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Etiquetas:   Arte   Creaciones   Autores  

Nubes que también son arte

La representación celestial de las formas
Aurora Peregrina Varela Rodriguez
domingo, 18 de agosto de 2019, 05:12 h (CET)

Buscar contenidos en las nubes, formas geométricas, cuadrados, triángulos, árboles frutales, objetos, puede ser todo muy posible, pero lo es más aún en formas que han tenido vida, que llenaron una carne con sus huesos y vivieron sobre la faz de la Tierra.


Muerte que te eleva a las alturas e ingresa en las nubes, seas hombre o mujer, animal vertebrado o invertebrado, silencioso o ruidoso, civilizado o selvático, indio o moro, cristiano o de cualquier religión seguidora de las enseñanzas de Dios. Comunicadas a través de su hijo maravilloso.


Formas que rellenan nuestros sentidos de luz y franca esperanza, de suave sombra de algodón y de fría madrugada en casa, al lado de tu perro Simón y tu gata Clotilde Mechie.


Frío que hiela tus venas y no te desespera, que espanta los males de ojo, la perdida de ilusión y de esperanza.


Frío que colma tu vaso de limonada de hielo y te hace imposible beberla, que te amarga y aburre en ocasiones hasta que encuentras gustoso la forma deseada.


Frío que puede llegar a la lluvia, al cerebro, a la acción y el desespero, a la tenue tentación de sentir calor.


Frío que es polar y singular, frío desde las nubes del firmamento y desde el bosque de cemento que se crea en tu cabeza de papel que no hace más que darle vueltas a las tonterías que te pasan.


Frío que va y viene y que son formas en las que pensar y a las que considerar a fondo.


Frío que pesa, que miente y sonríe, que habla y bendice. Frío de muerte en el infinito, Frío que te quiere llevar. Pero no dejes de verlo. Antes es mejor morir.


Y hay tanto que decir, que silenciarlo, no puedo. No me aguanta el aliento ni me llega el sustento para poder soportar todo lo que llevo dentro y no me hace más que pesar sobre la espalda redondeada.


Amigos, no dejéis como pez en el agua a los impostores, falsos miembros del Reino de Dios. Busquen justicia para ellos que nunca estarán en las nubes. Es verdad.


Las formas de animales están en ellas, también las formas humanas, puede que de difuntos, incluso algunos, seguro que familiares y conocidos nuestros ya muertos.


Sus formas son armónicas pero inestables. Se mueven de un lado a otro como las olas del amplio mar o a las orillas de una playa caribeña.


Que puedas ver esas formas, te convierte en un ser especial, magnífico, tocado por los dioses, divino y exquisito, espléndido, visionario, brujo y mágico hasta los mismísimos globos de algodón. Tus ojos guardan la luz, la dicha de ver lo que está en el cielo. Y es porque las nubes hablan, nos comunican como están nuestros fallecidos, pero además ves formas de animales y es porque ellos también van al cielo para descansar en paz, después de haber hecho felices a sus dueños y de haber sido terapéuticos con los enfermos.


Dios nos da a entender esta idea, de forma magistral y artística, con su especial pincel y pincelada fina y gruesa entremezcladas. Su lienzo es de color base azul cielo de verano o de invierno.


Que bonito es poder observarlo todo desde la tierra, el bus, tu coche o el balcón de tu casa, vestido con colores variados y formas de flores muy diversas.


Formas que nos ilusionan, nos fusionan, emocionan, llaman, denuncian, cubren, emocionan y recalientan.


Formas que cubren nuestros ojos de ideas azules y blancas, perfumadas de olor a orquídeas y claveles.


Bonito todo, tu mirada también, sean tus ojos negros, azules o verdes, violeta o marrones. Bello todo, de verdad. Digno de fotos y recordatorios gratos, que son los que nos quedan, después de observarlas.


Todo maravilloso y especial, y tú en medio, sabiendo que quizás, algún día estarás arriba también.


Tú también llegarás a comunicarte con los vivos. Todo después de tu fin, después del toque final del Creador a tu vida. Después de la llamada final.


No sé lo que comunicarías a los terrícolas, pero sé que serás sincero y te presentarás cómo eres y cómo estás.


Mil veces agradeceremos que el arte esté en las nubes, que brote de un cielo tranquilo y sereno, allí se descansa en paz.


Te felicito por poder verlo, obsérvalas siempre y con el vigor de una fiera. Devora las formas y colores para quedártelos en tu memoria.

Pero que veas el arte en las nubes no quiere decir que las obras de arte estén o no por las nubes.


Que pueden estarlo o no, dependiendo del pintor, de su fama, su propia forma de hacer arte.


Yo pinto y nunca intenté vender, doné mis cuadros a bibliotecas e Iglesias en las que depositara mi fe, mis creencias. 

También envié dibujos a revistas de Internet y me las han publicado, lo cual fue para mí, una alegría, porque me hacía algo conocida y sobretodo daba a conocer mi arte sobre el papel o el lienzo, no con las nubes ni con precios por las nubes, arte terrestre, llamativo en colores, pero normal también. De una persona normal que crea su arte particular, no tan bonito como el de Dios, pero igual de gratis y puede que casi igual de especial.


Si eres creador como nuestro Creador, que sepas que es una herencia de sus hijos, un mismo don, que nos hace realizadores de formas, luces, abstracciones, para que ojos necesitados de luz y color, las vean y se llenen de ellas, se nutran de nuevas y necesarias ilusiones divinas y tranquilizadoras.


Las nubes blancas y grises también lograrás pintar, puedes crear también formas humanas en ellas, puedes darles vida.

El pintor es un ser especial porque pinta igual que Dios lo hace. El artista pinta de la forma que puede, aprende o quiere, aunque no en el cielo abierto, infinito y mágico.


Dios y Jesús pintan mucho, tanto como número de países, pueblos y municipios existen. En ocasiones, tanto como calles hay.


Tal vez tengan ayudantes, ángeles de la luz y los pinceles, porque todos lo somos de alguna forma. Pero si la imagen es impresionante, seguro que es de nuestro padre Dios.


Buena suerte a los artistas, no solamente pintores, también escultores, constructores, a todos los que disfrutan inventando y lo regalan, aunque su obra no tenga precio. En mi caso, lo destino a los animales, porque van al cielo y los quiero. Mis libros daré a ellos, los animales del mundo.


Y no nos peleemos con otros para que la forma que decidamos sea la imperante sobre los distintos formatos. Lo haremos en solitario, cada uno con sus ideas y materiales, y así llegaremos a dar lo mejor de nuestras almas al gran público sediento de nuevas realizaciones.


Y para terminar sintiendo calor, tomémonos una copa de anís.


Brindaremos por las nubes y porque antes de irnos a ellas, se nos cumplan nuestros proyectos.


Para mis gatos: Chito, Trufa y Bebé.

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