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Las cárceles secretas de la CIA: El origen de la arbitrariedad

Guennady Evstafiev
Redacción
domingo, 9 de julio de 2006, 03:24 h (CET)
El investigador suizo Dick Marty presentó a la Asamblea Parlamentaria del Consejo de Europa (PACE) un informe largamente esperado: sobre las ‘cárceles secretas’ que la CIA había instalado en el territorio de algunos países europeos. El reporte, a pesar de que es algo tardío, tiene importancia incuestionable para entender y sanear la situación en esta materia, y uno no puede negarle a Marty la razón, especialmente, cuando dice lo siguiente: ‘Nuestra intención es poner fin al terrorismo y seguiremos luchando contra él. Pero también necesitamos comprender que si detenemos a la gente y, sin juicio ni investigación, la enviamos a cárceles secretas donde se practican torturas, sólo conseguimos infundir la simpatía hacia los terroristas’.

Bien dicho. Es una situación absolutamente anormal, y en el caso de Occidente, que hace alarde de su adhesión a la democracia y al respeto de los derechos humanos, francamente vergonzosa.

La culpa la tiene la CIA, desde luego, o, al menos, es lo que se nos está diciendo. Pero no es del todo cierto. Un informe analítico del Departamento de Defensa de EE.UU., publicado por el influyente Wall Street Journal en marzo de 2002, sacaba la conclusión de que los poderes del presidente norteamericano en casos de operaciones bélicas priman sobre cualquier ley o acuerdo que prohíbe la tortura.

Dicho documento reflejaba de forma cabal un fragmento de la instrucción secreta firmada por George W. Bush el 7 de febrero de 2002: ‘...Determino que ninguna de las cláusulas de Ginebra será aplicable a nuestro conflicto con Al-Qaeda en Afganistán o en cualquier otra parte del mundo’.

Era justamente lo que necesitaba Donald Rumsfeld, jefe del Pentágono y principal promotor del Programa SAP (Special Access Program) que permitía a varias entidades norteamericanas desarrollar operaciones especiales en el más estricto secreto, comunicando los detalles a unos cuantos funcionarios ‘elegidos’ dentro del Pentágono, la CIA y la Casa Blanca. El auxiliar de Rumsfeld, Stephen Cambone, se puso al frente de ese programa que era coordinado desde el Departamento de Defensa y el cual, en principio, tenía como objetivo desarrollar un procedimiento expeditivo para sonsacar a los detenidos datos urgentes, en particular, aplicando en los interrogatorios los métodos ilegales que habían sido autorizados por el presidente de Estados Unidos.

Ya se sabe lo de las buenas intenciones... Fue a partir de ahí como se inició una cadena monstruosa de crímenes de lesa humanidad que provocaron una oleada de indignación en el mundo entero.

Lo más horrible es que el asunto no se limitaba a ello. Para cumplir misiones operativas, se formaron al amparo del SAP pequeños grupos secretos cuyos miembros usan falsa identidad, atraviesan las fronteras sin visado, pueden practicar detenciones inmediatas en el territorio de otros Estados, interrogar con el uso de torturas a los sospechosos - a menudo, con la ayuda de servicios de seguridad locales – y trasladarlos a centros de detención secretos (léase ‘cárceles’) que la CIA tiene a lo largo del mundo, según la prensa norteamericana. Los traslados son realizados en aviones Gulfstream alquilados por el Gobierno de EE.UU. Normalmente, las cárceles de Guantánamo y Abu-Graib no se usan para tales efectos, debido a la ‘extrema sensibilidad’ del ‘tratamiento’ que se aplica a los detenidos.

Dick Marty menciona a nueve países miembros de la Asamblea Parlamentaria del Consejo de Europa que, en uno u otro grado, se han visto implicados en el esquema pero, en realidad, existen muchos más centros de este tipo. Muchas naciones aparentemente preocupadas por la democracia evitaron, por cierto, responderle al investigador suizo que intentaba disipar algunas sospechas. ¿Que dónde está la famosa Carla del Ponte, principal luchadora contra los crímenes de lesa humanidad? No le afecta el asunto, puesto que no se trata de los serbios. ¿Cómo podemos investigar, por ejemplo, la actuación de una democracia como la de Suecia, que entregó a los agentes secretos del SAP – sin sumario, ni juicio, ni decreto de extradición, directamente en el aeropuerto – a dos emigrados políticos de origen egipcio, Agiza y Zery, uno de los cuales no tenía vinculación alguna con Al-Qaeda, según se supo tras veinticuatro meses de torturas, y el otro, había roto con ella en 1994?

Bajo la dirección de Rumsfeld se creó en Estados Unidos un supercomando que tiene poderes ilimitados y puede cometer cualquier abuso. El jefe de la base norteamericana en Mazar-i-Sharif, en Afganistán, reconoció en su momento que uno de los asesores legales del secretario de Defensa de EE.UU. le había autorizado para ‘quitar los guantes y hacer lo que le dé la gana’.

La aparición de esas personas, que administran en secreto los destinos humanos, suscita numerosas interrogantes y recelos. La actual Administración republicana, al parecer, no discrimina ningunos medios y hay peligro de que esos chavales audaces, como los vaqueros de una película del Oeste, tomen las riendas en sus manos y se pongan a explotar casas y matar a políticos y diplomáticos, prácticamente igual que las personas contra quienes deben luchar.

Rusia, como nación que ha sufrido atentados dentro y fuera de su territorio, defiende la necesidad de una lucha coordinada y enérgica contra cualquier forma del terrorismo pero, al mismo tiempo, respalda la idea de crear una base jurídica que ponga barreras reales a las operaciones ilegales desarrolladas por los servicios secretos de otros países en Europa y, a ser posible, a escala universal. Pero lo más importante es que la opinión pública mundial presione en plano moral sobre la Administración de Bush y haga a EE.UU., cuyo Gobierno deriva continuamente hacia las arbitrariedades en el escenario internacional y en la vida doméstica, volver a una posición de respeto por el Derecho Internacional.

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Guennady Evstafiev es asesor jefe del Centro ruso de estudios políticos, teniente general en retiro del Servicio de Inteligencia (SVR), para RIA Novosti.

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