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Etiquetas:   Algo más que palabras   -   Sección:   Opinión

Guarda parques - guarda vidas

Víctor Corcoba
Víctor Corcoba
lunes, 10 de julio de 2006, 21:52 h (CET)
Ser en la vida guardián de parques y jardines, tiene su capacidad y también su mérito, como todo en este mundo. Sin embargo, a la profesión de guarda parques, yo le añado un plus de dichas cuando se ejerce vocacionalmente, teniendo en cuenta que llevado a buen término el trabajo, nos genera aliento en la vida, por lo que guarda y resguarda de oxígeno. Las plantas dejan un sabor de libertad, en la boca del alma, que nos trascienden e introducen en una especie de jardín cósmico en cuyo interior germina el silencio de lo armónico. Esto nos da una paz que no tiene precio. La tierra es algo que funciona como un bosque sideral en la retina de todos. Sólo hay que dejarse llevar por la poesía, o lo que es lo mismo, abrir las ventanas del corazón para sentirnos vivos con la viva naturaleza. De todo esto saben mucho los cuidadores de vergeles, observadores de lunas y soles. Son auténticos intérpretes de la naturaleza, donde realmente nace la verdad con el limpio cristal del firmamento. En consecuencia, su visión de pensamientos hacia el jardín del mundo, debiera considerarse y servir de estímulo. Tendríamos, sin duda, otros miramientos de urbanidad por el verde.

Por desgracia, si peregrinamos por los verdes de nuestro planeta, enseguida nos toparemos con la prodigalidad de la mano del hombre, capaz de devastar sin vacilación llanuras y valles boscosos, dehesas y cotos, sin importarle deformar el hábitat, hasta el punto de alterar los sistemas hidro-geológicos y desertizar espacios de arbolado, con industrializaciones salvajes y profusión de torpezas. Todavía nos produce un inmenso dolor pensar que la naturaleza nos llama al orden, mientras nosotros pasamos de prestarle atención. Se talan árboles sin concierto alguno, - me decía un guarda parques de una Sierra- por capricho de que pase una carretera o por despecho a quién los plantó. Sería bueno escuchar más a estas personas involucradas en la defensa, protección y conservación de su propio medio ambiente. Con su testimonio, a pie de selva, pueden ayudarnos a comprender lo importante que son los espacios de espesuras y monte.

Tal y como está el patio de los vergeles, más desértico que un cerro de fuego, resulta esperanzador que el Parque Nacional de los Picos de Europa acoja a jóvenes guarda parques para instruirles en lo fundamental que es la naturaleza para la existencia humana. El programa pretende que la juventud, a través de su estancia en los Picos de Europa y de las actividades programadas, aprecien cuestiones tales como la interacción entre los valores naturales y culturales, los criterios básicos de conservación de la naturaleza, los trabajos que se desarrollan para la identificación y recuperación de hábitats y especies, el conocimiento básico de los estudios científicos que están desarrollándose en el Parque Nacional, o la comunicación permanente que ha de darse entre los trabajadores del espacio protegido, particularmente los guardas del mismo y los visitantes.

Yo veo bien este tipo de Facultad en pleno soto, porque parte de la curiosidad que se palpa, a la cátedra que se vive. Una buena manera de caer en la cuenta de que precisamos arboledas para la vida. La actual crisis ecológica es fruto de una profunda crisis moral y semilla de una equivocada concepción política, donde se premian los intereses, a favor de un desarrollo desmedido que no tiene en cuenta las leyes de la naturaleza. El turismo puede llegar a ser también un medio privilegiado para sensibilizar al gran público. La deferencia al medio ambiente es tan justo como necesario. Que escuchen a los cuidadores de parques y jardines. Estos ángeles de la naturaleza son únicos para que tomemos conciencia del patrimonio verde del planeta. Todas las ayudas protectoras son pocas. La misma Carta Europea del Turismo Sostenible en Espacios Naturales Protegidos (CETS), pienso que ha de alertar con más tesón sobre la nefasta situación y promover el desarrollo del turismo, pero en clave de sostenibilidad.

En cualquier caso, pienso que hay que activar la vigilancia, sobre la calidad del aire que respiramos, el agua que bebemos y derrochamos, la tierra que ocupamos. La calidad de vida depende en gran parte del medio ambiente, de los parques generados y de los espacios naturales protegidos. En última instancia somos una consecuencia de nuestro entorno. Por ello, entiendo, que es una desgracia que en el planeamiento urbano, los jardines no se consideren un elemento imprescindible, fundamental en la calidad de vida de los ciudadanos. Estas superficies de enramado follaje, casi siempre menores que las grandes superficies comerciales, cumplen funciones de aliento, tanto para el bienestar de las gentes como para el sostenimiento de otras especies. Nos faltan proyectos de ciudades arboladas, caminos con tonos de naturaleza viva, municipios con espacios naturales, acrecentar las redes de la reserva de la biosfera, y nos sobran a raudales ambientes degradados.

A pesar de los pesares, hay una luz entre las sombras, que nos pone en guardia. Nos alegra saber que el turista elige para pasar las vacaciones, un lugar de alta calidad ambiental, ciudades y pueblos sin ruido ni contaminación, con grandes zonas verdes y con un entorno natural potente. Los guarda parques, guarda jardines o guarda ambientes, son la profesión del futuro en un presente negro. Eso sí, hay que matricularse en una Universidad de alta montaña, donde el enjambre de especuladores todavía no tiene morada para levantar jaulas de cemento, y así poder doctorarse en la ética natural, o sea, en el respeto a la madre naturaleza. Es lo suyo, predicar con lo ejemplo. De lo contrario, no tiene sentido.

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