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Etiquetas:   Ver   juzgar y actuar   -   Sección:   Opinión

Una España reducida

Francisco Rodríguez Barragán
Francisco Rodríguez
lunes, 10 de julio de 2006, 01:08 h (CET)
Siempre he convivido con personas nacidas en otros lugares de España, en el barrio, en el trabajo, en el bar o en la parroquia. El lugar de nacimiento de cada uno era un detalle intrascendente. Las opciones políticas podían ser de un color u otro sin que tampoco tuvieran incidencia significativa en nuestras relaciones. Esto ha sido así y continúa siéndolo en Andalucía. Muchos andaluces se han trasladado a otros puntos de España y gentes de toda España viven en Andalucía. Siempre pensé que si lo deseaba o lo necesitaba podría trasladarme a cualquiera de las cincuenta y dos provincias españolas y que allí podría seguir comportándome exactamente igual que lo haga en Andalucía.

Ignorante de mí. Ahora me entero de que no podré ir a vivir a Cataluña porque no hablo catalán y aquella región ha dejado de ser bilingüe. Ni mis hijos ni mis nietos podrán estudiar allí en castellano ni confesarse españoles. Las opiniones políticas que siempre pudimos expresar en libertad, allí habrá que ocultarlas pues si no eres nacionalista-catalán serás un ciudadano de segunda y además te llamarán charnego, palabreja que no tiene ningún tono amistoso sino despectivo. Decididamente, en estas circunstancias, no podría irme a vivir a Cataluña.

También me entero de que en las preciosas provincias vascas tampoco podría ser como soy aquí en Andalucía. Me llamarían maketo y sería allí una especie de extranjero. Como los alemanes en Mallorca que dijo el Sr. Arzallus. Mis preferencias políticas tendría también que ocultarlas cuidadosamente si no decido hacerme nacionalista-vasco y si alguien se entera de que me siento español y prefiero al PP me pueden quemar el coche.

En Galicia ya andan preparando algo por el estilo aunque aún no lo tienen perfilado y en Canarias a lo peor también. Allí nos llaman godos desde hace tiempo. Nunca pensé que ello fuera despectivo, aunque quizás llegue a serlo.

Así que estoy triste al comprobar que la España en la que tan cómodo me sentía se ha ido reduciendo. Ya no son cincuenta y dos provincias en las que puedo vivir en libertad e igualdad. Se van quedando en menos. Va siendo una España chica, fragmentada, ¿a qué volvemos? ¿a las tribus prerromanas? ¿a las taifas musulmanas?

Me siento triste por esta reducción de España. Espero que en Andalucía sigamos considerando andaluces a cualquiera que viva entre nosotros aunque haya nacido en otro sitio de España.

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