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Maniobras Irán-EEUU en visperas de la cumbre G-8

Piotr Goncharov
Redacción
miércoles, 12 de julio de 2006, 22:14 h (CET)
El negociador iraní en la crisis nuclear, Ali Lariyani, ha pedido paciencia en las conversaciones sobre la propuesta internacional para que Irán suspenda su programa de enriquecimiento de uranio. "Como hay que entrar en un largo proceso, debemos ser pacientes", declaró Lariyani tras una reunión con el responsable de la diplomacia de la Unión Europea, Javier Solana, en la que se analizó la reacción iraní a esa oferta.

Hoy miércoles 12 de julio se reunen en París Solana y los ministros de Asuntos Exteriores de los seis países involucrados en la oferta para evaluar la respuesta iraní, a tan sólo tres días del inicio de la cumbre del G-8 - EEUU, Japón, Francia, Reino Unido, Alemania, Canadá, Italia y Rusia - en San Petersburgo. Washington ha advertido de que quiere una respuesta iraní antes de la cumbre, a la que están invitados la UE y China.

Está claro que la solución del problema iraní, vinculado al programa nuclear de Irán, depende en muchos aspectos, si no en todos, del compromiso entre Teherán y Washington. Pero ¿hasta qué punto será posible conseguirlo?

¿Qué es lo que impide a Irán y EEUU entablar diálogo directo, sea en el formato del sextetorenuencia ya creado, es decir, apartarse a un lado e intercambiar opiniones?

Evidentemente Teherán se siente desconcertado frente a las peroraciones de la Casa Blanca “sobre lo útil” que sería cambiar el “régimen de ayatollah” en Irán. Teherán sostiene con razón que si incluso opta por buscar compromiso con EEUU, Washington no desistirá de su idea de cambiar el poder en Irán imponiéndolo al CS de la ONU (como sucedió en el caso de Irak). Pues, Teherán se inclina a interpretar la postura de EEUU respecto a las garantías de no injerencia en sus asuntos interiores, como renuencia de la Casa Blanca de perder su misión universal, la de poner orden en casa ajena.

Por otro lado, EEUU y otros integrantes del sexteto también tienen ciertas dudas. Por ejemplo, Irán considera el enriquecimiento de uranio en sus centrífugas como hecho consumado y proceso irreversible. A juicio de Teherán, no se deberá hablar de la moratoria sobre el enriquecimiento de uranio, sino concordar la admisible cantidad de centrífugas para proseguir el proceso de enriquecimiento de uranio (según algunos datos, Teherán insiste en 3-4 mil). En vista de ello, para que Irán se reincorpore al régimen negociador (y más tarde, a la cooperación completa con la AIEA, incluida la observancia del Protocolo Complementario para el Tratado de No Proliferación Nuclear), Teherán atribuye suma importancia a las garantías de su seguridad (es decir, no injerencia en sus asuntos interiores), y el derecho a enriquecer uranio en cantidades limitadas. Pero solamente EEUU podrá conceder tales garantías.

Es comprensible que las garantías habrán de ser recíprocas y equitativas para ambas partes. En opinión de Washington, el cese por Irán de todo el ciclo de enriquecimiento de uranio con anterioridad al diálogo, sería interpretado como garantía de las serias intenciones de Teherán respecto a las recientes iniciativas del sexteto que ofrecen concesiones evidentes a Irán. Es más: Washington se inclina a considerar la suspensión del enriquecimiento de uranio como condición principal del comienzo del diálogo.

Por supuesto, Teherán rechaza esa condición y es poco probable que la acepte estimando, y no sin razón, que semejantes condiciones están desmedulando la mera idea de las negociaciones y acusan un carácter marcadamente tajante.

Está claro que cada parte tiene fundamentos para sospechar a su vis a vis de hacer juego encubierto, no obstante, ambas partes intentan en vano romper el círculo vicioso recurriendo a amenazas.

La administración de EEUU alertó bien a las claras que recurrirá a las acciones en el CS de la ONU si antes del 12 de julio Teherán no de respuesta al sexteto. Es cierto que el subsecretario de Estado de EEUU para cuestiones políticas, Nicolas Burns, se negó a puntualizar el carácter de esas acciones, pero también la respuesta de Teherán fue tradicionalmente asimétrica: aplazó las conversaciones en Bruselas, porque estos días a esta urbe llegó Mariam Radyavi, una de los líderes de la “Organización de muyahidines del pueblo iraní”. Teherán declaró a la parte europea que considera inadmisible la actividad de “algunas agrupaciones terroristas antiiraníes”.

Naturalmente, el peligro para la vida de los miembros de la delegación de Lariyani proveniente, según Teherán, de “algunos grupos terroristas antiiraníes apoyados por el régimen sionista de Israel y varios Estados europeos” es un argumento más que ponderable. Al esgrimirlo, Teherán posterga las conversaciones a una fecha más remota. No obstante, en vísperas de la Cumbre G-8 sería muy oportuna la disposición tanto de Irán como de EEUU de sentarse a la mesa de negociaciones y resolver el problema nuclear iraní por vía diplomática.

Aunque el problema iraní no se considera como principal en ningún paquete a examinarse en el foro de San Petersburgo, pero su solución, de ser aceptadas por Teherán las ofertas del sexteto, se inscribiría lógicamente en los problemas de seguridad energética, claves para la próxima Cumbre.

Sólo queda por esperar que ambas partes muestren mas tolerancia respecto a las pretensiones y sospechas recíprocas y den, por fin, pasos necesarios atestiguando así su sincero propósito de hallar por vía diplomática la salida del atolladero creado sin recurrir a las sanciones sin hablar ya de las medidas más radicales. Por lo menos, Moscú subraya que “quisiera conocer la reacción a las ofertas y no necesariamente respuesta definitiva”.

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Piotr Goncharov, Ria Novosti
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