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Crisis de la coalición ucraniana

Viacheslav Igrunov
Redacción
martes, 11 de julio de 2006, 21:04 h (CET)
El Parlamento de Ucrania deberá expedir hoy, martes 11 de julio, el certificado de defunción de la coalición naranja formada originalmente por el Bloque de Yulia Timoshenko, el Partido de Regiones y el movimiento oficialista Nuestra Ucrania.

“Formalmente, la coalición todavía existe, así que el Parlamento va a examinar el martes el tema de su liquidación” - declaró a la prensa Román Zvarych, miembro de Nuestra Ucrania. En la sesión de hoy debe definirse también la lista y el ámbito de responsabilidad de los comités parlamentarios, así como la elección de los miembros adicionales al Tribunal Constitucional.

Desde el principio, el entendimiento de crear la coalición naranja no pudo cancelar la crisis política en Ucrania, sino que le confirió un tono distinto, algo parecido al movimiento Brown donde todos se batían contra todos cediendo lugar al enfrentamieto abierto y la lucha solapada en el bando de la mayoría.

¿Por qué, al lograr una unidad aparente, las fuerzas naranja fueron incapaces de ponerse a trabajar, y en cuatro meses después de las elecciones el parlamento no puede elegir su presidente ni nombrar al primer ministro?

La respuesta estriba en la situación en la que se encuentra el Estado ucraniano. La reforma constitucional que condujo a la creación del sistema proporcional de elecciones y al mandato imperativo (el elegido por tal o cual partido ha de quedarse en sus filas), estaba orientada a combatir la corrupción reinante en todos los niveles de la política ucraniana. Antes la Rada Suprema (el Parlamento ucraniano) se parecía al regateo donde los diputados organizaban interminables subastas cambiando radicalmente su orientación política al mismo tiempo que se pasaban de un extremo del campo político al otro.

Este regateo de escaso contenido nada tenía que ver con las leyes aprobadas ni con la política que se practicaba. Se reducía al reparto de los puestos: fuentes del bienestar en forma de dividendos inmediatos.
Lo único que interesaba al Ejecutivo era asegurar el control sobre el importante órgano constitucional y un mayor margen de maniobra para la administración presidencial. Eran muy pocos los políticos ideológicamente orientados que se movían como somnámbulas en ese barullo sin hallar su propia identidad, convirtiéndose así en objeto de burla de los estadistas que saben acoplarse a la situación haciéndose pasar por realistas.

La aplastante mayoría de diputados independientes no vinculados ideológicamente a ningún partido y el cambiante calidoscopio de microscópicos fragmentos de partidos no infundían esperanza en la creación de coaliciones estables. Por esta razón, con el paso a la república presidencial-parlamentaria en tanto que instrumento de defensa contra el autoritarismo surgió la necesidad de estructurar el parlamento.

Según el designio del promotor de la reforma constitucional, Vladímir Malinkóvich, el estado “servil” de los diputados miembros de uno u otro partido, que se debe al mandato imperativo, tenía que asegurar la estabilidad de los acuerdos y mantener de la rienda a los parlamentarios propensos a traición. Este mecanismo debe funcionar hasta que en Ucrania sean creados los partidos políticos ideológicos al servicio de los intereses de los grandes grupos sociales.

Es evidente que tales procesos no se realizan al instante. Los tres principales ganadores de las elecciones parlamentarias: el Partido de Regiones, el Bloque de Yulia Timoshenko y Nuestra Ucrania eran un conglomerado de personas unidas entre sí por lazos sumamente endebles. Ya durante la campaña presidencial, la coalición naranja se estaba constituyendo a duras penas y sólo se consolidó en base a la enemistad hacia el régimen Kuchma y la aspiración general de hacerse con las palancas de poder y las fuentes de reparto de bienes. Sin embargo, en el seno de la coalición jamás existía la comunidad de intereses.

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Viacheslav Igrunov, director del Instituto Internacional de Estudios Político-Humanitarios, para RIA Novosti.

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