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Etiquetas:   Presos de la libertad   -   Sección:   Opinión

No interesa legalizar la prostitución

Eduardo Cassano
Eduardo Cassano
@EduardoCassano
viernes, 14 de julio de 2006, 21:59 h (CET)
La reciente moda del secuestro express que se ha implantado en España, y especialmente en Cataluña, ha conseguido agudizar el ingenio de algunas personas que lejos de planear atracos, deciden obtener otra clase de beneficios más placenteros.

Un vecino de Montcada y Reixac (Barcelona) se gastó 300 euros en un prostíbulo, hasta aquí todo aparentemente normal. La noticia es que posteriormente acudió a la Policía para denunciar un secuestro con agresión y robo de la tarjeta de crédito. Lo más probable es que al salir del prostíbulo pensó que sería la mejor forma de justificar el dinero que, por pensar tan rápido, curiosamente había sido cargado en la tarjeta antes del falso robo. Y si colaba, de paso, la noche de placer le saldría gratis.

El hombre llegó a autolesionarse y explicar con detalle cómo se desarrollo el secuestro, algo muy sencillo tras las recientes publicaciones en los medios que han acontecido últimamente en la sociedad. La Policía no le dio mucha credibilidad y enseguida desmontaron la trama, algo que al hombre le va a costar algo más que los 300 euros que se gastó. Las denuncias falsas son un delito, su familia no debe estar muy satisfecha con su comportamiento y desde luego no va a recuperar el dinero gastado.

Esta noticia es un evidente ejemplo de la necesidad social por legalizar definitivamente la prostitución. En el caso de Barcelona no es suficiente con estrictas ordenanzas, intimidaciones policiales (y quién sabe cuantos abusos) e incluso pensiones mensuales a las prostitutas que dejen voluntariamente la calle.

Siempre han existido las prostitutas, las que ejercen el oficio de forma obligada pero también las que, voluntariamente, bien por necesidad de dinero rápido y “fácil” o mantener un cierto nivel de vida, han escogido esta profesión. Por tanto, lo justo sería legalizar un mercado que mueve muchos millones de dinero negro al año, algo que se consiente sistemáticamente cada nuevo Gobierno que accede al poder, cómo el dinero negro que hay debajo de los ladrillos de una burbuja inmobiliaria que nunca explota, ni tampoco se investiga.

Pero es algo normal, legalizar un tema tan peliagudo como la prostitución no es tarea fácil. Si de repente las prostitutas se pusieran a pedir datos personales para facturar sus servicios, es probable que la cuenta de gastos “varios” de muchos trabajadores y políticos disminuyeran considerablemente. Eso conllevaría que ellas trabajarían menos, pero lo harían en mejores condiciones. Tendrían una cotización en la Seguridad Social, un lugar de trabajo debidamente acondicionado y unos derechos de los que ahora mismo carecen. Incluso las mujeres más avispadas descubrirían con mayor facilidad las infidelidades de sus maridos a la hora de hacer la declaración de Hacienda.

Aunque en realidad todo eso no importa, no le interesa prácticamente a nadie. Nos movemos en una sociedad de hipócritas dónde el grande se come al débil, y a éste sólo le queda esperar a que un día cambie su suerte. Es preferible que todo siga igual por ambas partes. A algunos políticos les interesa seguir celebrando sus fiestas particulares en los burdeles a costa de los ciudadanos, las prostitutas más necesitadas prefieren el dinero que paga las facturas que sus derechos, y a la mujer sin recursos económicos que se sabe engañada, seguir mirando hacía otro lado y esperar en casa a que llegue su marido infiel, con el plato de la cena encima de la mesa.

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