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Etiquetas:   Cartas a un ex guerrillero  

Quebrantar el propio corazón

Sor Clara Tricio
Sor Clara Tricio
lunes, 10 de julio de 2006, 01:08 h (CET)
Querido Efraín:

-“Yo reconozco mi culpa”, se lee en el libro bíblico de los Salmos. –“Si yo la reconozco, Señor, dígnate perdonarla”, continúa. No alimentemos, en modo alguno, la presunción de que vivimos rectamente y sin pecado. Lo que testimonia a favor de nuestra vida es el reconocimiento de nuestras culpas. Los hombres que no tienen arreglo son aquellos que dejan de atender a sus propios pecados para fijarse en los de los demás. No buscan lo que hay que corregir, sino en qué pueden morder. Y, al ser incapaces de acusarse a sí mismos, están siempre dispuestos a inculpar a los demás. No es así cómo nos enseña el mismo Salmo a orar y dar a Dios satisfacción, ya que dice: “Pues, reconozco mi culpa, tengo siempre presente mis pecados”. El que así ora, no atiende a los pecados ajenos, sino que examina su conciencia, y no de manera superficial, como quien palpa, sino profundizando en su interior. No se perdona a sí mismo, y por esto precisamente puede atreverse a pedir perdón.

¿Quieres calmar a Dios?... reconoce lo que has de hacer contigo mismo para que te sea propicio. Atiende a lo que dice el mismo Salmo: “Los sacrificios no te satisfacen: si te ofreciera un holocausto, no lo querrías”. Por tanto, ¿es que se ha de prescindir del sacrificio? ¿Significa esto que se puede aplacar a Dios sin ninguna ofrenda? ¿Qué dice el salmo?... “los sacrificios no te satisfacen; si te ofreciera un holocausto, no lo querrías”. Pero continúa leyendo y verás que prosigue: “Mi sacrificio es un espíritu quebrantado; un corazón quebrantado y humillado, tú no lo desprecias”. Dios rechaza los antiguos sacrificios, pero te enseña qué es lo que has de ofrecer. Nuestros antepasados bíblicos ofrecían víctimas de sus rebaños, y éste era su sacrificio. Más, “los sacrificios no te satisfacen, quieres otra clase de sacrificios”... sigue sonando.

Entonces, si no quiere holocaustos, ¿va a quedar sin sacrificios? De ningún modo. El verdadero sacrificio es un espíritu quebrantado; Dios no desprecia un corazón quebrantado y humillado. Éste es el sacrificio que ha de ofrecérsele. No busquemos en el rebaño, ni preparemos embarcaciones para navegar hasta lejanas tierras en búsqueda de exóticas esencias. Busca en tu corazón la ofrenda grata a Dios. El propio corazón es lo que hay que quebrantar. Y no hay que temer, no se pierde el corazón al quebrantarlo, pues dice también el Salmo: Oh Dios, crea en mi un corazón puro. Así, de este modo, para que sea creado un corazón puro, antes hay que quebrantar el impuro.

Sintamos disgusto de nosotros mismos cuando pecamos, ya que el pecado disgusta a Dios. Y, ya que no estamos libres de pecado, por lo menos asemejémonos a Dios en nuestro disgusto porque a él le disgusta. Así la voluntad del hombre coincide en algo con la de Dios, en cuanto a que le disgusta lo mismo que odia su Hacedor.

Os envío los mejores deseos, y con la esperanza de que sigáis todos bien, recibir un cariñoso saludo.

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Religiosa actualmente residente en Segovia (España), después de algunos años de su vida transcurridos en colegios de Latinoamérica y USA. Mantiene correspondencia con Efraín Barrios Molino, antiguo luchador por la justicia social en Centroamérica.

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