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Etiquetas:   Entrevista   Poetas   Emma Pedreira  

Nosotras ya estamos en las calles

Entrevista a la poeta Emma Pedreira
Ángel Padilla
martes, 20 de agosto de 2019, 09:24 h (CET)

Licenciada en filología hispánica, Emma Pedreira es una poeta y narradora gallega encuadrada en la "Xeración dos 90"; ha ganado varios premios literarios, entre ellos el Premio Xerais de novela, por "Besta do seu sangue", obra sobre la que el jurado dijo que es una propuesta de carácter transgresor caracterizada por una multiplicidad de voces y por una exhibición de registros sorprendente. Ganadora del "Julio Verne de Literatura Infantil" con la obra "Los cuerpos invisibles", el jurado destacó de la obra una perspectiva original y un firme feminismo. Ha publicado unos doce libros de poesía y seis novelas, aparte de aparecer su obra en infinidad de antologías colectivas, muchas de ellas de enorme relevancia.

Emma, tú y yo nos conocemos de hace mucho. Vamos a ir muy a lo directo, a trueno. Demasiada mentira ya hay en este mundo, ¿verdad?


Para mí el mundo está construído sobre enorme placas de mentira, algunas inamovibles ya, otras fluctuantes, pero todo el constructo social es una abominable manipulación a base de la mentira de alguna gente y del consentimiento, la credulidad y ceguera de otra. Decía Pessoa que “o poeta é un fingidor”, un alguien mentiroso, pero hasta eso es mentira, ya que la poesía es para mí aquello que sujeta las únicas verdades de este mundo.

Los del barco, un barquito con cabecitas pensando ¿qué será de mí? Open Arms dando vueltas al mar, pidiendo permiso a las costas. ¿La humanidad será siempre igual de estúpida?


La humanidad, mientras siga desmemoriada, afásica, amnésica, seguirá siendo estúpida. Todas las personas llevamos en nuestra carga genética los movimientos migratorios. Somos una mezcla de aquí y de allá, de colonialismos, de des-lugares. Casi ninguna somos del lugar donde nacieron las personas de tres generaciones anteriores debido a guerras, hambres, necesidad, la problemática que sea, que nos haya llevado a buscarnos las patatas en otro sitio. Hemos perdido la memoria de que hace ochenta años mandamos niñas y niños en barcos a otros países para que sobreviviesen a una guerra, o que nos fuimos a vivir el sueño americano, que nos dio tantas hostias y tan bien dadas, o que miles de jóvenes se llevan cada día, hoy mismo, todos sus títulos y frustraciones en la maleta para ir a probar suerte en otro lugar porque aquí lo hemos esquilmado todo. Hemos perdido la memoria y también la empatía, así que la estupidez y la crueldad reinan. La mentira de la que hablabamos antes nos entró hasta las tripas y ahí está, borrando nuestro pasado y cerrando conciencias con el miedo que nos inoculan los pococientos que están en el poder: el miedo al pobre, el miedo a perder la mierdaymedia que nos queda...Estúpida no, la humanidad es merecedora de ir extinguiéndose a la de ya y yo lo pido cada noche en mis oraciones. Y hasta a veces me pido prime.

(sonrisas del entrevistador, con ese "y hasta a veces me pido prime").

Te pillo mal, lo sé, y te agradezco que pierdas tiempo para arrojarles tu maravillosa luz de tu ser poético (lo tienes, tus poemas tienen algunos destellos que no se encuentran en lo inmanente vivido por los sentidos normales, me remito por ejemplo al poema que te pedimos desde ASPAC de Castellón para un calendario de animales), andas de promoción de tu último libro "As fauces feroces". Dime algo de ello.


Me pillas mal porque soy “revirada”, que decimos aquí, retorcida, atravesada, así que imposible pillarme bien nunca (jaja) y siempre tengo un libro que andar lanzando con catapulta por encima de las cabezas de las personas. As fauces feroces es el que toca en este momento, una novela en galego (sin traducción aún) que habla sobre la diversidad afectiva y sexual, sobre las maternidades no conformistas ni estandarizadas, sobre los cuerpos no normativos, sobre las relaciones entre la masa social y las personas y, sobre todo, sobre las personas que deciden amar de otra manera o dejar de hacerlo porque a veces olvidamos el autocuidado como forma de amar. Hay dos monjas lesbianas (Benedetta Carlini y Bartolomea Crivelli), reales y que fueron juzgadas por un tribunal eclesiástico en el siglo XVII porque su amor, que imitaba la mística religiosa, era un escándalo; algo que, de manera muy sorprendente, sigue siendo sometido a jucio, a valoración social y a escarnio en este mismo siglo. Al mismo tiempo también empezaré la promoción de la tradución al castellano de "Corazón y demás tripas", un librito de microrrelatos eróticos y poéticos que aquí se ha descatalogado y que buscaba un huequito para salir al exterior.

En Galicia eres ahora mismo de las autoras más importantes, y eres joven. Se te presenta lo mejor. Tu poesía quedará. ¿Qué sensación te da?


A mí me da la risa, porque no es lo mismo decir que soy una autora importante en Galicia que después explicar a la gente que escribo y publico mis obras en gallego. Ahí se desmonta bastante la importancia de la importancia. Este sistema literario es pequeño, minifundista, endógamo, con una militancia lectora fortísima y fiel, pero con un número cada vez más escaso de personas lectoras. Si hablamos de poesía, la cosa se reduce todavía más, hablamos ya de resistencia además de militancia y también de sobrecarga, porque en Galicia hay cuatro poetas por cada vaca y vacas hay unas cuantas. Es maravilloso en ilusión y en intangibilidad, pero es inasumible; supone un esfuerzo el mantener las velas desplegadas a soplidos porque el viento está muerto. La poesía queda, claro que queda, mientras no venga el fuego limpiador que la borre, la crítica patriarcal, la hegemonía lingüística del español, la sangría de lectores. No me preocupa. Disfruto del proceso terrible de escribirla y me desprendo del libro en cuanto existe. Defiendo este oficio porque me permite airear miserias y aliviar dolores, darle un punto cáustico a lo crítico y, sobre todo, convertir la poesía –como lo haces tú, amigo- en activismo, que no quede en belleza y carcasa. La literatura ha de tener una utilidad pública y social y el arte estar al servicio de los pueblos, ser la voz de las personas que no la tienen.

¿En qué autoras y autores te refugias cuando quieres sentir poesía de verdad y seguir adelante?


Me refugio en autoras que me hostien el corazón, que me espabilen. Soy una persona bastante anhedónica y necesito los cafés bien cargados, el silencio muy alto, los besos muy fuertes, mucha sal en la sopa para poder sentir de verdad las cosas, así que necesito leer gente que haga la poesía a lo bestia, casi sin piel. Hablo de Pizarnik, de Plath, de Sexton, de las poetas mal llamadas confesionales porque se quejaban en público y en papel. Leo a Bachmann, a Ada Salas, a Mary Jo Bang, a Anne Michaels, Luisa Castro, Dolors Miquel. Mi repertorio es femenino y es galego y es universal (Chus Pato, Ana Romaní, Xohana Torres, Xela Arias, Lupe Gómez). Leo en mi lengua a mis compañeras de generación y a las jóvenes, que vienen con una potencia descomunal (Lara Dopazo, Andrea Nunes, Charo Lopes, Miriam Ferradáns). La poesía es también medicina del momento, hay una posología y una indicación para cada dolor, así que cada día, según me encuentre de dañada, busco la palabra que me alivia.

Sé que estás en la lucha por los derechos de los animales. Oh poeta, háblame de los animales...


¿Cuánto tiempo tenemos? Sólo sé que mi relación con los animales cambió gracias a la literatura. Vengo de una raíz donde uno de nuestros grandes ideólogos y escritores, Castelao, propuso la vaca como animal totémico de Galicia. Y fue perfecto. Pero Galicia ama a los animales y los odia al mismo tiempo porque implican trabajos, sobrecarga y gastronomía. Galicia es, en tópicos, churrasco, marisco, pulpo á feira, sardiñadas, matanza, perros atados a cadenas de dos metros, animales para criar y guardar y que llegue el San Martiño para llenar de carne para el invierno. Algún pez en tu pecerita de dos litros, nadando esquizofrénico. Pollitos de colores en las ferias de cuando niña, canarios en los balcones a pleno sol. Cazadores y perros desechados cuando acaba la temporada, perreras y refugios llenos a rebosar, colonias de gatos.

Todo eso no lo veía, lo tenía normalizado. Tuvo que llegar John Berger con su Puerca Tierra para sentir el pavor de una vaca en el matadero, aprender que su corazón se paraliza de terror mientras el mío también y sigo leyendo y pasa sobre mí toda la pena de los animales que me he comido y del proceso hasta llegar a mi plato. Fue terrible, paralizador, de repente ves ojos en todos los seres vivos y muertos y no hay nada que traduzca más el alma a todos los idiomas que los ojos de un ser vivo.


Después fueron llegando los perros de Mary Oliver en sus Dogs Songs, las lobas, las zorras, las mujeres animalizadas de Sarah Hall, los halcones y los lucios de Ted Hughes o de Xoán Abeleira. Me falta literatura animalista, me falta poesía que trate de salvar más ojos y más almas.


¿Cómo es tu día a día? El mental. Ya sabes que no quiero que me cuentes tus manías. Por cierto, ¿las tienes?


Pues muy complicado, muy sinestésico, polarizable. Soy un filtro andante de emociones y todo me rasca. Soy como un coche mal aparcado, todo me roza la chapa y me va descascarillando y haciendo mella. A cambio, por las fisuras, sale poesía, salen collages, salen relatos, salen frases lapidarias, sale todo lo emocional. Tengo un amigo que dice que me utilizo como cobaya de mis propias emociones y sí, puede ser que haya elegido ser un poco faquir mentalmente, filtrando todo lo que vivo y escucho a lo largo del día a través de lo emocional y lo artístico. Sublimar, dicen que se llama. Yo no sé muy bien como se llama, lo que sé es que no puedo desconectar esa parte del cerebro que hace compost poético con toda la mierda del mundo y me molaría, claro que sí, sufriría menos. Esas son mis manías, ser racional y emocional al mismo tiempo. Empatizar, tratar de tocar por dentro.

¿Y si nos juntamos los poetas para hacer un gran poema contra la agresión a la Tierra y el cambio climático? Podríamos intentar hacer que se viera en el espacio más grande posible del cielo. Con un ejercicio mental, claro. ¿Ayudaremos con la poesía a nuestra Tierra, Emma?


A veces lo intentamos y van saliendo cosas. Aquí, en Galicia, la poesía la utilizamos sobre los muros y en las pancartas, la gritamos en plena calle, la subimos a los palcos en los conciertos, la metemos en el super, la metemos en las manis. Estamos contra la minería devastadora y expropiatoria, en la lucha por el acceso gratuíto al agua, por la salud de los ríos, contra la tala masiva de bosques centenarios, los incendios intencionados subvencionados por la madereras, contra los vertederos incontrolados, contra la reapertura de la toxicidad de explotaciones mineras y eléctricas, contra las energías no renovables, contra las touradas (corridas de toros), las fiestas populares con sufrimiento animal. En todos estos movimientos hay poetas: Mina de Touro-O Pino, Corcoesto, Anti Touradas de Pontevedra, memoria de la lucha de As Encrobas, Prestige, Nunca Máis, Plataformas feministas, y muchos más, todos movimientos que contaron (y cuentan, algunos siguen con la lucha prendida) con la voz de poetas y manifiestos que son, verso a verso, una proclama. Aquí, parte de la poesía pasa de laureles, de academias, de atriles y nos calzamos las botas y nos vamos al camino, “a sachar”, que decimos, a mancharnos las manos y a rompernos la voz y los papeles.

¿De cuáles de tus libros editados te sientes más orgullosa, o tranquila -tranquila en tanto a que siempre vemos alguna pega a lo hecho atras-?


El orgullo de lo que una hace es un poco inútil, lleva al ego y a los problemas con la autoestima, a la frustración, la decepción y tal. Me gusta estar orgullosa de mis hijas porque en la autonomía que están consiguiendo veo las dos mujeres que se están formando. Orgullo lo siento de aquello en lo que casi no tuve que intervenir y sí me dejaron participar. Y me gusta más hablar de coherencia, de que puedo seguir respetando y no abochornarme de algunas de las cosas que hice y que puedo reconocerme en progresión y en aprendizaje en los libros de estos veinte años de escritora y de persona en crecimiento. Tengo cuarenta años, espero que me quede aún algún ratito más (pinta mal, con este mundo, a ver qué hacemos) y lo que me va dejando tranquila es que, si me leo, o me lee cualquiera, va percibiendo esa progresión, el aprendizaje, la madurez...No me interesa un discurso que no cambia, que no se va adaptando y que no va recogiendo de la experiencia y del camino.

Militas en el feminismo. ¿Sabes que mi padre era un machista descerebrado? Un maltratador. Decía cosas como "cuando seas mayor comerás huevo" y pedía que se le dijera el "cabeza de familia". Me sorprende que en cuanto a violencia machista y léxico, por mucho que hayamos luchado en derechos, dicha violencia sigue igual de encendida y lúgubremente palpitante. ¿Tienes la misma sensación?


Sí, claro que la tengo y, pese a ser una pesimista recalcitrante, quiero ver en este aumento de la agresividad del machismo una contrareacción a la fuerza que está adquiriendo el feminismo y, que, como en cualquier pulso de fuerza, irá perdiendo aliento y empezará a retroceder y volverá a su sitio en la caverna. Es lógico que el macho sienta de repente que sus privilegios de siglos se tambaleen y, como un animal fiero al sentir amenaza, enseñe los dientes. Nosotras ya estamos en las calles, ya estamos uniéndonos, ya estamos en procesos de autodefensa pero también de cuidados, de red, de coeducación, de corresponsabilidad, estamos prendiendo mecha. Es difícil, pero creo que estamos empezando a acorazarnos, a tener consciencia de supervivencia y llamando a las cosas por su nombre para señalarlas y que existan. El léxico está cambiando y también la manera de expresarnos entre hombres y mujeres, entre personas. Queda muchísimo por hacer, además de protegernos y enseñarnos a luchar, y creo que todo pasa por analizar y responsabilizarnos de lo que estamos ofreciendo en la educación a nuestros menores. Si seguimos sosteniendo modelos patriarcales, fáciles por tradición y cómodos de aplicar, o si nos implicamos y buscamos la conciencia crítica, la corresponsalibidad, la igualdad efectiva.

¿A qué nos podemos aferrar para pensar que podemos lograr un lugar digno? O ¿al final todo es mental? Quiero decir, la gracia. Si muchas personas muestran con hechos que otro mundo es posible, cambiarán a los que copian a quienes, como en el cuento de la cigarra y la hormiga, se acuestan sobre las nubes a esperar la gran explosión...


Yo ya no sé...hablaba antes de la mentira global y también de mi pesimismo innato. A veces, viendo tanta gente activista que me rodea, tantos movimiento anti-tal o pro-tal que toman vigor y cada vez van alcanzando pequeños objetivos, consigo no desesperarme y pensar en que mis hijas tendrán hierba bajo los pies descalzos durante mucho tiempo. Luego me vuelvo apocalíptica y me repito palabras como educación o ejemplo o empatía. Lo veo todo difícil, porque lo comprometido es duro, cuesta arriba, derrumbando muros a cabezazos, desmontando obstáculos con las simples manos. Hace falta una fe que a veces no tenemos, un tiempo que la sociedad nos compra para otras cosas, una atención que nos roban para otro cometido y, mientras, las placas de la gran metira, siguen a la deriva con nuestras almitas encima.

Cuando se habla con una poeta de verdad, se nota. Emma, produces una hipnosis de belleza y de reflexión, con todo lo que dices.
Para finalizar, considero necesario destacar respecto a tu trayectoria actual, en concreto a la literatura que se puede leer tuya en castellano, que existe un libro de poemas en bilingüe, galego-castellano, "Antídoto", donde se incluye el que fue considerado el Mejor poema del mundo, "Lista da compra da viúva". Que acabas de publicar -como ya se ha dicho- con Franz Ediciones la traducción al español de "Corazón y demás tripas", un libro de microrrelatos poéticos eróticos y humorísticos. Y esperas que "El libro de las mentiras" llegue pronto al público español, el cual, según me has explicado de él, es "un poemario que se carga las versiones disney de los cuentos clásicos".

¿Podrías regalarnos unos versos de "Antídoto"?

Me rindo al silencio

enemiga de callar

ondeo mi tinta blanca

justo en el filo

y en el desequilibrio

aunque continúe alzada.

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Ángel Padilla 20/ago/19    11:09 h.
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