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Etiquetas:   Disyuntivas   -   Sección:   Opinión

Desde el limbo

Rafael Pérez Ortolá
Rafael Pérez Ortolá
lunes, 10 de julio de 2006, 01:08 h (CET)
Increíble, sí; pero cerraron el limbo. A mí, cada vez me estaba gustando más eso residir una temporadita en el limbo. ¡Y yo que lo confundo con el paraíso!

Porque, si es por saber,
¿Dónde se puede saber algo de lo esencial?
Si se pretende saber,
cuando sólo es pretensión,
¿dónde iremos a parar?


Sospecho que en el limbo estaríamos a salvo de los pretenciosos, vendedores de pollinos reumáticos y flautistas modernos embaucadores. Sospecho, sospecho...pero tratándose del limbo es difícil la precisión.

Cómo no voy a verme en el limbo si considero lo sucedido casi siempre con la SELECCIÓN española de fútbol; en particular la reciente representación en el mundial alemán. Con bombo y platillos -No precisamente el de Manolo-, se hace hincapié en las aspiraciones a todo, se recalca la enorme clase de los jugadores, el buen ensamblaje y la dirección sabia. Otra versión se aprecia en vivo a medida que se suceden los acontecimientos. Las actuaciones de Bufón -Italia- me ilustran sobre la solidez de un cancerbero. Llega el partido clave contra Francia y la defensa clarea, se desequilibra, con un Pernía penoso. Ofrecemos un centro del campo con tres creadores jaleados, su creación nos bastará, no necesitamos mediocampistas rompedores. Y la delantera me impresiona más como florete que como ataque. ¿No hay más?, bien está. Pero desde el limbo suena así la sinfonía.

Cada día estoy más convencido, eso de la TRANSPARENCIA, se convierte en una de las mayores aportaciones del progreso. Las engañifas y los ocultamientos quedan obsoletos ante la visión moderna de las cosas. Son tantos los medios, tan profundas las informaciones que estos tiempos se convierten en la era de cristal, todo se muestra, está a la vista. ¿Quién ignora las conversaciones con los etarras? ¿Podemos dudar de los chantajes recientes a los empresarios? Acaso estemos en el limbo sin haberlo solicitado.

Todo se presenta meridianamente claro. Las inspecciones gubernativas no se limitan a su declaración o la mía ante la Hacienda pública; se hacen extensivas a empresas inversoras -Sellos, constructoras, empresas públicas-, con las consecuencias sufridas por unos y conocidas por muchos. Si nadie duda de la extensión de estas inspecciones en los diversos campos, será porque son transparentes, ¿O no? Que no se hacen bien las revisiones, hombre, ya son ganas de afinar demasiado. ¡Los cristales están limpios! Se aprecian de maravilla las numerosas transparencias.

Si nos colocamos en un mirador privilegiado como el del limbo, los hechos más aparatosos se suavizan en forma de paradojas chocantes. Veamos sino las movidas con el DOPAJE deportivo, sobre todo en el entorno de los ciclistas. Los matices ofrecen paradojas evidentes y curiosas.

Disfrazados de cuidados médicos, se implanta la utilización de productos dopantes, con ocultación y alevosía, engaño y desprecio hacia la salud del jóven corredor. Se silencian esos usos, pero se conoce su uso muy extendido. Asombra la perspicacia investigadora para utilizar todos los productos posibles, resaltando la impericia para destapar esos manejos. Se habla de mucho combate contra estas prácticas extradeportivas, pero la actitud tolerante prima entre gran parte de la ciudadanía, sino en la mayoría. No parece tan intenso eso del dopaje al diluirlo entre estas confrontaciones paradójicas.

Ante este comportamiento fraudulento y desde mi ignorancia, se muestra una polarización desmedida contra los ciclistas; y dentro del ciclismo, sólo en determinados momentos o sectores. ¿Serán estos los únicos ejemplos? ¿No les parece excesiva la implicación exclusiva del médico y los ciclistas? Sin esfuerzo alguno, deduzco que existen entramados comerciales -Aportaciones de sangre, productos químicos, pagos, cobros, manejos de información, etc.-, a los cuales no suelen dirigirse las miradas ni las investigaciones, parecen estar situados de manera inocente detrás de una pantalla opaca. Qué quieren que les diga, se aprecia muy clara la desproporción entre unas actuaciones y la realidad, desde aquí al menos.

Vamos a dar por bueno eso de que desaparezca el limbo, ¡Qué le vamos a hacer! El problema radicará en la ubicación en la que nos intenten situar a los ciudadanos, hartos ya de tanta descolocación. Uno tiene su corazoncito y añora una mínima posibilidad de placidez confiada. Si no fuera en el limbo, ¿Dónde? Porque los comportamientos similares a los referidos no escasean; al contrario, brotan de los lugares más insospechados.

Una de las más implicadas en la existencia y supresión del limbo es la IGLESIA. Tambien en su entorno tenemos ejemplos diversos que nos retrotraen al limbo; desde él habría mucho que considerar sobre la participación -Todos somos Iglesia-, ¿Los creyentes tenemos esa sensación de ser considerados como parte activa? ¿O más bien se nos arrincona con las excusas más banales? Seguidismo no es participación. La Iglesia no la veo como definidora de la nación, como posturas melifluas con los poderes establecidos o con los poderes chantajistas y terroristas.

Pero no debo entender las posturas, porque donde la echo de menos es en la reflexión y niveles consecuentes de actuación, humildad en la aproximación al hecho religioso, ¿Qué es eso de que se sepan los designios de Dios tan al dedillo? La fe, ni se compra, ni se vende, ni se manipula. ¡Menos mal! Anhelamos una mayor proximidad a los sufridores en esta vida. Este es sólo un esbozo, pienso que suficiente, para ilustrar el derecho que tenemos a estar en el limbo, donde uno pueda desenvolverse sin cortapisas artificiales.

El limbo se convierte en una UTOPÍA maravillosa, donde uno pueda equivocarse por sí mismo, pueda expresar sus propias convicciones, dialogar o participar desde su propio sentimiento. Las situaciones reflejadas, permiten observar desde el limbo en que estamos, las inconveniencias que nos intentan presentar como adorables bondades.

¡Brillan demasiado los desmanes!
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