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Etiquetas:   Carta al director   -   Sección:   Opinión

La razón de fondo de tantos abortos

Jesús Martínez, Girona
Lectores
@DiarioSigloXXI
miércoles, 3 de abril de 2013, 10:16 h (CET)
Ante la información del Ministerio de Sanidad según la cual en el año 2011, el aborto en España ha crecido en relación al año anterior en un 4´50% alcanzando la cifra de 118.359 criaturas que habían sido concebidas y no llegaron a nacer, nada menos que el 89´58% de los casos se llevaron a cabo “a petición de la mujer”, yo me pregunto: ¿Pero cuál es la razón de fondo de todo esto? Opino lo siguiente: los seres humanos venimos al mundo porque Dios quiere, y para que no se nos olvide, ha grabado en cada uno de nosotros, —blanco, negro o amarillo— un sello indeleble que es la ley natural: “Busca el bien y aléjate del mal”. Y nos ha puesto como un fuerte timbre en nuestro interior que se llama conciencia que nos avisa cuando nos salimos de esa regla. ¿Pero qué ocurre con algunos de nosotros? Pues que para no oír el timbre, echamos toneladas de basura encima.

En ese momento, ya todo vale y perdemos nuestra dignidad dejando de ser humanos y nos comportamos como... Y que no se olvide: la ley natural es para todo ser humano que viene al mundo, sea posteriormente cristiano o no creyente. Y en último lugar, aunque pienso que es la causa más importante, es que en España muchísimas personas que recibieron en su día la gracia incomparable del Bautismo y por tanto son cristianos, de hecho viven como si Dios no existiera. Han dejado de pensar en Él; no tienen en cuenta sus mandatos y su ayuda constante cuando se la pedimos humildemente.

Han olvidado que es un Dios que “perdona” y que ha dado su vida por nosotros en la cruz y que no nos abandona nunca. Y, por tanto, cuando se plantean estos problemas, propios de nuestra fragilidad casi siempre, en vez de pedir ayuda a Dios para respetar esa vida que está llamando a su puerta, y criarla y amarla, acuden al médico innoble que la elimina.
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Si bien, en esta lucha maníquea entre movimientos que se oponen a la igualdad y sólo buscan la discordia entre los diferentes géneros, un papel clave lo juega el auge del feminismo radical. A grandes rasgos, el feminismo no es una única ideología, sino que se divide en variantes como el liberal, el socialista, el étnico y el radical. Mientras el primero defendía los derechos de las mujeres, el segundo destacaba la opresión de las mujeres de clase trabajadora y el tercero el de las mujeres pertenecientes al mundo postcolonial. Actualmente, el feminismo radical se arroga el monopolio sobre el discurso feminista, convirtiéndose en un pensamiento excluyente y etiquetando como “machista” a todas aquellas corrientes que no comparten la totalidad de sus puntos de vista. El feminismo radical culpabiliza al hombre por el mero hecho de serlo, lo feminiza en su forma de ser y lo funde bajo el signo del patriarcado. En última instancia, el fin de esta versión ultramontana del feminismo es presentar la supremacía de la mujer sobre el hombre como una supuesta y falsa igualdad. No hay que engañarse. El feminismo radical no sirve a la mujer, ni tampoco al hombre. Ha desechado como motivo de su lucha otras causas en las que también está en juego la igualdad frente a la coacción: la violencia en los matrimonios homosexuales (tanto de hombres como de mujeres), la identidad transexual, el maltrato de los niños en el seno familiar, el maltrato del hombre en el hogar, el maltrato de los discapacitados y de las personas mayores por parte de su propia familia. El feminismo radical entiende que esta violencia no existe, que es mínima y que no puede ser comparada con la sufrida por la mujer. En definitiva, el feminismo radical es la gran traición -tanto como el patriarcado- hacia el propio ser humano.

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