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Etiquetas:   Carta al director   -   Sección:   Opinión

Zapatero y la misa papal

Miguel Rivilla (Madrid)
Redacción
domingo, 9 de julio de 2006, 03:24 h (CET)
Mucho se ha hablado y se hablará entre el pueblo llano sobre la inasistencia de ZP en Valencia a la misa papal. Para no juzgar a la ligera y tener un criterio sano, conviene tener ideas claras.

Todos, desde el Papa al último asistente a la misa o eucaristía , nos consideramos y somos pecadores ante Dios: “Yo pecador me confieso a Dios” (...) “porque sólo Tú eres santo, sólo Tú Señor”.

Una cosa es asistir a misa y otra acercarse a comulgar. A nadie se excluye de asistir a la celebración, pero no todos pueden o deben acercarse a comulgar. El comulgar supone la fe explícita en la presencia real de Cristo con su cuerpo, sangre, alma y divinidad, que se nos da como alimento y además tener el alma libre de pecado mortal.

Los ateos, agnósticos, pecadores públicos y confesos están excluídos de comulgar. Para ellos es un sinsentido y un absurdo. La misa no es un espectáculo más o menos bonito, sino la presencia real y renovación del único sacrificio de Cristo, que se entrega por la salvación de todos.

Es el sacramento por excelencia de la fe cristiana. Quien vive sin fe, al margen de la moral de la Iglesia o combate su enseñanza, por simple coherencia debe autoexcluirse de comulgar. Tal vez haya sido esta actitud personal la que haya inducido al presidente Zapatero a no dar muestra evidente y pública de incoherencia. Oremos, hermanos, por nuestros gobernantes.

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