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Etiquetas:   La tronera   -   Sección:   Opinión

La paz es posible

Jesús Salamanca Alonso
Jesús  Salamanca
viernes, 14 de julio de 2006, 21:59 h (CET)
El Estado de Derecho debe derrotar al terrorismo con sus medios. La negociación no es uno de ellos. El fin de la violencia armada sólo tiene un camino: la derrota de ETA y el cumplimiento íntegro de las penas. La equiparación entre víctimas y verdugos se aleja del sentido común. La sociedad civil ha dado varios pasos al frente y los responsables políticos deberían saber interpretar la situación. La sangre nunca debe ser materia de negociación, por lo que ETA no puede marcar los tiempos.

No es posible olvidar, aunque el perdón es cuestión interna de cada uno. El inicio del camino para alcanzar la paz es la rendición incondicional, el arrepentimiento y la entrega de las armas por parte de la banda terrorista. El pacto con quienes alientan el terror sólo es un elemento literario, pero nunca el camino para alcanzar la paz social. Cualquier negociación implica cesión de las partes y éste no es el caso: las víctimas y la sociedad civil reclaman paz, pero no a cambio de que el Gobierno desprecie, con actitud chulesca y altanera, a quienes han padecido en sus carnes el dolor, la represión de grupos organizados y la pérdida de sus seres más cercanos.

Estos dos últimos años han sido un ejemplo de desconcierto y de falta de planificación para eliminar la lacra terrorista. La política antiterrorista que ha seguido el ejecutivo ha recibido, una vez más, el desprecio de la sociedad.

El terrorismo es terrorismo, proceda de donde proceda. La ciudadanía se merece el respeto del Gobierno, además de sinceridad sobre los presuntos contactos con la banda asesina. Todos queremos garantías plenas de que el ejecutivo no va a incurrir en la desestabilización del Estado de Derecho a cambio de barbaridades mediáticas: el acercamiento de presos al País Vasco, el incumplimiento de penas completas o las subvenciones económicas a sociedades, entidades, personas físicas o centros educativos del entorno de ETA y Batasuna.

Con la dignidad de las víctimas no se negocia. Batasuna chulea a la sociedad. Zapatero lo ha permitido y frivoliza con ello. En las últimas concentraciones organizadas por la AVT se ha podido comprobar que la sociedad española no está dispuesta a admitir ese ejercicio de cinismo que el ejecutivo patrocina.

Seguimos sin entender que continúe sin reunirse el Pacto antiterrorista. Todo el trabajo de las dos últimas legislaturas se ha echado por la borda, en lo que a política antiterrorista se refiere. El ejecutivo ha contraído una importante deuda social al revitalizar el terrorismo que había iniciado el proceso de descomposición. No hay duda de que nuestro Gobierno está bajo sospecha.

Sí, la paz es posible, como diría Chapaprieta, pero no puede serlo a cualquier precio. Hay que recordar que “la libertad – en palabras de Castelar – no es un don gratuito y objeto de juego y lujo; se obtiene con una gran madurez de juicio y se consolida con una gran severidad de costumbres”.

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