la revista se encontrase inmerso en una situación violenta y le costase mucho despedir a las cinco protagonistas a la vez.

¿Las integrantes de la redacción son amigas o colaboradoras tuyas en la vida real?
Son amigas y familiares que, además, se han visto muy reflejadas en ellas. Muchas de las cosas que cuento son historias familiares que hemos compartido todos juntos y que siempre nos han hecho reír. La estructura de la familia de Soleá no es más que la de mi propia familia trasladada al Albaicín.

‘La felicidad de un té contigo’ está escrita con capítulos cortos, ¿ha sido algo consciente o te has dejado llevar?

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Buscaba escribir una novela lineal, aunque al final no lo ha sido del todo, y construida con capítulos cortos. Ha sido una decisión absolutamente consciente.

Además de humor, te has permitido ciertos guiños hacia la literatura y algunos personajes tienen nombres muy conocidos como Sherlock, Marlow, Atticus…
Sí, esos guiños son ciertos y también hay varios toques de magia, como el fantasma de Tolkien y su hobbit. Espero que sus herederos no lean la novela [risas]. Tampoco podemos olvidar el té de la señora Candela que tiene propiedades mágicas, ni a la otra mujer que posee unos curiosos poderes terapéuticos y es capaz de conseguir que la persona que tiene enfrente ralentice sus pulsaciones y se apacigüe.

¿Es precisamente por la magia por lo que has ubicado la novela en Granada?
Sí, Granada es un sitio muy mágico que me gusta. A la hora de escribir, cuando pienso que voy a pasar en un lugar mucho tiempo, escojo un escenario en el que me sienta cómoda. De Granada me atrae pasear por sus callejuelas y por la zona de la Alhambra, sobre todo de noche. El espíritu del duende español, del flamenco, está muy presente allí y lo necesitaba para efectuar la transformación de Atticus.

A propósito de Atticus, este inglés como liquidador de empresas es un tipo muy raro, ¿no?
Sí, pero hay que tener en cuenta que es la primera vez que le toca hacerlo. Atticus permanece a la expectativa de que le llegue su oportunidad en la empresa familiar, es muy casero, muy inglés, le gusta su té, su casa de campo y procede de un entorno muy tradicional.

¿La novela también sirve de pretexto para comparar a una familia inglesa con una española?

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No es que sea un pretexto pero también sirve para eso. Es simpático el contraste que existe y que yo he vivido como española en Inglaterra y también con amigos míos ingleses que, cuando llegan aquí, alucinan.

¿Si buscáramos un punto de unión entre tus novelas, podríamos decir que es el amor?
Sí, el amor tiene puntos en común con todas ellas y es el resorte que mueve el mundo. Los que hayan leído mis anteriores novelas creo que también van a reconocer mi voz en esta. En todas hablo de mujeres con carácter que, ante una situación límite, saben reaccionar con humanidad.

La revista ¡Hola!, de la que eres subdirectora en España y directora en México, ¿es un buen campo para encontrar historias que narrar?
Buenísimo, se podría construir una novela semanal, pero hacer la revista no es como escribir una novela porque has de ceñirte a la verdad. De los reportajes puedes imaginar y hacer tu propia composición de lugar sin salirte de la realidad, pero nada más.

La última, como siempre pregunta obligada ¿por qué territorio te moverás en tu próxima entrega?
Me han surgido ideas para una saga más seria, más profunda y más larga cronológicamente. Pero también tengo otra posible historia de humor, basada en las vivencias de una amiga mía que de joven se hospedó en una pensión, en cuyo reglamento de régimen interno se podía leer: “Norma 11: Se prohíbe mantener afectos desmedidos en la puerta de la pensión” [risas]. Lo cierto es que todavía no estoy muy segura de lo que haré.

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