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Etiquetas:   Columna de opinión   -   Sección:   Opinión

El estilo Grande-Marlaska

Jesús Salamanca
Jesús  Salamanca
lunes, 10 de julio de 2006, 21:52 h (CET)
No entendemos el regalo a Batasuna y al entorno etarra. La aceptación y el beneplácito de José Luís Rodríguez Zapatero a la entrevista entre el líder del PSE-PSOE y el de Batasuna es una prueba de la falta de asesoramiento realista y eficaz. Es curioso, pero a muchos nos ha llamado la atención la coincidencia de fechas: reunión con el entorno de ETA y regreso a la judicatura del mal llamado “juez estrella”.

Ese regreso ha generado preocupación. Algunos, exagerando un poco, hablan de alarma social. Es un error vulgar buscar el aplauso cuando de terrorismo se trata. En las democracias serias, la Justicia no pierde el tiempo, y mucho menos la razón, atendiendo al clima social y a la situación política. En mis años de Facultad me enseñaron que la Justicia ha de ser, en todo momento, garante del Estado de Derecho y lo demás son gaitas marineras, ganas de incordiar y afán de alcanzar extraños y personales objetivos.

Cuando se hable de la seriedad de la Justicia, el ciudadano recordará actuaciones y estilos de trabajo como los que hemos presenciado con Grande-Marlaska. Otras formas de trabajo quedarán en la anécdota y posiblemente para el chiste vespertino de taberna. De la misma forma que los jueces interpretan la ley, los ciudadanos lo hacen con los actos y resoluciones. El derecho a hacer, decir y decidir lo es para todos y no sólo para quienes pisan acolchada alfombra, sin riesgos ni sobresaltos.

Mientras que en algunas personas el Gobierno encuentra aliados y cooperadores, con la seriedad del estilo laboral de Grande-MarlasKa el ciudadano se siente protegido y seguro. Se ha ganado el reconocimiento social y ha inyectado ilusión donde reinaba desorientación, angustia y preocupación.

Las dudas y el miedo han vuelto a la calle; existe la sensación de que la Justicia se ha quitado la venda y mira de reojo a la política. Nadie esconde ya la bandera de la sospecha o, lo que es lo mismo, gana terreno la inseguridad general y pierde la seguridad ciudadana. Flaco favor el que han hecho a la sociedad dos miembros de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado.

Hoy existe un fuerte sentimiento de inseguridad y preocupación. Ni siquiera el “juez estrella” debe estar seguro de su resolución, por cuanto quiere saber de qué se trata en las reuniones colaboracionistas. Es como amenazar con tirar la piedra, pero sin soltarla de la mano. Algo así como “que me miren, pero que no me vean”.

Todos sabemos que para los gustos se hicieron los colores. En la calle hay una opinión que no tiene marcha atrás: Grande-Marlaska, refrendado por una impecable actividad y actuación judicial, deja “tan buen sabor de boca” que el ciudadano está convencido de que la aplicación de la ley sí es posible en toda su magnitud. A pesar de la banda terrorista, de su entorno y de quienes colaboran con ellos para facilitarles el camino, Montesquieu no corre peligro y eso es un alivio.

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