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¿Cuál será la respuesta al reto de Pyongyang?

Dmitri Kósyrev
Redacción
sábado, 8 de julio de 2006, 01:44 h (CET)
Pyongyang celebra el Día de la Independencia de EEUU -4 de Julio- con un múltiple lanzamiento de misiles, suceso que ha creado un grave problema diplomático para el Consejo de Seguridad de la ONU convocado el mismo día. Corea del Norte afirmó el jueves que ese lanzamiento fue un “éxito” y un paso que refuerza su capacidad defensiva y disuasoria. En un comunicado de su Ministerio de Asuntos Exteriores, reconoció por vez primera la maniobra militar del martes y explicó que estas pruebas forman parte de ejercicios “rutinarios”. Corea del Norte no descarta adoptar otro tipo de acciones "físicas más contundentes" en caso de recibir mayores presiones por la realización de este tipo de maniobras. Este ya es un problema diplomático y no militar, ya que, según las primeras conclusiones, en lo técnico el lanzamiento de seis misiles norcoreanos no causa impresión.

Se esperaba que fuera sometida a prueba la versión modificada del misil Taepodong-2 que tiene un radio de acción de 6200 km y la masa de 700-1000 kilos. Dicho en otros términos, este misil podía transportar una carga bastante substancial a las costas de Alaska. Pues ahora el nuevo misil tendría que alcanzar, supuestamente, casi cualquier punto de EEUU.

Sin embargo, el misil cayó a varios centenares de kilómetros del lugar de lanzamiento, al ser liquidado, por lo visto, desde el centro de dirección.
En vísperas de este suceso expertos de EEUU expresaron dudas de que, con el radio de acción aumentado, el misil norcoreano pudiera llevar una ojiva tan grande como antes. Por último, “The Washington Post” recuerda que “pasarán años antes de que Corea del Norte sea capaz de crear una ojiva nuclear pequeña para poder montarla en el misil”.
Por más que Pyongyang se anuncie “potencia nuclear”, los expertos no le dan credibilidad.

Pues bien, por consideraciones netamente militares, no hay motivos de alarmarse, excepto los recelos de que en el futuro un nuevo misil norcoreano pueda caer en la carretera o sobre un barco pesquero.

Sin embargo, la diplomacia en torno del “problema coreano” sigue siendo complicada, sobre todo, haciendo paralelo clásico entre Corea e Irán.

En ambos casos el problema no se refiere tanto a la no proliferación del arma nuclear, como a las sospechas de varios países sobre el particular. Además, la creación de tal arma y las pruebas de misiles no violan acuerdos internacionales algunos y, concretamente, en el caso de Pyongyang, que ha abandonado tales acuerdos. Es decir, formalmente no se puede aplicar castigos a estos países de no hallar un pretexto, hasta ahora desconocido.

Por consiguiente, será más fácil, rápido y barato conseguir el resultado deseado sólo por vía diplomática, es decir, asenso voluntario de Teherán y Pyongyang a aceptar las limitaciones ofrecidas a las dos capitales.

Sin embargo, tal asenso presupone un tono de las conversaciones distinto a aquel que Washington intentaba mantener con ambos países durante varios años.

Dicho en otros términos, el problema de Corea del Norte, como el de Irán, es resultado del fracaso de la política anterior basada en presiones y amenazas, y de la necesidad de modificarla. Y, además, teniendo en cuenta el factor de que con respecto a Corea del Norte y a Irán, el Pentágono no es que considere imposible una operación militar, sino que excesivamente costosa y capaz de acarrear consecuencias impredecibles. A su vez, las largas que se dan al cambio inevitable de la política conduce a los resultados que vemos hoy en el cielo sobre el Mar del Japón.

Como se sabe, nadie quiere reconocer sus errores. No obstante, el proceso viene desarrollándose. En ello Norteamérica cuenta con ayuda de sus partenaires. Procede señalar que EEUU no puede aún mantener negociaciones directas con Irán o Corea del Norte. En el caso de Irán merece la mención el paquete de ofertas presentado hace más de un mes en Viena por los seis países (cinco miembros del Consejo de Seguridad de la ONU más Alemania) mostrando a Teherán las ventajas a cambio del desmantelamiento de su programa nuclear. Por lo menos, es el comienzo de un diálogo normal, y la primera respuesta de Irán es un testimonio de ello.

En el caso de Corea del Norte se difundió la información de que Washington estaba dispuesto a efectuar conversaciones bilaterales con Pyongyang que antes rechazaba durante mucho tiempo. Sin embargo, la Administración de EEUU prefiere un proceso paralelo: a un nivel conversar directamente con Pyongyang, y al otro, resucitar las negociaciones a seis sobre el problema coreano que implican a ambas Coreas, EEUU, China, Rusia y el Japón que están estancadas. No cabe duda de que existe la tentación de renunciar a los mediadores y recoger laureles de pacificador (monopolizando las soluciones clave en Asia). La respuesta misilística de Pyongyang a estas ideas parece irracional, aunque se pretende explicarla de cualquier manera diciendo, por ejemplo, que EEUU impuso sanciones contra varias empresas y bancos norcoreanos habiéndolos acusado de blanquear dinero y difundir divisas falsificadas.

A este respecto procede señalar que la confianza no se conquista de inmediato. Si durante varios años, no meses, uno pretende inculcar a un país que él es distinto a los demás y que las reglas comunes no pueden ser aplicadas a éste, que es “marginado”, si se le amenaza constantemente con el uso de fuerza y sanciones, no se podrá esperar que tal país cambie su irracional estilo de conducta en el transcurso de una semana.

El Consejo de Seguridad cae evidentemente en la tentación de recurrir al uso de fuerza. Pyongyang, que anuló la moratoria sobre las pruebas de misiles (implantada por éste en 2001), no tiene razón. El reto está a la vista, incluido el reto a Moscú. El mes pasado el Ministerio de Exteriores de Rusia invitó al embajador de la República Democrática Popular de Corea, y le declaró “lo indeseable de todas las acciones capaces de lesionar la estabilidad regional”.Moscú comparte los sentimientos de los seis participantes de las negociaciones estancadas al declarar, por boca del portavoz de Exteriores, Mijaíl Kamynin, que “las pruebas agravan en grado sumo la situación en torno al programa nuclear de la RDPC”. Pero procede señalar que Moscú, a diferencia de Tokio, no pronuncia aún la palabra “sanción”. Al decir de los representantes oficiales del Japón, este país podría prohibir la entrada de los barcos norcoreanos en sus puertos.

Todo depende de los objetivos que se planteen los participantes del arreglo intercoreano: conseguir resultados concretos o producir efecto. En general, existen mucho más métodos de producir efecto: por ejemplo, prohibir la importación del ginsén norcoreano, crear en las islas meridionales de las Kuriles una estación seguidora del lanzamiento de misiles, excluir a Pyongyang por un mes de la ONU o hallar otros muchos castigos. Pero resulta más difícil conseguir que Corea del Norte o Irán, o cualquier otro país entienda, por fin, que con él quieren ponerse de acuerdo en serio.

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Dmitri Kósyrev, para RIA Novosti.
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