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Etiquetas:   Tiempos modernos   -   Sección:   Opinión

Ese episodio maldito que no se repetirá

Mar Berenguer
Redacción
martes, 11 de julio de 2006, 21:04 h (CET)
Nunca podremos olvidar que hace apenas medio siglo, ser español, suponía vivir bajo la dictadura del miedo. Las ejecuciones clandestinas y la corrupción imperaban; la supervivencia se basaba en amiguismos con los burócratas del franquismo. Para la mayoría, fueron los años de la sonrisa para la galería y el hambre de puertas adentro.

En 1946, se denegó el ingreso de España en la ONU; la dictadura de Franco era considerada aliada de las potencias fascistas recién derrotadas en la Segunda Guerra Mundial. Nuestro país sufrió años de aislamiento económico y político por la comunidad internacional y fue necesaria la llegada de una tardía democracia para entrar en la OTAN y en la Unión Europea.

Con la muerte de Franco en 1975, comenzaba la Transición a la Democracia. La única vía pacífica consistiría en la desarticulación del régimen y la integración de todos en un nuevo proyecto político que habría de comprometerse incondicionalmente con las exigencias de la democracia y de la libertad. El pueblo español, ha sido el auténtico artífice del cambio político y, de una forma u otra, la voluntad popular se habría impuesto. Pero la capacidad de consenso, hizo posible una modélica transición a la democracia, dotando al país de un sistema institucional y jurídico homologable al de cualquier país democrático. Frente a los dictados impuestos desde fuera que robaron al pueblo español la capacidad para decidir por sí mismo, la democracia, garantizada en el Estado de Derecho, no reconoce otro titular del poder que quienes integran ese pueblo. Lo esencial del sistema democrático, es la institucionalización del debate libre y plural en un marco de seguridad jurídica. A este respecto, la Constitución de 1978 es el triunfo de una historia de desencuentros, pero para apreciar los valores, derechos y libertades recogidos en su texto, es necesario no olvidar el pasado. Nuestra Norma Suprema, sería el principio de una singladura en y para la libertad; “La Constitución fue redactada no sólo desde el consenso; sino para el consenso”, dice Miquel Roca.

La represión de la posguerra, propició un clima de terror entre la población, lo que explica la debilidad de la oposición muchos años después. En Noviembre del 2002, todos los grupos del Congreso acordaron por unanimidad una resolución de condena al franquismo y de reconocimiento moral de las víctimas de la Guerra Civil y del régimen de Franco. El 17 de Marzo de 2006, la Asamblea Parlamentaria del Consejo de Europa, que engloba 46 países, concluye que "hay suficientes evidencias para probar que los abusos contra los derechos humanos bajo el régimen de Franco fueron extensivos y sistemáticos", condena unánimemente las "graves y múltiples violaciones de Derechos Humanos cometidas en España por el régimen franquista, entre 1939 y 1975" y propone el día 18 de julio de 2006 como “día oficial de condena de la dictadura franquista". El 4 de julio de este mismo año, Josep Borrell, presidente del Parlamento Europeo, leyó en la Eurocámara una declaración de condena del régimen de Franco y de homenaje a sus víctimas, para “expresar nuestro reconocimiento hacia todos los que combatieron por la democracia, padecieron persecución e impulsaron el retorno de España a Europa como nuestra patria común".

Durante el proceso de transición, se hubieron de saldar deudas de carácter económico, social y legal con quienes en uso legítimo de su libertad habían combatido la dictadura. En este proceso, se tomaron numerosas medidas de amnistía política, de devolución de patrimonios o el reconocimiento de derechos pasivos y de carrera a funcionarios que por su pertenencia a la Administración Republicana fueron injustamente perjudicados. Ciertamente, hay heridas que nunca cierran, pero es posible actuar para enfrentarnos a esa parte de una memoria viva y paliar sus siniestros frutos; permitiendo el acceso libre a los archivos de ese período para superar de una vez por todas el oscurantismo de la época, llevando a cabo una reasignación patrimonial más rigurosa o adoptando una política de protección económica y social a hijos de exiliados... Pero el recuerdo para los héroes y la condena de ese episodio maldito de la Historia de España por parte de los protagonistas de la democracia actual, desde la razón, la concordia y tras la conquista de la libertad; posiblemente, sean la mejor manera de conciliarnos con nuestro pasado.

La Asamblea del Consejo Europeo, también ha señalado que el conocimiento de la historia es “una de las condiciones previas para evitar repetir los errores del pasado” y añade que “la formación moral y la condena de los crímenes cometidos juega un rol importante en la educación de las jóvenes generaciones". La buena educación, no es tan sólo lo más importante que se debe enseñar, sino que es condición indispensable para poder aprender cualquier otra cosa y, especialmente, para formar ciudadanos libres y comprometidos. La educación y la cultura, son los instrumentos necesarios para una sociedad libre; entendiendo como libertad aquella a que se refiere Tomás y Valiente: “la transmisión de un conocimiento práctico, que permite al hombre examinar sin miedo y sin imposiciones las realidades del mundo en que vive, sin tener que aceptar ideas o "verdades" que previamente no hayan sido sometidas a examen”. La educación, no es una simple preparación para adquirir habilidades: es el despertar de la humanidad.

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